Había una vez…


Por Eugenia Román.

Escribo esta columna una mañana muy temprano, mientras duerme con carita de ángel mi bebé hermoso de 2 años. Trato de hacer el menor ruido posible porque sé que si él despierta: chau escritura.


Falta poquito para el Día del Niño, y pensaba en cómo disfrutan ellos de su día de las acciones y eventos que cada vez más se organizan alrededor de esta fecha, todas con el propósito de convocar a las familias a disfrutar de una linda jornada. Festejos a los que año a año se le pone mucho más en producción creativa y escenográfica para hacerlo así más atractivo aún.


Y lo mismo sucede con los cumples infantiles, año a año las mamás (que somos las que estamos generalmente detrás de todos estos detalles) se esfuerzan desde hacer con sus propias manos y con mucho amor a contratar super producciones de escenografías, mesas dulces, carpitas tipi, personajes, disfraces, sorpresas ¡y mucho más! Eso si, todo esto entorno a la temática elegida por el/la cumpleañero/a, sea un personaje, un color o una estación del año. En la actualidad es un rubro muy bien explotado, veo desde megaescenografías montadas por arquitectos profesionales, coloridos fondos temáticos, carpitas delicadamente decoradas para una pijamada, fashion zone y desfile con mobiliario, batas y maquillaje para una tarde a puro glamour, globos reversionados, letras y nombres con luces, coloridas mesas dulces y candy bar, entre miles de novedades que aparecen a diario.


Diría que los eventos infantiles no son mi mercado principal en la actualidad aunque de vez en cuando hago excepciones y me divierto armando alguno que otro. Pero en mis inicios -hace unos 23 años atrás- cuando aún no sabía ni imaginaba que la decoración de eventos sería mi trabajo y mi pasión, hablo de cuando tenía 11 años (edad que alcanzará pronto mi hijo mayor) y siendo yo también una niña, tuve mi primer deco infantil. Fue nada más y nada menos que para el bautismo de mi primer sobrina Belu. Me pasé algunas semanas armando patitos y ranitas con vasitos de plástico, eran los souvenirs que se entregaban con una tarjetita y también eran parte de la deco de la torta que simulaba ser un lago. Si alguien me pregunta ¿por qué patitos y ranitas para un bautismo? La respuesta es “no tengo la menor idea”.

Solo sé que empecé con el bautismo y seguí cada año con el cumple de Belu hasta los 9 y de ahí saltamos a sus 15. Lo más divertido de todo es el contexto, hablo de que armábamos cumples temáticos 20 años atrás en una ciudad donde no existían los cotillones ni los disfraces ni las líneas de personajes y artículos que existen en la actualidad. Bele cumple años en febrero y yo, siendo una nena de 11, 12 y 13 años, disfrutaba y me divertía pasando las vacaciones de verano haciendo absolutamente todo para cada 11 de febrero: gigantografías cuadro por cuadro tamaño real pintadas a mano, souvenirs, mesa temática para la torta, adorno de torta, armamos hasta kioscos de panchos con mis hermanas y decorábamos todo el patio de mi casa.

Pasamos por temáticas como Mickey, Floricienta, las Chicas Superpoderosas, Tom & Jerry, Barbie, etc. Eso hizo que con 14 años me contrataran para decorar el cumple de una nena que amaba a las princesas de Disney.

Recuerdo como si fuera hoy el castillo que me llevó un mes de producción y tenía desde balcones, banderitas, techos brillantes y tonos lilas y rosados junto a una gigantografía de Blanca Nieves, Cenicienta y la Bella Durmiente en tamaño real, pintadas a mano. Siempre me gustaron las actividades manuales, desde que tengo uso de razón, la materia de la escuela que más me gustaba era Dibujo y Plástica.

A los 11 años también pinté y regalé mi primer cuadro para la oficina de mi papá, aún hoy lo tiene. Disfrutaba de todo eso, pero lo que más disfrutaba siendo aun una niña, era ver la cara de mi sobrina cuando veía todo, la cara de sus invitados bajitos cuando llegaban, sus ojos redondos no podían abrirse más de asombro. Al ser mamá dediqué tiempo en la producción de los primeros cumples de Benicio, pero a medida que pasa el tiempo y crecen van eligiendo ellos su propia aventura, ahora comienza todo nuevamente con Joaco.


Si tendría que comparar los eventos infantiles con los eventos sociales como bodas y 15 diría que el nivel de detalles en la actualidad a veces suele ser el mismo. Y diría también que, por suerte, la cara de sorpresa y emoción expresada en esos ojos que no pueden abrirse más del asombro también son los mismos. Porque gracias al cielo, aún madurando y creciendo, no perdemos la capacidad de asombrarnos y tampoco perdemos a ese niño/a que todos llevamos dentro. ¡A jugar!

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