Símbolo de la música disco, icono de la alta costura, actriz provocadora…

Textos: Georgina Lacube

El 7 de septiembre, la camaleónica artista, estrenó en Toronto “Grace Jones: Bloodlight and Bami”, el documental dirigido por Sophie Fiennes que homenajea a la diva más transgresora de la historia.

 

Sus arriesgados estilismos, sus alocados peinados y su maquillaje extremo unidos a la dureza de sus rasgos, su color ébano y su masculinidad coinciden con los de una personalidad arrolladora, avasallante. En consonancia, en su vida no se privó de nada: a los 15 años ya había probado el LSD, antes de los 18, se había fugado con uno de sus profesores, y allá por 1990, tuvo que enfrentarse a la justicia acusada de posesión de cocaína. Según la policía, la actriz había escondido la droga envuelta en billetes de dólares jamaicanos y fue descubierta tras un registro efectuado en su casa de Kingston. Finalmente fue declarada inocente.

 

Grace Beverly Jones nació en Spanish Town (Jamaica), aunque con 13 años se mudó con su familia a Nueva York. Allí fue descubierta por la agencia de modelos Wilhelmina Modeling. Pero su aspecto andrógino no se adecuaba con los estándares de belleza estadounidenses, por lo que probó suerte en Europa. Y mal no le fue.

 

Francia se enamoró de su especial porte “sin género”, y en 1970 ya era una modelo consagrada que trabajaba para grandes como Yves Saint Laurent, Kenzo o Armani, al tiempo que colonizaba las tapas de las revistas de moda más prestigiosas como Elle o Vogue. Pero no todo fue un lecho de rosas. Antes de triunfar, tuvo que escuchar de boca de John Casablancas, nada menos que el súper jefe de la reconocida agencia de modelos Elite, que ‘”vender una modelo negra a la gente de París era como intentar encajarles un viejo coche que nadie quiere comprar”.

 

Fue también en el país galo donde se vinculó con el jet set. Sin más, compartió piso con la modelo y ex esposa de Mick Jagger, Jerry Hall, y la actriz Jessica Lange.

 

Cuenta la leyenda que lo único que había en la heladera de aquel departamento eran botellas de champán.

 

Entretanto, conoció al modisto japonés Issey Miyake, que en 1976 la puso al frente de un desfile integrado únicamente por modelos de raza negra. Tras el evento, los actores Michael Douglas y Jack Nicholson invitaron a todas las modelos a subir a su limusina. “La Jones” se negó, tras lo cual el presumido Nicholson declaró: “Grace fue la única que no cayó rendida a mis encantos”.

Tres años más tarde, conoció al diseñador gráfico Jean-Paul Goude que fue su pareja y también el responsable de su icónico pelo: un corte rapado a los laterales y con una cresta en la parte superior muy a la estética militar. Con Goude también tuvo a su único hijo, Paulo, que hoy día la acompaña en sus actuaciones tocando el piano y en el 2009 la hizo abuela de una niña llamada Athena.

 

Con su casi metro ochenta de altura y un cuerpo heredado de padres atletas jugó durante años al despiste sobre su género y su sexualidad. Muchos pensaron que Grace era transexual. Su canción “I Need a Man” (1977) la convirtió en referente de la comunidad gay.

 

De vuelta a Nueva York, se hizo íntima del genial Andy Warhol, que la hizo su musa y su compañera inseparable de Studio 54. En la pista de aquella mítica discoteca, la atrevida Grace patinaba con el pubis teñido de colores flúo o se presentaba vestida únicamente con un collar de huesos blancos al cuello. Le encantaba mostrarse desnuda. Rompió clichés y se atrevió a todo. En esa época confesaba que su lema vital era “prueba de todo al menos una vez. Si algo te gusta, sigue haciéndolo”.

 

Aquello incluía todo tipo de drogas, alcohol y sexo.

Aburrida de las pasarelas, un día descubrió que quería cantar. Y lo logró. Como cantante, grabó tres álbumes disco, “Portfolio” (1977), “Fame” (1978) y “Muse” (1979). Tras su etapa pop abrazó los sonidos reggae, post-punk y new wave. Por aquel entonces, entre sus excentricidades exigía por contrato una docena de ostras de la mejor calidad en su camerino antes de cada recital. Las portadas de sus álbumes son verdaderas obras de arte que siempre la presentaron con una estética original y vanguardista. Es famosa también su colaboración con el artista y activista social Keith Haring, que pintó su piel convirtiéndola en una obra de arte viva el 28 de julio de 1984 en la calle Bond de la Gran Manzana. Cuenta la historia que en aquel estudio no estuvieron solos. El ilustre fotógrafo Robert Mapplethorpe fue el encargado de inmortalizarlos en una sesión de fotos para la revista Interview, fundada y editada por Warhol. El madrileño Javier Porto, que se encargaba de la iluminación, documentó aquella experiencia y más tarde editó “Grace, Andy, Keith, Robert y compañía”, la crónica del making off de aquella legendaria reunión.

 

En 1999, Jones ocupó el puesto 82 de las 100 Mejores Mujeres del Rock and Roll del canal de música VH1 y, en 2008, fue galardonada con el premio Q Idol.

En su faceta de actriz, fue Zula, la guerrera de “Conan el Destructor” (1984), tan fría y amenazante que hacía parecer inofensivo al mismísimo Schwarzenegger. Jones se entrenó durante año y medio para combatir cuerpo a cuerpo y montar a caballo. En 1985, con el personaje de May Day, se convirtió en una de las chicas Bond más impactantes de la historia. El film se llamó “Panorama para matar”, y allí compartió cama con Roger Moore en una escena. En aquel rodaje, además de convertirse en la mejor villana de la franquicia, Jones consiguió un papel para su nuevo novio, un sueco de casi dos metros de altura que había sido su guardaespaldas: Dolph Lundgren debutó gracias a ella como agente de la KGB. Con él, protagonizó una portada mítica de la revista Playboy en 1985. Su ascendente carrera no tenía techo. Ese mismo año protagonizó un anuncio del Citroën CX2 donde el coche acababa entrando en la boca de la cantante. Al año siguiente interpretó a un vampiro en la memorable película Vamp, y en septiembre de 1987 repitió portada posando en solitario para Playboy. Sus fotos desnuda dieron la vuelta al mundo.

 

Indomable como pocas, en los años 80 recibió el apodo de “la pantera negra” por parte de la prensa amarilla. Esto fue el resultado de sus reincidentes desórdenes públicos (le pegó a un conductor en pleno programa y al bajar de un avión se negó a viajar en un colectivo con el resto de los pasajeros, por citar algunos casos.

Peso a esto su carisma la llevó a ganarse el respeto de una eminencia: Michael Jackson. Según Jones, los dos estaban hechos el uno para el otro y deberían haber contraído matrimonio. Además, es muy amiga de la top inglesa Kate Moss, con quien tienen en común el amor por la música.

 

En el 2016, y pese a que se resistía a hacerlo, anunció el lanzamiento de “Nunca escribiré mis memorias”. Así se titula el libro de memorias de Grace Jones, compuesto por 560 páginas repletas de recuerdos de una época de excesos.

 

Finalmente, otro hito en su carrera ocurrió en los años 2011-2012, época en que el Victoria and Albert Museum de Londres utilizó una fotografía suya tomada por Jean-Paul Goude del Maternity Dress, diseñado por él mismo y por Antonio López en 1979, como imagen y póster de la exhibición Postmodernism: Style and Subversion 1970-1990.

Acerca del documental

 

Aunque grabado a lo largo de 10 años, “Grace Jones: Bloodlight and Bami” es un compilado de “momentos presentes”, en los que la única referencia a su pasado estelar es una foto de ella con Warhol en un bolso diseñado por su sombrerero de cabecera, Philip Treacy. Allí, se la ve en situaciones cotidianas con su actual novio, el compositor Ivor Guest, o maquillándose a sí misma antes de cada actuación o salida pública, protegiendo su imagen. “Pero si algo ha conseguido esta película es liberarme de mi vanidad”, confesó a la prensa. “Ya no soy una prisionera. Me importa mi aspecto, como soy, pero no me importa la edad”. Será por eso que hasta ahora persiste en negarse a revelar cuántos años tiene. Una diva.