Afortunadamente hace un tiempo que se comenzó, dentro de la medicina veterinaria, a prestarle atención al tema de la gerontología.

 

Es fundamental entender que los caninos mayores de 9 – 11 años, según la raza a la que pertenezcan, no son adultos sino que son gerontes y por consiguiente se encuentran en otra etapa de sus vidas, exactamente igual como pasó cuando fueron cachorros.

 

Obviamente, esto también es válido para los felinos domésticos, por supuesto que en estos últimos la vejez es alcanzada un poco más tarde ya que la expectativa de vida de los gatos es mayor que la de los caninos domésticos.

Indudablemente la especialidad médico veterinaria del comportamiento animal no podía ni debía quedar fuera de esta situación.

 

Conductalmente los animales domésticos sufren importantes cambios en la vejez con respecto a la adultez y a diferencia de otras especialidades veterinarias, en comportamiento animal existe un factor agregado a los cambios orgánicos experimentados por el animal viejo, este factor es la dificultad del o de los propietarios del animal a cambiar sus propias conductas y creer que únicamente se deben cambiar las conductas anómalas que comenzaron a desarrollar sus animales gerontes.

 

Al entrar en la vejez los animales sufren cambios neuroquímicos y vasculares cerebrales que producen alteraciones cognoscitivas que conllevan a la realización de conductas anormales en algunos casos y en otros casos los llevan a exhibir conductas distintas a las que venía presentando durante su vida adulta.

 

También influyen y mucho, los cambios degenerativos de los distintos sistemas orgánicos del animal como por ejemplo: las alteraciones osteo-articulares (artrosis, espondilosis, etc.) que generan dolor en el animal y una tendencia del mismo a ser agresivo con los demás al ser molestado; los problemas urogenitales (cistitis, prostatomegalia, insuficiencia renal) que llevan al animal a perder los hábitos de ensuciado que había aprendido a través de los años; las patologías hepáticas que pueden inducir un estado de autointoxicación que genera trastornos neurológicos con las consecuentes alteraciones conductales.

Hay muchos ejemplos más, pues cualquier alteración orgánica, de uno u otro modo, afecta la conducta del animal.

 

Con respecto a las alteraciones cognoscitivas, se ha determinado que la senilidad va acompañada de los mismos cambios en los neurotransmisores que ocurren en las personas que padecen mal de Alzheimer y en las que sufren demencia senil, por lo tanto es de esperar que los animales domésticos presenten estas mismas enfermedades. Estas alteraciones son tratables, no curables, con fármacos similares a los utilizados en medicina humana.

 

Los principales cambios o alteraciones de conducta observados en los perros son: Agresión hacia personas u otros animales de la casa, eliminación inadecuada (ensuciado dentro de la casa), aumento de las conductas relacionadas con la ansiedad (vocalización excesiva, destrucción al quedar sólo, aumento de los miedos o fobias a tormentas, petardos, etc.) mayor irritabilidad.

 

Con respecto a los gatos las principales causas de consulta se deben a que los animales presentan: eliminación inadecuada (mayor rociado con orina de muebles, ensuciado fuera de la caja sanitaria), agresión a otros animales o dirigida hacia personas, alteraciones asociadas a estados ansiosos aumentados (vocalización, fobias, ingestión de elementos extraños como ropa, lana, maderas, etc.)

 

Otro punto a tener en cuenta es que los animales gerontes sufren una disminución de todos sus órganos de los sentidos, o sea que pierden progresivamente sus capacidades visuales y auditivas principalmente, lo que los lleva a vivir en un estado de ansiedad mayor debido al stress que les representa la inseguridad ante las situaciones cotidianas. Por ejemplo: los perros que presentan cataratas seniles y en mitad de la noche no se animan a llegar hasta el patio, balcón, etc. y entonces orinan en el lugar donde se encuentran.

 

 

Cuando los propietarios encuentran la orina o la materia fecal por la mañana retan o castigan al animal y esto le genera al mismo mayor stress, mayor ansiedad y comienza a exhibir otras conductas equívocas, generándose un deterioro cada vez mayor en la relación propietario-mascota.

Para finalizar esta breve reseña sobre un tema que es amplísimo, interesante y fundamental para los propietarios de animales de compañía quisiera retomar un punto citado anteriormente, que es el del papel vital que cumple el o los propietarios del animal geronte en la prevención y/o resolución de los problemas de comportamiento en sus animales geriátricos.

 

El principal factor generador de cambios en la conducta de animales viejos, independientemente de los cambios orgánicos normales de la vejez, es la dificultad de los propietarios en darse cuenta y en aceptar que su animal está envejeciendo. Esto puede deberse a que los animales dan el “viejazo” en un corto período de tiempo (animales de los cuales sus propietarios dicen orgullosos que tiene 12 años pero parece un cachorro, en tan sólo 3 o 4 meses son animales totalmente envejecidos). En otros casos el espíritu del animal y su falta de inhibición sicológica a los actos aprendidos o instintivos, como por ejemplo correr gatos, querer montar a una hembra en celo, etc. hace que los propietarios crean que el perro los engaña cuando se hace el cansado o cuando exhibe alguna conducta extraña y también, tal vez, como una negación a pensar que le queda poco tiempo a su fiel amigo. Todas estas posibles causas llevan al propietario a seguir conduciéndose con su animal como sí el mismo fuera el de siempre.

 

Es por todo esto que además de la consulta con su médico veterinario de confianza y los chequeos médicos, la mejor conducta a seguir es tenerle más paciencia a su mascota, realizar más caminatas de menor tiempo o con más descansos, tener más contacto físico ya que las funciones sensitivas están disminuidas y el contacto físico le genera más seguridad al animal. Utilizar collares y correas incluso dentro de la casa (en caso de animales muy viejos ) para que el perro se sienta guiado. Recordar que los animales gerontes descansan la mayor parte del día y tienen sólo momentos de actividad física.

En definitiva, entender y aceptar que nuestra mascota dejó o está dejando de ser quién fue y que está en la etapa en la que debemos retribuirle con comprensión, paciencia y cuidados todo lo que nos dio durante su vida, e intentar que llegue al final con la mejor calidad de vida posible.

 

Fuente: Notivet