La ciudad de El Vaticano


El Estado más pequeño del mundo se halla encerrado en la ciudad de Roma. Su historia es casi igual de larga que la del cristianismo.

 

Textos. Vacaciones Felices.

 

El territorio donde se asienta la ciudad de El Vaticano estuvo ocupado, desde el siglo I, por el circo de Nerón y Calígula, donde se llevaban a cabo carreras de caballos y diversas ejecuciones. En el siglo siguiente, se construyó una primera iglesia que tenía el mismo fin que la actual, honrar el cuerpo del primer pontífice, honrar el cuerpo de San pedro.

 

Según fue pasando el tiempo, el poder del Vaticano fue creciendo. Durante la edad media, se convirtió en una auténtica potencia, con unos territorios cada vez más extensos y con unos ingresos que superaban, en la mayoría de los casos, a los del resto de países europeos. Durante ese período, las familias más ricas luchaban entre sí por colocar a uno de sus miembros como pontífice, convirtiendo las elecciones papales en auténticas intrigas palaciegas. Poco tiempo después llegaría el exilio de Avignon, período de tiempo durante el cual, el Papado se trasladó a esta ciudad francesa. Pero tras el regreso a Roma, el poder del pontífice siguió creciendo.

 

 

Pocos años antes de la Unificación, llegaría en 1929 el tratado de Letrán, que fijaría definitivamente las fronteras del Estado Vaticano. El Estado actual goza de todo tipo servicios, dispone de pasaporte propio, tiene su propio servicio postal cuyos sellos son bastantes codiciados por los coleccionistas, e incluso dispone de su propia emisora de radio: Radio Vaticano.

 

Empieza el recorrido

 

En el comienzo de la vía della Conciliacione que nos llevará hasta El Vaticano, se encuentra el Castel Sant’Angelo. Desde el momento de su construcción ha tenido tres funciones, primero la de ser el mausoleo de Adriano, después, durante la edad media, sirvió como cárcel y posteriormente fue utilizado por los papas como fortaleza. Hoy en día, alberga en su interior un museo, donde destacan algunas salas, como las prisiones históricas; la Sala Paolina, en los apartamentos de Pablo III; la biblioteca y la terraza superior, desde donde se obtienen unas buenas vistas de la ciudad. Frente al Castillo, merece la pena pararse a contemplar el magnífico Ponce S. Angelo, las esculturas que lo adornan son obra de la escuela de Bernini, y nos muestran diversos elementos relacionados con el martirio de Jesús.

 

Plaza de San Pedro

 

Para la mayoría de los viajeros, no hay edificio más impactante que la basílica de San Pedro. El acceso se realiza, normalmente, desde vía de la Conziliacione que fue construida en 1937, derribando los barrios medievales existentes. Desde aquí se pasa a la Plaza de San Pedro obra del Arq. Bernini, que a mediados del siglo XVII, realizó la monumental columnata compuesta de 284 columnas, 88 pilastras y un ejército de estatuas que la coronan. En el centro se levanta el famoso obelisco egipcio, que los romanos trajeron desde Heliópolis para ser colocado en el circo de Nerón.

Basílica de San Pedro

 

Posteriormente Julio II decidió, en vez de reformarla, construirla de nuevo. Para ello encargó un proyecto inicial a Donato Bramante, que inició los trabajos en 1506, en los años sucesivos , diversos arquitectos, entre los que se destaca Rafael, se harían cargo de la obra, hasta que en 1546 pasa a manos de Miguel Ángel, que desarrolló todo el potencial de su genio. En 1564, muere con la obra avanzada y la gran cúpula casi terminada. A comienzos del siglo XVII, Carlo Maderno alargó la nave central para ser por fin consagrada en noviembre de 1626. Su impresionante fachada mide 115 mts de largo por 45 mts. de alto y se encuentra coronada por las colosales estatuas de Cristo, los apóstoles, y San Juan Bautista, cada una de casi 6 mts. de altura. Cinco puertas permiten el acceso al interior, la última de la derecha es la Puerta Santa, que sólo encontrarán abierta si llegan a Roma en año santo. En el interior lo primero que llamará su atención serán las gigantescas dimensiones.

 

La altura de sus naves, mezclada con los efectos que producen los coloridos mármoles, le producirá una sensación, que resulta imposible de escribir desde estas líneas. Entre las obras más importantes del interior destacamos: La Piedad de Miguel Ángel, en la primera capilla de la nave izquierda, es una obra temprana del artista como se puede observar en la suavidad de sus líneas, y en la precisión del modelado; La Estatua de San Pedro, en la nave central, representa al Santo sentado en su trono; el baldaquino sobre el altar papal, obra de Bernini; las Grutas Vaticanas, donde se encuentran las tumbas de numerosos Papas; monumento al Papa Alejandro VI, situado a la izquierda del ábside, obra de Bernini; y por último la grandiosa Cúpula de San Pedro, de 132 mts. de altura y ricamente decorada.

 

Museos vaticanos

 

Cierran los domingos y las fiestas religiosas. El último domingo de mes están abiertos y son gratuitos. Recuerden que durante el mes de agosto cierra los días 14 y 15. Los museos están considerados como unos de los más grandes del mundo. A través de la fabulosa escalera en espiral, obra de Giuseppe Momo se llega al acceso situado en la última planta del edificio, donde se encuentra el servicio Postal y las taquillas. Perfectamente organizadas, las obras se encuentran divididas en diversos recorridos, que elegirán dependiendo del tiempo del que dispongan. Visitar todas las salas de todos los museos nos llevaría más de un día, por lo que seleccionar, se hace imprescindible. De todos los recorridos, el más corto nos lleva a visitar las salas fundamentales, entre las que destaca la Capilla Sixtina, mide 40 m de largo por 13 de ancho. Está decorada con los famosos frescos de Miguel Ángel. Entre las demás salas que pueden visitar se encuentran: las Estancias de Rafael, la Sala de los Originales Griegos, Galería de los mapas Geográficos, el Museo Gregoriano Egipcio, la Pinacoteca, etc.

 

 

Previo “Donald” H.de.P.
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