Familia al derecho y al revés


Una organización familiar es, básicamente eso: un territorio en el que comparten espacio distintas personas, cada una con sus percepciones, ilusiones, expectativas y deseos.
Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

Hay épocas en las que las empresas se ponen generosas, por decirlo de alguna forma, e invitan a sus proveedores a distintos eventos. En este caso, un cliente histórico había organizado un clásico city tour por Buenos Aires en el que, además de recorrer La Boca, shows de tango y parrilladas varias, se aprovechaba la ocasión para visitar distintas organizaciones. El punto en común entre éstas, debía ser que posean alguna particularidad.


Recuerdo que en ese viaje conocimos una de las llamadas “unicornios” (Compañías ligadas generalmente a la tecnología, que en poco tiempo pasan de ser una empresita a una Corporación); otra, importadora de alpargatas pintadas a mano de India y finalmente el caso bajo estudio: una legendaria organización familiar que orillaba en ese entonces los cien años.


“Bienvenidos a nuestra casa”, dijo el bisnieto del fundador, Don Jaime María del Castillo y Obes mientras le daba play a un video institucional que comenzaba con la voz de Cacho Fontana diciendo: “Galleguito de modales amables, llegó a Buenos Aires como tantos otros inmigrantes, dispuesto a hacerse la América, desde una Europa empobrecida y vil…” (recuerdo bien esta última parte porque me llamó mucho la atención el último calificativo. Más bien me pareció desubicado…).


Luego de eso seguía un scroll de fotos, con una musiquita sensiblera y el relato cronológico de cómo se fueron dando las cosas. Desde Perón en adelante, atravesando gobiernos, situaciones económicas, condiciones favorables del “granero del mundo” y así…


Hasta aquí, nada demasiado original excepto una cosa. Hacia el final de la presentación se mostraba una imagen por demás de novedosa. En la misma se mostraba en una especie de tablita una serie de palabras que, según como se combinaban, permitían distintos sentidos.

Específicamente, podían verse dos columnas, encabezadas cada una por un término: a la izquierda podía leerse: “Bueno” y a la derecha “Malo”. Por debajo de cada una, vocablos sueltos tales como Sangre, Vínculos, Poder, Plata, Comunicación, entre otras. Sobre ellas y como colofón, el título “La Familia empresaria”. Lo creativo del asunto era que dependiendo del recorrido visual que uno diese a la tabla, podía concluir cosas totalmente diversas o inclusive opuestas.


En nuestro grupo a nadie le había impresionado la imagen tanto como a mí, mostrándose el resto totalmente indiferente a la misma. Por este motivo, juzgué poco oportuno plantearle algunas de mis inquietudes al dueño en público, prefiriendo hacerlo de manera privada. Así las cosas, decidí quedarme un día más en la gran ciudad para que nos encontremos y poder avanzar sobre el tema. Profundizando un poco, también es verdad que la subsistencia de las empresas familiares durante décadas siempre fue motivo de mi atención, sabiendo que lo del cuadrito no era más que una excusa para hablar de esto.


“Mire. Resolví darle la entrevista tan rápido por dos motivos. El primero, entiendo que es del interior y sus tiempos son acotados en Capital. Y el segundo y más importante, es que en ese cuadrito se visualiza claramente la esencia de esta empresa: la contradicción”.
Qué te parece. Hay que tener mucha seguridad para decir eso. La gran mayoría de los empresarios se jacta de haber tomado decisiones importantes con seguridad. Y Jaime, con mucha firmeza también, se animaba a exponer que en el nervio de su organización se hallaba lo paradójico y ambiguo.
“Sería ridículo e ingenuo pensar que la familia empresaria es un camino recto. Nosotros creemos lo contrario, situándonos más en un punto dentro de una red… Nuestra organización es, básicamente eso: un territorio en el que comparten espacio distintas personas, cada una con sus percepciones, ilusiones, expectativas y deseos. Se trata de negociar… ponerse de acuerdo… y la clave de esto es lidiar con lo que llamamos No linealidades”.
“Desde pequeños, aprendemos en la escuela que si es blanco no puede ser negro a la vez. O que las cosas son de una forma u otra, pero que sería imposible que compartan características opuestas de manera simultánea. Pues bien, mi bisabuelo comprendió que ahí estaba una de las raíces del asunto. Que si quería formar una empresa familiar sólida no debía presuponer nada. Y además, que la libertad de sus miembros debía ser total para expresar sus pensamientos, así sean extraños”.
De lo abstracto a lo concreto
“Jaime, me gustaría ahora que pudiese bajar esas ideas a la práctica. Coménteme, en palabras simples, qué significa eso de hacerle frente a lo contradictorio y casi al caos por sobre el orden…”.
“No se trata de pontificar la desorganización ni la falta de encuadre. Por el contrario, las reglas son mucho más firmes luego de haber sostenido discusiones fructíferas, con puntos de vista diversos. Le detallo lo que, a mi criterio, son las variables principales”.

  1. Las relaciones de parentesco. ¿Es la sangre una condición de amor?
    “La respuesta univoca debería ser: No se sabe”. «¡Jaja, ya empezamos, Jaime! Mis lectores prefieren algo un poco más claro…”. “Vea, Gustavo. De eso justamente se trata. De no ir por los caminos más sencillos porque son esos los que nos terminan extraviando. Es preferible decir ‘De eso no conozco’, que confiarse y terminar vaya a saber dónde… Lo que digo es no creer que por ser familiar te vas a amar u odiar. No todo es blanco o negro. Hay momentos para todo, incluso hasta para la indiferencia” (1). Esto en la práctica equivale a que, cuando hay un tema por resolver o una decisión importante que tomar, no apoyarse en uno u otro preconcepto. Es decir, por más que seas familiar y por eso creas que debés amarte u odiarte, no desestimes que si esos vínculos son profundos, convivirán ambas pasiones y por lo tanto, la primacía de una u otra habrá que juzgarla sobre ese momento concreto y no darla por sabida”.
  2. El uso del poder. O la ocupación de lugares estratégicos. De la combinación entre ganas y talento.
    “No siempre coinciden y eso hay que admitirlo. Y tampoco hay vacunas aquí”, pontifica Jaime. “Me río fuerte cuando mis amigotes me dicen que la solución pasa por escribir un documento en el que todos se pongan de acuerdo respecto de los requisitos para cubrir posiciones. Protocolo familiar, que le dicen. Me causa gracia porque es difícil escribir todas las vicisitudes que van ocurriendo en el tiempo. ¿Dónde pondrías vos la visión de negocios, por ejemplo? ¿Y cómo la medirías? Mi consejo es, avancen con los formalismos pero no crean que talento y ganas juntas van a quedar pegadas porque así se las haya deseado en un papel. A veces el iletrado tiene una fuerza que el universitario envidia y otras, sería mejor para la empresa elegir a alguien así no tenga experiencia, sino que comparte nuestros valores… No se puede escribirlo tooodooo…”.
  3. La administración del dinero. Austeridad no es contrario a opulencia.
    “Sabemos muy bien que uno de los temas más difíciles de resolver es en lo atinente al reparto de utilidades. Que algunos quisieran reinvertir y otros tirársela encima. Es necesario en este punto avanzar sobre los modos de vida elegidos y respetarlos. Asumamos esta contradicción en la que los amarretes no excluyan a los pródigos, pudiendo convivir en armonía”.
    “No sean ingenuos”, dice Jaime, “tratando de forzar ahorro al gastador o generosidad al pesero” (admito que suponía este último adjetivo como propio de nuestra zona, pero se ve que no es así).
  4. La comunicación. Lo que se dice y oculta.
    “Saquémonos la máscara y no nos mintamos más mutuamente. Convivamos con que no siempre seremos ciento por ciento fieles a la verdad. Ni nosotros ni los demás. Comprometámonos, sí, a no ocultar o distorsionar información vital para tomar decisiones que atañen a la organización. Pero no nos desilusionemos si una vez no fueron a nuestro asado por cansancio y no como nos dijeron, porque les dolía algo. No tomemos la mentira como una vía sin retorno, si no afecta cuestiones radicales. Pensémosla como otra de las ambigüedades necesarias en una empresa viva…”.

Salí de su oficina, y mientras iba caminando por Avenida Libertador me sentí realmente entusiasmado. Evidentemente este hombre transmitía motivación. Y también me hizo pensar en las contradicciones, el caos…

Que a veces las cosas no son lineales ni sencillas. Que podés tener las mismas ganas, por ejemplo y como me pasó allí, de cruzarte y tomar un café… o una cervecita bien helada…

(1). Quien lo dice bastante mejor que yo es Sigmund. Para el que le interese, le recomiendo su texto “Pulsiones y destinos de pulsión”, Tomo XIV, Amorrortu Editores.

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