Feria Garage: Una alternativa para vender lo que ya no se usa


A la regla de oro “todo lo que no se usa se debería ir”, le podemos agregar otra: “eso que ya no uso, puede ser justo lo que otro esta necesitando y queriendo”.
Textos. Nadia Novillo.

En todo proceso de organización, limpieza y orden el primer paso es indefectiblemente el descarte. Esto no necesariamente significa que vamos a tirar todo lo que ya no nos sirve, sino que es posible darle otros destinos: podemos donarlo, regalarlo o venderlo.


La regla de Loca por el Orden dice que “todo lo que no se usa se debería ir” y, en ese contexto, podemos afirmar que “eso que ya no uso, puede ser justo lo que otro esta necesitando y queriendo”.


Cuenta la historia que después de la guerra de 1870 los traperos atrapados fuera de París formaron la primeras agrupaciones de comerciantes en Saint-Ouen, recorrían la ciudad durante la noche buscando objetos viejos tirados a la basura que después revendían en los mercados.


El nacimiento oficial del mercado de pulgas fue en el año 1885, la anécdota relata que un buscador de gangas anónimo y desconocido, mientras miraba la chatarra y viejos harapos expresó: “Esto es un mercado de pulgas”, haciendo referencia a que la ropa vieja que ofrecían los traperos probablemente se vendía con “pulgas incluidas”. Fueron los mismos vendedores los que permitieron adoptar este nombre.


Actualmente son muy famosos estos mercados en las ciudades más cosmopolitas del mundo: El Rastro en Madrid, el Porta Portese en Roma, el Portobello Road en Londres, el Chelsea Market en Nueva York, el Mercado de San Telmo, de Colegiales y de Palermo en Buenos Aires. Además del anteriormente mencionado Marche de Saint-Ouen en París.


Pasear por los mercados de pulgas es toda una experiencia llena de sorpresas, es una atracción que seduce a los distintos turistas, tanto así que muchos de ellos suelen estar incluidos en los itinerarios de viaje, como un plan obligado que no se puede dejar de hacer.


Recorrer los puestos es como darse una vuelta por el arrabal del mundo, allí desembarcan todos los objetos y prendas que ya no tienen vida en el mercado formal; es decir lo usado, lo viejo, lo fallado, lo deteriorado, lo vintage, lo antiguo.


Nos invitan a vagar libremente por ellos, a mirar, tocar, preguntar e interesarnos por su historia, origen, saber a quién perteneció -lo que en algunos casos le aporta un valor agregado- y, si se quiere o se puede, comprar.


Algo muy característico en este tipo de mercados es el famoso regateo y la contraoferta, ya que es difícil establecer un criterio de precios y en ocasiones se especula, según la cara e interés del cliente. Puede ocurrir que un mueble o cuadro en un mercado cueste más caro que en la mejor casa de antigüedades.


El ambiente de este tipo de ferias y agrupaciones de diversos puestos es alegre, colorido, pintoresco, bohemio, bullicioso… Se respira arte, se percibe en el aire la algarabía, la diversidad de estilos y personajes, aromas y sabores ya que también suele haber propuestas gastronómicas.


Con el correr de los años también han alcanzado fama y popularidad las ferias americanas a las que se titula de varias maneras: “feria garage”, “feria de usados”, “feria de saldos”, “feria vintage”, “gran barata” y demás nombres dependiendo de la creatividad e ingenio de sus organizadores y de lo cool o chic que pretendan ser.


Lo cierto es que más allá del nombre con el que se las llame, anuncie, publique y promocione, en todas ellas el objetivo principal es la venta de prendas y objetos usados o antiguos a precios realmente tentadores que representan una gran oportunidad de obtener algo que deseamos a muy bajo costo.


De la mano del boom del orden, crece la aparición de nuevas ferias garage y la venta de usados en showrooms a los que se llega con cita previa en determinados días y horarios.


Las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram son los medios más utilizados para darle difusión, allí se publican imágenes con la descripción, medidas, talles y marcas de todo lo que está a la venta.


Cada vez es más común ver cómo un par de amigas luego de ordenar sus hogares (ellas mismas o con la asistencia de una organizadora profesional) resuelven vender todo aquello que ya no se usa gestionando una feria en alguna de sus casas, pidiendo prestado o alquilando algún lugar para llevarlo a cabo. Allí no solo venden sus prendas, accesorios, carteras y calzado sino que también suman objetos deco, muebles, colecciones y prendas de hombres y niños.


Basada en mi experiencia personal y profesional, descubro que hay mujeres que debido a su intensa vida laboral y social, tienen muchísima ropa. Pero sucede que tienen prendas o outfits que solo fueron usados una vez.

Hay quienes tienen la costumbre de comprar una misma prenda en todos los colores en los que viene y luego terminan usando la clásica negra y el resto queda sin estrenar.


Ocurre también que muchas personas realizan compras on line y resulta que cuando llega el pedido el talle no es el indicado o el número no es el correcto, en el caso del calzado.


En oportunidades nos regalan prendas que no nos gustan o que no nos quedan bien y por culpa o pena, o porque fue el regalo de un familiar o amigas, o porque lo eligió nuestro marido con los chicos no lo cambiamos, lo usamos una vez para demostrar que si nos gustó, pero luego lo guardamos para no sacarlo nunca más.


De esta manera y sin darnos cuenta vamos acumulando prendas que usamos una sola vez e incluso algunas que no usamos nunca y tampoco vamos a usar a futuro.
Otro caso es el de las personas que se van a vivir a otra ciudad o país y deciden vender todo para irse más livianos.


Todo este tipo de prendas, nuevas sin usar o casi nuevas son las que se ofrecen en una feria garage.


Obviamente todo debe lo que se decide vender debe estar limpio y en buen estado. Recuerden que el sentido, la gracia y el fin de toda feria de usados es que los precios sean atractivos: bajos, accesibles y económicos.


El plan de organizar una feria garage o de entregar nuestras objetos y prendas para ser vendidas en una de ellas a cambio de un porcentaje del monto total se presenta como una opción que nos ayuda a desprendernos de cosas que no usamos sin tanta culpa por el dinero gastado o invertido en su momento.


Eso que tenés pero ya no necesitás, otro lo quiere. No lo guardes. Donalo, regalalo, vendelo, dale circulación, soltalo, ganá espacio. Menos siempre es más.

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