Chorizo de seitán, salchichas de soja, hamburguesas de tofuà Cada vez es más fácil encontrar en los supermercados productos vegetales que imitan preparaciones de origen animal, una práctica que no agrada a los productores cárnicos. Pero son nombres que podrían tener sus días contados.

La pasada semana los diputados franceses votaron a favor de prohibir el uso de términos como “bisctec”, “filete” o “queso” para referirse a alimentos vegetarianos. La medida, propuesta por el diputado Jean Baptise Moreau miembro del nuevo partido organizado en torno a la candidatura presidencial de Emmanuel Macron y ganadero de profesión, se introducirá como una enmienda a la nueva Ley de Agricultura, con el objetivo de evitar la confusión entre los consumidores.

La medida aborda un asunto controvertido, que lleva un tiempo protagonizando titulares. El pasado verano, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) determinó que los productos vegetales que imitan a los lácteos, como la leche de soja o la mantequilla de tofu, no pueden comercializarse bajo denominaciones como “leche” o “manteca”, que están reservadas a los productos de origen animal.

La corte dictó sentencia después de que una asociación de productores de lácteos alemana denunciara a la empresa Tofutown, especializada en productos vegetales sustitutivos de los lácteos, por competencia desleal.

Desde entonces, y para evitar futuras reclamaciones, los productores pasaron cambiaron la denominación de preparados como la “leche de soja” que ha pasado a llamarse “bebida de soja”. Una tendencia que, si se sigue el camino que plantea ahora Francia, podría extenderse a todos los productos vegetales sustitutivos de productos cárnicos.


Una guerra comercial

Aunque la industria cárnica insiste en que utilizar términos asociados a la carne para designar productos vegetarianos confunde al consumidor, a nadie se le escapa que lo que está encima de la mesa es una guerra comercial que tiene como objetivo poner barreras de entrada a los nuevos productos vegetarianos que puedan competir con los preparados cárnicos.

El consumo de proteína animal parece estar disminuyendo en numerosos países europeos, a la par que aumenta el porcentaje de la población que se declara vegetariana. En concreto en Francia parece que los productos alternativos a la carne están aumentando sus ventas a un ritmo de en torno al 10 % al año y, según una encuesta de noviembre de 2017, más de uno cada diez jóvenes franceses es ya vegetariano o vegano.

El de la elaboración de productos vegetales alternativos a la carne y la incipiente producción de carne sintética es un sector creciente, que está atrayendo el interés de inversores en todo el mundo, y preocupa cada vez más a ganaderos e industria cárnica.

Es muy probable que, además, en las próximas décadas el precio de la carne se eleve de forma notable. El crecimiento de la población ha elevado su consumo mundial en más de un 500% entre 1992 y 2016, y su producción contamina ya más que todos los coches, aviones y barcos del mundo juntos. Un impacto medioambiental y sobre la salud, difícil de ignorar, que muchos auguran se tratará de reducir con medidas fiscales: esto es, poniendo impuestos a la carne para desincentivar su consumo.

¿Es el nombre el problema?

Pero, pese a que los intereses comerciales están detrás del debate político y comercial, no cabe duda de que el número creciente de vegetarianos plantea también una guerra cultural. El uso de denominaciones de preparados cárnicos como “salchichas” o “hamburguesas” es criticado por muchas personas que esgrimen un argumento bien conocido por los vegetarianos: “No entiendo ese afán por comer hamburguesas si se es vegetariano” o “esto no es chorizo, no sé por qué lo llaman así”.

 

Lo cierto es que, como explicaban recientemente a Directo al Paladar un grupo de veganos, la mayoría de las personas que dejan de comer carne no lo hacen porque no les guste, sino por motivos éticos. Y la echan de menos. Por ello agradecen la existencia de sucedáneos que les permiten disfrutar de sabores que no podrían consumir de otro modo.

El lenguaje evoluciona conforme a la sociedad, y aunque hoy el diccionario identifica términos como “salchichas”, “hamburguesas” o “chorizo” con productos cárnicos, este podría cambiar llegado el momento. Ahora bien, en términos legales es probable que la batalla sea ardua.

 

En España, de hecho, no está claro siquiera que bajo la legislación actual se pueda usar por ejemplo la palabra “hamburguesa” para denominar productos no animales, aunque se esté haciendo. El Real Decreto 474/2014, en el que se aprueba la norma de calidad de derivados cárnicos, denomina a la hamburguesa y otros preparados como tal, y, de hecho, el actual director general de la Industria Alimentaria, Fernando Burgaz, emitió un comunicado informando a las autoridades competentes en materia de consumo de las comunidades autónomas que no se pueden utilizar denominaciones como “hamburguesas”, “chorizo” y “salchichas” para designar a productos que no contentan carne, tocino, sangre, menudencias o tripas naturales.

 

El meollo de la cuestión gira en torno a si la denominación “hamburguesa vegetal” es distinta a “hamburguesa” en solitario, pero en el caso de los productos lácteos el Tribunal Europeo zanjó el asunto dando la razón a los ganaderos, por lo que es de esperar que esto pueda ocurrir también con los productos cárnicos.

 

Nosotros podríamos decirle “ensalada de carne” al asado, hasta que esto se clarifique.