Los tiempos cambiaron y los roles se complejizaron bastante. Para esta fecha tan especial Nosotros decidimos honrar a las madres que lograron con esfuerzo y sacrificio llevar adelante la maternidad y lograr éxito profesional. Entrevistamos a dos empresarias santafesinas que nos cuentan cómo logran balancear su vida laboral con el ser mamás en esta época.

Textos. Revista Nosotros. Fotos. Pablo Aguirre.

 

Hoy en día las mujeres hemos conquistado las calles. La era industrial y la entrada al Siglo XX nos han abierto las puertas para acceder al mundo del trabajo, las universidades, las profesiones, el dinero, la política, el deporte y el pensamiento independiente. Y lo hacemos cada vez mejor. Así, a lo largo de las últimas dos o tres generaciones, las mujeres hemos sido finalmente miradas, reconocidas y apreciadas en ese lugar bien visible: el trabajo o el ámbito social. A partir de allí sentimos que comenzamos a existir. No es poca cosa.

Simultáneamente, subsiste ese deseo de engendrar hijos. Nos ilusionamos con ofrecer al futuro hijo todo lo que no hemos recibido en nuestra infancia. En el mejor de los casos nos preparamos. Damos a luz. Y de un día para el otro nuestra vida da un vuelco, nos arroja al destierro lejos del mundo donde suceden las cosas “interesantes”, perdemos el tren de lo que habíamos asumido que era la verdadera vida. Desaparece el mundo social, el tiempo, las conversaciones entre adultos, el dinero, la autonomía, la libertad, en fin, desaparecemos como individuos valorados por los demás. Justamente, sentimos que dejamos de existir. Nuestro “yo” se perdió entre los pañales.

El hecho de contar con el apoyo de la familia, y de los jefes y compañeros de trabajo, facilita notablemente la vuelta al trabajo. Es un momento en donde las prioridades cambian y es fundamental comenzar a delegar, tanto en el trabajo como en el hogar.

Solemos creer que la maternidad y el trabajo son incompatibles en cierto sentido. Sin embargo, las mamás tienen algo de magia: estiran el tiempo, hacen miles de malabares y logran cumplir con todas las obligaciones: laborales y, por supuesto, como mamá.

Josefina Norman: “Hoy tengo la satisfacción de haber criado tres hijos maravillosos” 

 Por Soledad Vittori.

Josefina Norman, encargada de La Herradura, nos cuenta su historia.

“La maternidad fue lo más importante que me pasó y sin dudas fue un cambio muy grande en mi vida porque tenía tan sólo 20 años cuando tuve mi primer hijo y a los 22 ya tenía el segundo. Fui mamá muy joven y asumí la responsabilidad de tener a mi cargo una familia siendo tan chica. Mi marido, en ese entonces, todavía estudiaba medicina. Nuestros padres nos ayudaron mucho en todo este recorrido. Particularmente agradezco a mi familia por haberme dado la oportunidad de hacerme cargo de esta empresa familiar que tanto significa para nosotros”, declaró la entrevistada.

Josefina decidió trabajar en La Herradura desde muy pequeña, con tan sólo 18 años. Su iniciativa provino de un viaje de intercambio que realizó a Estados Unidos para llevar adelante su quinto año del colegio. Allá se encontró con una realidad completamente diferente, todos los chicos tenían un trabajo de medio tiempo a la par que estudiaban. Por este motivo, al regresar a Argentina, Norman tenía decidido que quería ganarse lo suyo.


La entrevistada afirmó tener mucha suerte en cómo se desarrolló su vida en general. Durante los primeros años del nacimiento de sus primeros dos hijos, puesto que muchos años después llegó el tercero que hoy tiene 13 años, la pareja vivió en un departamento de la tía de su marido, Emilio Paez Allende.

Pasados dos años, el departamento fue requerido y el joven matrimonio pensó en salir a alquilar hasta que el padre de Josefina sugirió una idea interesante: construir un duplex arriba de La Herradura. Más precisamente en el sector que antiguamente ocupaba el taller del sastre y que desde hacía años se usaba como depósito.

A partir de ahí, se produjo un antes y un después en la vida de Norman. Se aprovechó lo que estaba construido y se realizaron algunas modificaciones correspondientes para poder vivir allí.

Ante esta situación, la entrevistada agregó: “Se acabó el sentimiento de culpa por no estar al 100%. Yo tuve la suerte de dejar a mi primer bebé con las abuelas y bisabuelas; y con el segundo, tuve la oportunidad de poder traer una chica al local y dejárselo para que ella se haga cargo de atenderlo en todo. Ella estaba en una oficina y se hacía responsable de pasearlo, cambiarlo, cuidarlo, etc. Cuando tenía que darle la teta lo tenía acá y eso me daba paz”.


Y prosiguió: “Cuando me mude pude encontrar la tranquilidad que necesitaba. Sabía que cualquier cosa que podría llegar a pasar subía y los tenía ahí. Cuando me vine a vivir acá Lucas tenía 3 años y Augusto, 2. Con el primero fue de locos porque lo tenía las horas que no estaba trabajando en el local y, como sólo tomaba teta, tenía que salir corriendo con los horarios estrictos que implica este rubro donde a veces era mi responsabilidad llegar primera para abrir e irme última para cerrar. Para mi, el trabajo tenía tanto peso como la maternidad porque me sentía responsable del sustento familiar”.

Por último, finalizó: “Compensé esa sensación de culpa al saber que estaba cerca. A pesar de que, cuando uno trabaja su atención está puesta en cumplir la labor encomendada; me daba serenidad tenerlos a dos pasos. Cuando trabajas no podés dedicarte como una mamá que se consagra tiempo completo a sus hijos y a la maternidad. Pero hoy tengo la satisfacción de encontrarme con tres hijos maravillosos; y particularmente dos adultos ya casi realizados. Uno de 26 años que es médico y que está haciendo la residencia en Buenos Aires; y el segundo que está a punto de recibirse. Por lo que, a pesar de las culpas que estuvieron en el camino, se nota en ellos que la presencia familiar estuvo. Es algo que no se percibe mientras vas transitando el sendero de la crianza pero que después, cuando miras para atrás, te das cuenta de que si formó parte de ellos”.

Con el último hijo de la pareja, Josefina ya se encontraba más establecida y se tomó la maternidad de otra manera. Lejos de la fiebre de los 20 años, donde uno quiere exprimir el tiempo para poder hacer todo: trabajar, criar a los hijos, salir y disfrutar. El tercero llegó en una edad más relajada. Su marido, por aquel entonces, ya era un excelente profesional por lo que pudo reducir su jornada laboral para trabajar sólo de mañana y dedicarse el resto del día a la crianza de Emilio. Una vivencia completamente diferente a las anteriores.

Para cerrar la entrevista, Norman añadió: “Estoy feliz de todo lo que logré: desarrollarme como profesional, como madre, como mujer y como esposa”.

Renata Gilli Faudín: una vida llena de arte.

Renata es arquitecta, artista plástica, diseñadora, decoradora y mamá de Luisa de 11 años y de Clara, que tiene 9.

Renata cuenta que su maternidad la encontró con su proyecto personal ya establecido. Recibida de arquitecta, trabajando a la par de sus padres en la empresa familiar y dando pasos firmes como artista plástica. “Mi proyecto personal estaba ya pleno, y en esa etapa decidí tener hijos. Fue en el momento justo, y decidí formar mi familia. Amo decorar, pintar, trabajar en el negocio de mis padres que posee mucho de todo aquello me permite expresarme. Me adapto como profesional, como empresaria y como mamá, por sobre todo, a los desafíos actuales”.

“Siempre estuve abocada al trabajo, soy una persona multifacética, desde colaborar con la empresa de mis padres y por otro lado, en el ámbito personal, la parte de la cual desarrollo mi profesión de arquitecta, desde la pintura y la decoración. Me apasiona también el diseño”, resume.


Como madre, considera una suerte poder estar lo más presente posible en todos los aspectos que marquen su vida y crecimiento.

Confiesa que por su apretada agenda hay una estructura de acompañamiento y apoyo, traducida en mucha gente que la ayuda.

Para el tiempo juntas, las salidas familiares terminan en el shopping, y para salir al aire libre, prefieren escapadas de varios días. Las vacaciones preferidas son en el mar.

En la casa se exponen los cuadros de las tres: hay una galería con obras de las pequeñas artistas y en el comedor se lucen las pinturas de Renata. Y varias paredes con pintura de pizarrón, para que de diviertan creando.


La herencia se marca fuerte en las chicas, y la creatividad materna se ve reflejada -de manera diferente- en ambas: Luisa pinta, dibuja y diseña como su mamá y Clara se expresa escribiendo narraciones y cuentos y creando videos. Su arte cobra vida a través de la tecnología.

Consultadas sobre qué creen ellas que heredaron de su mamá, Luisa toma la palabra, después de armar un set de entrevista en dos minutos en el patio. “A ella le encanta pintar, es pintora. Y a mí también me encanta. Muchos de los cuadros que están en la galería de casa son míos. Los otros son de Clara. Estoy pensando en ser pintora”, cuenta.


Clara, por su parte, sostiene que comparte con su mamá el amor por los animales. En la casa hay cinco perras, dos gatos y ¡cinco gallinas! “A mí me gustan muchos los animales y a ella también. Y siempre cuando nos vamos de viaje usa un perfume ‘de moñito’ y ese nos gustan a las dos. ¡Y me lo presta! También me gusta mucho escribir. En mi tablet juego con una aplicación que se llama TicToc que es para hacer videos. Y eso también me encanta”, explica la pequeña.

Renata desea para sus hijas que puedan incorporar el arte a sus vidas. “Como un crecimiento, como un modo de expresarse. Que puedan crecer en el arte”, concluye.

Soledad Bobbio, decoradora de eventos en GutDeco

“Me casé cuando tenía 24 años, súper joven con poco tiempo de noviazgo. En ese momento trabajaba con el catering en la empresa de mamá. Vivimos un año en España. Y a nuestro regreso empezamos con la búsqueda de Sofi que llegó a mis 27 años. Fue sin dudas mi gran primer alegría absoluta. A los dos años llegó Jero, también muy buscado y después de 3 años Bauti, que completó la familia. Laboralmente siempre estuve muy activa y trabajando en cocina con el catering, ya tirándome para la deco”, explica.

Conciliar trabajo, casa y maternidad se ve como un verdadero desafío, pero Sole confiesa: “Siempre viví la maternidad con muchísima felicidad y paz. Para mí fueron momentos gloriosos y siempre prioricé a mis hijos, equilibrando lo laboral, por supuesto y mis logros personales. Siempre tuve niñeras en casa. Dos genias y grandes compañeras: Laura y Brenda, que ya no estan con nosotros pero las queremos y recordamos siempre. También el apoyo de mi familia y de mi suegra ha sido incondicional”.

“Hoy estoy más tranquila, los chicos están más grandes y si bien estoy siempre pendiente, no es la atención que necesitan los bebés. En la semana estoy mucho más liberada y los fines de semana está mi marido más presente. Así nos arreglamos hace años” completa, con una gran sonrisa.