La reconocida pintora y fotógrafa santafesina, Laura Porporatto, cuenta en una entrevista íntima con Revista Nosotros cómo fueron sus primeros pasos como artista, cuál es su eje de inspiración, a qué atribuye su éxito y cuáles son su próximos proyectos.

Soledad Vittori

El ingreso al estudio fue arrollador. La expresión artística cubría cada metro cuadrado. Adornos, cuadros, paredes, muebles; todo inspiraba vida y color. Al igual que su dueña cuya simpatía y dulzura inundaba cuanto espacio tocaba.

 

Una sonrisa amplia y una espontaneidad sin igual generaron un ambiente distendido para realizar la entrevista. Y es que, la felicidad que transmite una persona que se dedica a hacer lo que ama es algo que puede palpar a lo lejos.

En medio de este remolino de percepciones se tocaron los más variados temas. La infancia, la adolescencia, la vida universitaria y los diferentes caminos que Laura fue recorriendo como consecuencia de su alocada espontaneidad.

Sus inicios

Desde chica Laura fue catalogada como la artista de la familia. Su primer acercamiento se produjo en el jardín, donde sus profesoras ya notaban una inclinación muy marcada por el arte. Sus dibujos inundaban la casa. Hasta que un día decidió realizar el secundario en la Escuela Provincial de Artes Visuales Juan Mantovani.

Al respecto, Porporatto afirmó: “La creatividad es algo innato en uno y lo que se perfecciona en la escuela es la técnica”. En el tercer año del secundario Laura tuvo que elegir una especialización y en su afán por aprender resolvió hacer dos diferentes, pintura y fotografía. Sus grandes pasiones.

Contra todo pronóstico, las dudas sobre la rentabilidad de esta pasión hicieron que la joven estudiante elija otra carrera. En relación a esto, Laura agregó: “No me gustaba el profesorado y tampoco me veía viviendo de eso. No quería ser profesora de arte. Entonces me fui a estudiar psicología que me encantaba y que lo vi más rentable. Estuve 4 años en la carrera y por circunstancias de la vida, super improvisado, se me dio la posibilidad de abrir un negocio, un local muy chiquito, para vender mis obras. Y como soy así, espontánea, lo hice y me fue re bien. Con los años me fui desbordando de trabajo y me mudé a un local más grande. Por suerte todo me salió perfecto”.

Su inspiración

La artista santafesina afirma no tener una inspiración en particular. Su musa es la vida en general. Los cuadros marcan distintas etapas de su vida. Los que son más oscuros muestran un período más duro a diferencia de los que tienen mucho color. En la tonalidad del cuadro se nota su estado de ánimo. Para ella, pintar es hacer catarsis.

“Soy una persona que busca el cambio todo el tiempo, lo necesito. La monotonía me mata, me asfixia. Cuando veo que algo me cansa hago un cambio drástico y paso a otra cosa. Esta ideología la aplico en todo, en mis cuadros, en la vida, en todas las cosas”, confesó Porporatto.

Y agregó: “Veo artistas que mantienen una línea de trabajo. A mí me costaría un montón. Tengo una inclinación hacia el surrealismo, que es una rama que sigo sosteniendo en el tiempo. Pero me gustan muchos estilos. Hice cuadros abstractos, trabajé el realismo y un montón de movimientos artísticos. No me encasillo. Tengo épocas donde hago una serie de una determinada línea y como los voy vendiendo me quedan uno de cada uno, entonces cuando alguien viene no me puede definir dentro de un estereotipo”.

Los cuadros que llevan más tiempo son aquellos en los que se aplica la técnica del realismo. Es un trabajo muy minucioso. En un retrato si se pinta mal una nariz, deja de parecer la persona que se busca retratar. Este tipo de obras lleva muchas horas. Mientras que otras se pueden finalizar en un día.

En relación a esto, Porporatto manifestó: “Si demoro mucho en un cuadro me aburro. Soy muy ansiosa, prefiero hacer algo que lo empiece y lo termine en el mismo día o en poco tiempo, que hacer un retrato. Los retratos me los puse más como desafío. Fue dejar de lado la libertad que manejo a la hora de hacer cuadros para ver si podía responder a una estructura porque en ese tipo de obras todo está medido. Nada es al azar. Se necesita mucha precisión”.

Su pintor favorito

Para la santafesina, Dalí es su verdadero ídolo. Contextualizando su bibliografía, este célebre pintor rompió con todas las reglas y tradiciones que la sociedad impartía en ese momento para crear algo nuevo y único. Fue un pionero en la corriente del estilo surrealista.

En palabras agregó: “Me encanta esa impronta de buscar hacer algo que nadie hace. O esta cosa de crear arte que nadie entiende, que choca con la razón y animarse igual. Dalí fue un revolucionario”.

Éxito profesional

Desde su experiencia personal, Porporatto asegura que siempre tuvo una buena llegada a la gente. Siempre hay alguien que pregunta el precio de una obra incluso antes de que esté finalizada. La artista no sabe adjudicar si esta situación sucede de esta manera gracias a la trascendencia que su trabajo como fotógrafa tiene en el público santafesino. Pero el hecho es que sus cuadros se venden como pan caliente.

Asimismo, Laura es consciente de que no todos los artistas tienen esta misma llegada a la gente. En relación a esto, agregó: “No puedo hablar en la generalidad del arte porque sé que hay artistas que no tienen la misma suerte que yo. Y menos en la situación que está pasando Argentina, donde las personas están luchando batalla tras batalla para poder salir adelante. Pensar en arte es un lujo. Si uno está en crisis, no mira obras de arte. En Argentina con una economía tan inestable es difícil que la gente priorice este tipo de cosas. No es una necesidad para nadie tener un cuadro. Por eso mismo me siento tan afortunada”.

Cabe destacar que también existe hoy en día un interés cultural más marcado por el arte. Se está prestando más atención. Las redes sociales ayudaron mucho a fomentar este tipo de cosas que antes no tenían tanta repercusión. Si bien los cuadros siempre fueron venerados, la generación de hoy busca una estética más cuidada para cada ambiente del hogar.

La fotografía

En esta cultura, la fotografía se vuelve una cuestión demandante. Las redes sociales reclaman día a día más impacto visual, por lo que el trabajo fotográfico tiene como beneficio una salida económica más rápida. Es común que la gente pida fotos para un negocio de ropa, un evento social, para un book personal o para retratar a una familia.

“Particularmente me gusta la fotografía espontánea, no interrumpir momentos. Que no se note que está todo tan armado. Me gusta que la foto sea dinámica, que haya frescura. Las fotos posadas pierden magia. Particularmente mis producciones de fotos por ahí tienen muchos adornos con tocados en la cabeza y elementos que evocan al romanticismo, componentes que no son nada frescos, pero se busca que los gestos, los movimientos y la forma de encarar la foto sea muy suelta”.

Y agregó: “Para hacer una producción fotográfica se necesita mucha energía y depositar mucho de uno. Cada foto que hago tiene mi huella y dejo todo en cada captura”.

Planes a futuro

En relación a esta cuestión, Porporatto declaró: “Siempre me pongo metas cortas basándome en lo que me genera felicidad y en lo que no. Nunca busco un ideal. Quiero ser feliz y nada más. Voy por donde me llevan las cosas. No hay un objetivo que diga: mi fin en el universo es este”.

Ahora bien, el próximo pendiente de la agenda es presentar junto a otros fotógrafos de la ciudad y alrededores una gran muestra que se va a realizar a partir del 20 de octubre en el Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucella.

“Es la primera vez en mis 30 años que voy a fusionar lo que es la fotografía con la pintura. Como es una exposición de fotografía libre, donde cada fotógrafo puede mostrar el trabajo que elija, voy a presentar algunas imágenes que posteriormente voy a intervenir con pintura aprovechando esta temática libre”, concluyó la entrevistada.