Historia del equipo que se comió a su jefe (vivo)


No existe demasiada letra al respecto de algunos grupos de empleados que se ponen de acuerdo para hacer caer a su superior. De ahí, la historia que hoy compartimos.

Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

Entiendo que debe ser una costumbre un poco normal la de hinchar por el más débil. Véase si no lo sucedido en el último mundial de fútbol, en el que había más hinchas croatas en Buenos Aires que en la mismísima Zagreb.

En esa línea, y trasladándolo al mundo laboral, la mayoría de las personas tiende a sentir más simpatía por el subordinado que por el jefe. Llámenle identificación, empatía o como prefieran. Incluso, existen cientos de bibliotecas en las que se aluden a los malos líderes. A sus principales rasgos negativos, al Síndrome de Cronos (1), a su rol clave como causantes de distintas desgracias, etcétera. Sin embargo, no existe demasiada letra al respecto de algunos grupos de empleados que se ponen de acuerdo para hacer caer a su jefe. De ahí, la historia que sigue…

El equipo forma así: Al arco, el gordo Julián, uno de los más turros de la oficina, por lejos. Se hizo famoso hace unos años por ponerle ajo en el mate cocido de una cliente septuagenaria algo insistente con sus reclamos. A partir de ahí se ganó el apodo de Drácula. No era un tipo fachero precisamente, sino más bien todo lo contrario: sus pronunciadas curvas lo tornaban visible desde lejos. Supongo que de niño habría sufrido tantas cargadas que seguro influyeron en su resentimiento adulto.

En la línea de 4 tenemos a Bodega del Medio (se imaginan el motivo del alias); Chivito (pasante que vino a estudiar Contador, de Marcos Juárez); Mariángeles (así, todo junto) y la Roberta (nunca supe si efectivamente ese era su nombre o la habían bautizado así sus amigos, posiblemente porque le gustaba la cantante de apellido Flag).

Al medio vamos con Euladio y Marquitos por las puntas (decidí ubicarlos ahí por su velocidad). Más astutos que inteligentes, no me sonrojo al decir que serían capaces de fumarse un habano dentro de una garrafa antes que explote. Son miembros del equipo comercial y debo decir que su anecdotario es por demás de florido. Es más, son ellos mismos los que cuentan sus historias más resonantes a todo aquel que quiera escucharlas. De 5 tapón(a) nada mejor que María Martha, habilidosa al momento de llevar adelante una negociación, pudiendo poner la pierna fuerte o sus dotes conciliadores al servicio del equipo. De 8 (si me apuran hasta un 10 también) el Cacho Sunzú: genio en el diseño de todo tipo de estrategias, las saludables, las negativas y las ni ni.

Adelante, como definidores aparecen la inefable Pochola (matrona del lugar, con más de 30 años de servicio). Cien por ciento inimputable en su cruel y hosca franqueza. Habla y no le importa nada de nada los efectos que pudiese generar en los otros, así sean de corazones sensibles, y Mario Alberto (la homonimia con Kempes no es casual, hasta en temperamento son similares) pueden meter los goles con el pie, mano o cualquier otra parte del cuerpo que se preste. Si hay algo que destacarles es su coraje a la hora de ir tras un objetivo.

Llevan trabajando juntos más de una década, siendo esto una de las principales razones por las que se conocen tan bien: Juegan de memoria. Pueden hacer jueguitos, si su oponente no da la talla, gozándolo. O pueden cerrarse atrás en defensa, como Italia o Uruguay. Y también son capaces de jugar al contragolpe: Esta fue la estrategia utilizada para terminar con Valdomir.

“Yo creo que Valdomir entró mal. En su primer día, en lugar de hablar con cada uno de nosotros, apenas si se presentó y enseguida nos encargó actividades. Incluso te digo más, a varios nos pidió cosas que jamás entendimos de qué se trataban” (Bodega del medio, 38 años).

“Ya nos pasó otras veces, que nos ponen un jefe inepto. No sé quién los elige, si es por una cuestión de favores o algo así. No me pongo colorada si te digo que nosotros sabemos más que ellos” (Roberta, 44).

“Digamos la verdad, chicos. También tuvimos algunos buenos. ¿Se acuerdan de Goncalbe, el payito?. Ese era un sabio, de verdad. No solo enseñaba sino que también te felicitaba cuando hacías bien algo. Te daban ganas de ser como él algún día” (créase o no, Drácula, 48).

Juan de las Mercedes Valdomir nació en la ciudad de Cúcuta, aunque de colombiano no tenga más que el gusto por el café. Sus padres son santafesinos y por temas laborales vivieron allí tres años, hecho que motivó el arribo de nuestro héroe a ese lugar. De causalidad, en síntesis. Como a muchos hijos únicos les pasa, la mayoría de los ingresos familiares eran destinados a su educación por lo que promediando sus 30, ya contaba con un título de grado y una maestría. Sin embargo, contra lo que muchos quisieran creer, no era para nada una persona arrogante. Es más, cuando lo llamaron para avisarle de su nuevo trabajo (y su debut como jefe) se emocionó casi casi hasta las lágrimas.

SEÑALES DE ADVERTENCIA

Valdomir, en definitiva, es una persona como cualquier otra y por lo tanto, lo interesante de su caso es que a cualquiera podría sucederle exactamente lo mismo: llegar de jefe a un grupo ya consolidado, y que en poco tiempo lo cocinen a las brasas, propiciando su salida veloz de la organización y por una puerta bastante más pequeña que la que se entró.

Entonces, si tuviera que darle algunas sugerencias a este muchacho, le diría que preste atención a las siguientes 8 señales, porque si se repiten, estás listo…

1. Nadie te dice dónde están guardados los archivos

Tal como se sabe, para poder trabajar hace falta información, y en este aspecto los registros virtuales son indispensables. Al no poder contar con los datos suficientes será directamente imposible arribar a un buen resultado. O también puede suceder que perdamos demasiado tiempo intentando rastrear lo que buscamos, restándonos eficacia en la tarea.

2. Te cuentan cosas que no son, dejándote en offside

No solamente con la idea de convertirte en un reproductor de rumores, sino más que nada haciendo lugar al dicho de venderte pescado podrido. Un ejemplo típico es cuando te encontrás dando argumentos ante un cliente o proveedor que no tiene razón de ser y te das cuenta cuando alguno de ellos te dice “¿Pero quien te dijo que nunca aceptaron cheques si pago así hace 20 años?” o “¿Desde cuando te hacen falta 3 presupuestos para cotizar, si jamás lo había hecho así?”.

3. Cumplen con las consignas que les das, pero a destiempo o de forma incompleta

A los fines de que no puedas achacarle un incumplimiento, la gambeta está dada bajo la excusa de: “Lo terminamos, así que no podés quejarte”. Pero claro, lo hacen a partir de infinitos reclamos de tu parte, llegando tarde, brindando un trabajo final desprolijo o de escaso valor.

4. Hablan con tu superior, por temas que podrían resolver perfectamente con vos

Ya sea pedir un permiso, sugerir algo o reclamar alguna cosa. Saben a la perfección que en todos los casos sos el indicado jerárquicamente, sin embargo, la intención es transformarte en una persona invisible o directamente inexistente.

5. Te obedecen maliciosamente

Debo este concepto a Ricardo y Claudio, clientes históricos y ávidos lectores de temas vinculados al management. Consiste en hacer algo que se sabe va a estar mal, pero respetar la consigna a pie juntillas con la idea de dejar como un estúpido (otra vez) al jefe de turno.

6. Nadie te cuenta las costumbres de la empresa

Como por ejemplo, vestir informalmente los viernes. De esa forma, rápidamente podrías sentirte tan desubicado como quien va disfrazado de Batman a un bautismo.

7. Te dejan solo en los espacios comunes

Es cierto que hay jefes que por norma o vaya a saber qué cosa, prefieren evitar estos espacios para que sus colaboradores no se confundan, evitando así un “pegoteo que en nada ayudaría en la cotidianeidad”, en sus propios términos. Pero también hay que decir que existen situaciones en las que sucede lo opuesto, siendo los propios empleados quienes se niegan a estar junto a su líder durante el almuerzo restándole la chance de establecer vínculos con los demás. Equiparable casi a la figura del muerto civil en la antigua Roma, debo decir que esto genera una de las circunstancias más difíciles de tolerar por el homenajeado.

8 y final. Deslizan datos incomprobables sobre vos

Entre las cosas más rutilantes que me tocó escuchar, cito aquí: “Me dijeron que en otro empleo se agarró a piñas con un compañero. Por eso lo echaron” o “Yo conozco a un vecino de su barrio. Dicen que le debe hasta al de la granjita de la vuelta de su casa”. Última: “Toma whisky todas las noches, por eso la cara roja en la mañana. ¿No te fijaste que te habla medio de costado, como para que no se note el aliento?”.

(1). Refiere al síntoma organizacional en la que uno o varios jefes realizan acciones de forma deliberada para dejar estancado a sus colaboradores directos, impidiéndoles su crecimiento.

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