Francisca Barreyra: proa a los podios


En los Juegos Evita realizados en Mar del Plata este pasado octubre, Francisca logró traer la medalla de oro y la copa para Santa Fe. La joven timonel del Yatch Club Santa Fe conversó con Nosotros y nos contó sobre la disciplina y cómo es ser una promesa de la navegación a vela. Textos: Romina Santopietro. Fotos: Manuel Fabatía, Luis Cetraro y gentileza familia Barreyra.

El Optimist es un barco pequeño, fácilmente maniobrable para un niño. De hecho, la categoría comienza a los 6 años y abarca hasta los 15. Francisca Barreyra, con 13 años ya es una experta en esta embarcación y como prueba esgrime su copa de los Juegos Evita 2019.

Generalmente, la navegación es una pasión que se transmite con los genes, y es un deporte que se puede disfrutar en familia y de manera individual.

En el caso de nuestra timonel campeona, quien la inició en el amor por las olas fue su papá, y son ellos dos quienes practican asiduamente, aunque el resto de la familia también adora salir a navegar.

En un divertido ida y vuelta, la misma campeona nos cuenta cómo es esto de cabalgar las olas.

¿A qué edad comenzaste con el deporte?
A los 6 años empecé a navegar, aunque mi papá ya me llevaba desde más chica al club. Pero yo quise empezar con Optimist porque veía a los chicos más grandes.

¿Cómo es tu rutina de entrenamiento?
Navego los viernes después del colegio, cuando el entrenador puede ir y todos los sábados a partir de las 10 de la mañana. Los viernes es de 14 a 18 -más o menos-, y los sábados navego mucho más, de 10 a 17 o 18. Si tengo ganas, a veces voy al gimnasio para complementar.

¿Se forman grupos, a pesar de ser una categoría individual?
Todos los clubes tiene un equipo, aunque se corra de forma individual. Y a veces hay regatas por equipo, se corre una regata de a 4, aunque el barco es individual. Ahora en la categoría más alta, timoneles, somos 6. Las categorías en Optimist se suben por experiencia. Optimist se corre desde los 6 hasta los 15 años. A los 15, si querés seguir navegando tenés que cambiar de barco, a uno más grande. Ahí ya podés elegir seguir compitiendo de forma individual o participar con más personas.

Este certamen de los Juegos Evita no es el primero que ganás. Contanos en qué otras regatas fuiste finalista.
Esta es la primera vez que corro en los Juegos Evita, y corrí en la categoría Sub 14. Obtuve medallas en otros eventos, como en Junín, este año. La primera medalla fue a los 11 en Rosario, donde quedé entre los primeros 20. Me gustó mucho porque era la primera vez que ganaba.
Tercia su papá, Maximiliano: En esa ocasión en que quedó entre los 20 primeros, generalmente son 200 barcos los que corren. No es un dato menor.

¿Corriste en el mar? ¿Qué diferencias hay con navegar en la laguna?
Sí, dos veces. Todas las otras veces en río. Para salir al mar, te controlan todo el barco, que tengas todo bien y en regla, los flotadores, para que si el barco se da vuelta no pase nada, te controlaban que tengas los silbatos -se usan para indicar posición y pedir ayuda de ser necesario- en el río no hay tanto riesgo. En el mar hay más oleaje y eso hace que sea más complicado navegar así, porque las olas frenan el avance del barco. No hay tanta diferencia entre mar o río, pero se nota, y en el mar es más complicado saber cómo navegar para que las olas no te frenen el barco. Generalmente cuando competimos en el mar, viajamos unos días antes para entrenar.

¿Tenés pensado a qué categoría vas a pasar?
Quiero seguir en la categoría 29er. con una amiga que este año termina con Optimist. A mí me quedan dos años todavía. ¡Me tiene que esperar! -risas-.

¿Cómo se compone el equipo al que pertenecés?
Somos seis chicas. Entonces salimos las seis a navegar con nuestro entrenador y tenemos otra entrenadora que viene de Rosario algunas veces.

Si bien el equipo se compone de seis personas, se compite de manera individual, Francisca navega sola su barco. Al respecto, confiesa que antes de las competencias suele ponerse nerviosa, y su papá la define como muy autoexigente. La pequeña campeona se sobrepuso al miedo y a los nervios y controla tanto el barco como su temor, convirtiéndolos en experiencia y en medallas. Un dato para destacar es que es un equipo completo de chicas, de entre 12 y 15 años, cuando lo común es que sean mixtos o sean más varones. Santa Fe cambia el paradigma en Optimist.

El Yatch Club acompaña a su equipo y comparte gastos con los competidores, en un esfuerzo conjunto para que el deporte continúe creciendo, bajo la tutela de los entrenadores del YCSF Tomás Bieler, Jerónimo Candiotti y la coach de Rosario Betina Litmanovich.

Cuenta que son muy unidas y tanto en los entrenamientos como en los viajes lo pasan muy bien. Y agrega con una gran sonrisa que suele repetir cábalas para la suerte: tiene una calza, una remera, la gorra, una colita del pelo y hasta una pulserita para la suerte.

Francisca piensa seguir navegando toda su vida. El amor por la navegación viene de familia, y asegura que al menos como hobby, lo va a practicar siempre. También tiene como meta correr una regata con su papá. En diciembre marcha toda la familia a apoyar a la campeona y al equipo, que va a competir en el clasificatorio de Mar del Plata, de cara al Sudamericano de Optimist.

Un barco ligero y maniobrable


El Optimist está diseñado para chicos de 6 a 15 años, es el primer eslabón para un niño que quiera aprender a navegar.

El Optimist es el barco ideal para aprender a navegar elegido por la mayoría de las escuelas de vela del mundo. Es un barco que a la vez es usado para la iniciación a la competición y el que cuenta con el mayor número de unidades fabricadas en la historia, más de 150.000.

El nacimiento del Optimist tiene una historia bastante particular. En la ciudad de Clearwater (Florida) en agosto de 1947, el Mayor Clifford A. McKay recién regresado a casa tras la Segunda Guerra Mundial vio cómo su hijo de 12 años utilizaba una caja de jabón con una vela y con la que hacían “regatas” por las calles de la ciudad.

Estas regatas fueron prohibidas por el alcalde de la ciudad por lo que el Mayor Clifford se reunió con el diseñador de barcos Clark Mills, para que intentase convertir esas cajas en un barco para niños lo más barato posible y que los niños no perdieran esa afición con la que se divertían. Meses después del lápiz de Mills salió el diseño del primer Optimist.

Después del éxito cosechado en Florida, sobre 1954 en Dinamarca comenzaron a fabricarse los primeros Optimist en Europa.

El barco de vela cangreja para un solo tripulante tuvo una gran acogida y en pocos años ya se estaban corriendo multitudinarias regatas.

Este barco se diseñó con la premisa de que fuesen pequeños y manejables para los niños de hasta 15 años, pero sobretodo que fuesen muy económicos.

Aunque ahora se hacen todos los cascos están hechos en fibra, antiguamente estaban hechos en madera por lo que con unos sencillos planos, cualquiera podía construirse uno de estos barcos para sus hijos.

El casco del Optimist tiene una forma rectangular, como una caja de zapatos y la parte del barco más característica es su proa plana alejada de las proas en cuña que tienen todos los barcos. También es un barco para niños muy ligero, por lo que se hace muy manejable también en tierra donde se estiba y mantiene en seco cuando no está navegando.

También es muy característico de este barco la forma de su vela cangreja, completamente asimétrica que requiere además del mástil y de la botavara de una percha, o pico, para terminar de montarla y poder salir a navegar.

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