Si las piezas de cerámica son el último objeto de deseo, confeccionarlas se convierte en el nuevo desafío.

 

Textos. Soledad Vittori.

La cerámica ha ido ganando espacio en las estanterías de los locales comerciales de un tiempo para acá. Su resurrección tuvo lugar gracias a la visibilidad que la red social Instagram le da a los objetos de decoración. Cada día hay más interés en cuidar la estética de la mesa. Los platos pintados triunfan en la plataforma virtual. Frente a este panorama, todos desean ser decoradores y fotógrafos de lo anterior.

Esta corriente artística no sólo invita a decorar sino también a probar y producir la propia utilería. Los cursos de cerámica se posicionaron como un must durante los últimos años. Resulta imposible resistir a su invasión puesto que fabricar vajilla es sumamente útil y atemporal.

La variedad de elementos que se puede crear con esta técnica es enorme, sin contar la diversidad de formas y diseños que se pueden aplicar. Desde vajillas monocromáticas en la que los detalles manuales se llevan los suspiros hasta diseños jugados al mejor estilo mexicano.

Sumado a esto, este epicentro de la ornamentación es un gran antídoto contra el estrés. Al respecto, Julieta Ibarra, profesora de cerámica utilitaria, declaró: “Los talleres funcionan como arteterapia. Es un stop a la vorágine diaria. Un momento para uno mismo donde podés desenchufarte”.

Sus talleres son libres, por lo que cada alumno elige qué elemento desea realizar y desde qué enfoque lo prefiere. Ahora bien, existen tres formas según la experta de trabajar la cerámica. La primera consiste en levantar una pieza a partir de chorizos. Esta técnica es la que primero se da y es obligatoria porque es donde el alumno se encuentra con el barro. El motivo de trabajar con este método se basa en que la primera pieza construida debe ser consistente, con más grosor del normal para que pueda resistir los procesos que le suceden sin preocupación. La segunda técnica consiste en trabajar con tiras. Lo cual, no es muy diferente a trabajar con chorizos pero sí es más rápido. Por último, la tercera tiene como eje trabajar con planchas que son placas. Esta técnica es la más amada porque en una tarde se pueden hacer hasta 20 piezas.

 

Ahora bien, el proceso de la cerámica es largo. Para que una pieza terminada esté en las manos de quien la creó pueden pasar entre 25 y 30 días. En Santa Fe juega en contra la humedad, ya que el secado de la pieza es lento. Una vez que se levanta puede tardar hasta 10 días solamente en secar, después vienen otros procesos como el lijado, el emprolijado, el horneado hasta obtener la primer parte que se conoce como punto bizcocho. Ahí recién se puede esmaltar, es decir, pintar la pieza con esmaltes aptos para cerámicas.

En relación con esto, Ibarra agregó: “El ceramista reza mucho. Reza para que la pieza se seque, para que no se agriete, para que salga del horno con vida, para que el esmalte no se corra. Somos muy devotos en ese sentido”.

Su Historia

Julieta arrancó cerámica por primera vez en el taller particular de la profesora Tusi Horn en el año 2000. Allí tuvo su primer contacto con este maravilloso arte. Sin embargo, por cosas de la vida, tuvo que dejar en stand-by este hobbie que tanto le apasionaba durante algunos años. Hasta que, en 2006, encontró no sólo tiempo sino un nuevo taller que le quedaba muy cómodo, a la vuelta de su trabajo; y retomó.

Ambas experiencias hicieron un clic en su cabeza y Julieta decidió iniciar el profesorado de Cerámica Utilitaria en la escuela 629, donde el nivel era estricto y la obligación mayor. Durante tres años dedicó cuerpo y alma a trabajar y estudiar. Incluso, llegó a realizar otros talleres paralelos relacionados a la cerámica en el Liceo Municipal.

Finalmente, en el 2010, Ibarra decidió de tomar este oficio como un trabajo. Realizó varios cursos y capacitaciones en el Centro de Emprendedores de la Ciudad de Santa Fe que le brindaron conocimiento y herramientas para iniciar su proyecto: un microemprendimiento que tuvo como eje central la construcción de vajillas con la técnica de Cuerda Seca.

Por ese entonces, la joven santafesina mantenía dos trabajos en paralelo. Hasta que, en el año 2013, comenzó a dar clases en el taller que abrió en su propia casa. A medida que la iniciativa fue ganando alumnos Ibarra se vio viviendo de eso. No fue una decisión simple de tomar dejar su otro empleo, pero sí la correcta.

Al respecto, Julieta declaró: “Por suerte este trabajo fue ascendente. Siempre me fue bien, empecé de a poco y fui armando mis grupos. El año pasado inauguré mi propio taller en 4 de Enero 1807. Ahora doy clases varios días a la semana y me dedico de lleno a esto”.

Sumado a esto, Ibarra afirma que su sueño pendiente es tener un local comercial donde poder vender sus productos, independientemente de su taller.

Agradecimiento
Julieta Ibarra dedica esta nota y un especial agradecimiento a María Inés Levizoret, que fue quien la empujó a que se formara para dedicarse a esto.

Contacto

-Dirección: 4 de Enero 1807
-Celular: 154325664
-Facebook: Flores y Mandalas. Talleres y seminarios de cerámica.