El secreto para que el orden perdure en el tiempo está en que cada cosa vuelva al lugar que le hemos asignado luego de ser usada, tarea que debe complementarse con limpieza y mantenimiento. Para esto es importante incorporar “hábitos de orden” y “rutinas de organización”.

Textos: Nadia Novillo.

Una vez que logramos organizar y ordenar nuestro hogar; que hicimos limpieza; que decidimos conservar todo aquello que nos encanta, usamos, necesitamos y nos representa; que nos familiarizamos con la palabra “descarte” y entendimos que no necesariamente significa tirar, sino que es posible donar, regalar o vender; surge la pregunta del millón: “Y ahora ¿Cómo mantengo este orden? ¿Cuánto tiempo me va a durar?”

Gracias al famoso recurso de la imagen que nos muestra el “antes” y el “después” podemos comparar, dimensionar y apreciar cómo fuimos del caos al orden, cómo despejamos ambientes, ganamos lugar y optimizamos espacios.

Generalmente, nadie puede creer como vivió tanto tiempo en ese caos al ver los resultados del orden alcanzado, entran en pánico pensado que no van a ser capaces de poder mantenerlo en el tiempo y el miedo latente de volver a caer en el desorden, desborde, descontrol y desorganización.

Estamos de acuerdo en que nuestra casa es para ser vivida y disfrutada, todo lo que tenemos es para ser usado, de ninguna manera queremos ambientes “museos”, o espacios lindos y estáticos solo para la foto. Tampoco pretendemos que el orden sea obsesivo, traumático, enfermizo. Buscamos un orden real y posible, que se adapte a nuestras necesidades, estilo de vida, gustos y preferencias personales; atendiendo a que todo nos resulte más práctico, cómodo y funcional. Esto nos facilitará el día a día, nos permitirá ser más eficientes y productivos, dándonos la posibilidad de ahorrar tiempo, dinero y energía.

El secreto para que el orden perdure en el tiempo está en que cada cosa vuelva al lugar que le hemos asignado luego de ser usada, tarea que debe complementarse con limpieza y mantenimiento. Para esto es importante incorporar “hábitos de orden” y “rutinas de organización”.

Se trata de pequeños detalles que sumados y en conjunto hacen grandes diferencias, pequeñas acciones diarias, que solo pueden llevarnos unos pocos minutos, pero si logramos interiorizarlas como costumbres, las haremos de manera inconsciente y al final del día veremos orden y armonía, sin cosas fuera de lugar y sin una lista de cosas pendientes por hacer, acomodar y guardar.

Aunque puedan resultar una obviedad, hay ciertas acciones que -si las repetimos cada día, en lugar de hacerlas de vez en cuando- sin darnos cuenta, se convertirán en un hábitos:

– Al levantarnos cada mañana, luego de ventilar y airear, debemos hacer la cama.

– Cambiar las sábanas dos veces por semana.

– Las prendas que nos sacamos cada día tienen dos destinos posibles: se acondicionan y vuelven al placard o van al lavadero. Dejarlas amontonadas en una silla del dormitorio no es una opción.

– Mantener las puertas y cajones del placard cerrados.

– En el baño, está prohibido dejar prendas tiradas, alfombras o toallones mojados. La ropa sucia se coloca en un canasto o cesto preferentemente con tapa que luego se llevará al lavadero. La toalla de manos tiene que estar siempre estirada para que no tome olor a humedad, aún así, cambiarla con frecuencia. Reponer papel higiénico y jabón. Vaciar el cesto de residuos a diario.

– Organizar los lavados en el lavarropas haciendo grupos de prendas, blanco, negro, color. Tender la ropa inmediatamente después de finalizar el programa y hacerlo de una manera prolija, esto facilitará el posterior planchado.

– En la cocina, es una regla que todo lo que se usa se debe lavar. Se puede utilizar un secaplatos, pero no hay que dejar cosas sucias acumuladas.

– Mientras se cocina, se puede ir lavando toda la vajilla y utensilios que ya se utilizaron.

– Reponer lo que se va consumiendo: agua en la heladera, cafetera y pava eléctrica; hielos en el frezzer; sal, yerba, azúcar, café y galletitas en los frascos. Que cada noche quede todo listo para el desayuno del día siguiente.

– La basura debe sacarse a diario, los cestos deben lavarse antes de colocar una nueva bolsa para mantener la higiene y evitar aromas desagradables.

– Las sillas no son apoya abrigos y carteras, los respaldos no son percheros.

– En el recibidor o hall de bienvenida, deberíamos tener una bandeja, caja, algún platito o adorno específico para dejar las llaves. Completar ese espacio con un paragüero y un perchero para dejar allí todo lo que traemos de afuera.

– Si en el living tenemos revistas o libros, dejarlos ordenados luego de usarlos. Si hay almohadones y mantas en el sofá, acomodarlos al retirarnos. Los controles remotos de TV y aire acondicionado, guardarlos todos juntos y no escondidos entre los almohadones y apoya brazos, nadie quiere jugar al tesoro escondido al momento de pretender usarlos.

– Si tenemos mascotas, debemos ser responsables con sus cuidados, alimentación e higiene. Establecer un lugar para que hagan sus necesidades; proporcionarles y reponerles agua y alimento.

– Si hay fumadores en casa, vaciar y lavar ceniceros.

– Cada noche, dejar cargando los teléfonos y las baterías de todos los dispositivos electrónicos que vamos a necesitar el día siguiente.

– Si hay niños en la familia, sus uniformes y mochilas deben quedar armadas y el menú de sus meriendas, previsto.

– Preparar la ropa que vamos a vestir en la mañana y todo lo que necesitamos llevar. Esto nos ayuda a agilizar los tiempos y nos da la tranquilidad de irnos a dormir sabiendo que vamos a arrancar el día organizados.

– Programar, planificar, pensar, preveer y organizar nos genera seguridad, tranquilidad, bienestar. Esto nos permite administrar mejor nuestro tiempo dando lugar a momentos de disfrute personal.

– Hagamos de nuestro hogar, nuestro lugar en el mundo. “No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy”.

 

Evitar

– Los objetos huérfanos, perdidos, en circulación, dando vueltas por toda la casa.

– El después, más tarde o mañana “lo lavo”, “lo limpio”, “lo guardo”, “lo llevo”, “lo cierro”, “lo subo”, “lo bajo”, “lo entro”, “lo saco”, “o cuelgo”, “lo doblo”, “lo tiro”.

– Procrastinar.