La hora de los juguetes sin género


Las banderas de la diversidad y la inclusión también llegaron a la industria del juguete. Tal es así que ya son varias las marcas del rubro que ofrecen opciones sin distinción de género en pos de promover la igualdad y la socialización desde la niñez. ¿Estamos preparados para esta nueva generación de chiches no sexistas? Los expertos asesoran.
Textos. Georgina Lacube.

De a poco se van borrando las etiquetas de lo masculino y femenino en muchos ámbitos de la sociedad, sin embargo las niñas siguen jugando a las muñecas y a las cocinitas mientras que los niños a los soldados y a los autos. Y a pesar de que cada vez más se observan juguetes destinados a ambos géneros, ya sea por la publicidad, por las empresas o por la propia sociedad, sigue habiendo una gran distancia entre los que son para ellas y los que son para ellos. De hecho, las mismas jugueterías están sectorizadas en este sentido, y la publicidad sigue creando un mundo rosa para chicas y un mundo azul para varones. Además, siguen presentes muchos prejuicios, como el tildar de gay a un nene que juega con una muñeca. Siendo que en la vida real, las mujeres manejan autos y los hombres ofician de amos de casa o niñeros, ¿por qué sucede esto?


Guillermina Gordoa, Lic. en Psicología y Directora de Inclusión, Diversidad y Género en Fundación Oportunidad, sostiene que “si bien como sociedad hemos avanzado muchísimo en los debates en torno a las cuestiones de género, la deconstrucción de los estereotipos no son tareas fáciles ni automáticas. La asignación de tareas, juegos y profesiones según el sexo con el que se nace, y luego la jerarquización desigual de las mismas, está sostenida por un sistema que llamamos patriarcado y no es sencillo desmontarlo. Y si bien ahora vemos nenas jugando a las carreras con autos o a la pelota con sus amigos, y a varones que desean limpiar la casa, jugar a cocinar o cuidar un bebé, la imagen, que ya debería ser natural, no lo es. Estas imágenes, que ‘deberían ser naturales’ vienen en realidad a denunciar algo que en la historia social y cultural era de otra manera, y por tanto nos parecen disruptivas. Hay que hacer todo un trabajo de cuestionamiento y desnaturalización para no seguir en piloto automático ofreciendo pelotas a los niños y muñecas a las niñas. Porque en general es lo primero que hacemos. Y en ese gesto reproducimos sin darnos cuenta la idea de que a ellos les gusta más una cosa y a ellas otras”.


En este sentido, la Dra. Edith Vega, psicóloga de la Fundación Hospitalaria y Aigle, coincide en que “actualmente los roles femeninos y masculinos son más flexibles que hace algunas décadas. Es interesante cómo, si bien las jugueterías o los negocios de ropa continúan marcando algunos límites muy claros entre nenas y nenes, son los mismos niños quienes a través de sus juegos muestran que los roles sociales se flexibilizaron. En los jardines de infantes se observa claramente este cambio social en las elecciones lúdicas. Porque, por ejemplo, si bien los varones suelen jugar con aquellos de su mismo sexo, a veces pueden sentirse muy bien con su identidad de género pero disfrutando más de los juegos que realizan las nenas. Y otras veces no se sienten bien con su género asignado y es un modo de expresarlo”.


Por su parte, el Dr. Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), revela: “La realidad es que los niños y las niñas no hacen distinciones sino que se divierten sin asociar un color o juguete (pelota azul/cocina rosa) a un género (varón/mujer). Hoy en día, hay fabricantes que han impulsado, por ejemplo, cocinitas sin la distinción de colores para poder fomentar la diversidad. Un claro ejemplo de esto es la línea Petit Gourmet, con un enfoque a-gender (sin género)”.


Así las cosas, los expertos aconsejan regalar sin fomentar en nuestros hijos los estereotipos de género. Claudio Waisburg, neurólogo y director del Instituto SOMA precisa que “mientras se perpetúe la socialización de los estereotipos de género, se están sentando las bases materiales y simbólicas para la perpetuación de la desigualdad de género (que, por cierto, mantiene al sistema capitalista y patriarcal más vivos que nunca). De todos modos, hay indicios de que las cosas parecen estar cambiando. Grandes distribuidoras de juguetes están restando importancia al etiquetado de género en los juguetes. Inclusive, la tienda de juguetes más antigua del mundo -Hamley’s en el Reino Unido, fundada en 1750- eliminó el etiquetado de género en 2012. Hoy sólo nos queda exigir ¡dejen a los juguetes ser juguetes!” .


LÍMITES A LA CREATIVIDAD


El juego es natural, no impuesto. Los niños saben jugar sin que nadie les enseñe. Y si sólo se les ofrece determinado tipo de juguete o de juego, se los limita, se inhibe la capacidad de crear. Frente a esto cabe la pregunta: ¿de qué modo los estereotipos de género actúan como limitantes de la expresión y la creatividad?


Waisburg sostiene que “para los adultos, jugar es un descanso, un paréntesis de la vida. No obstante, para niñas y niños, jugar es la vida misma. Es por ello que los juguetes juegan un rol fundamental en su desarrollo pues son sus primeras herramientas de aprendizaje, el cual, por supuesto, incluye los estereotipos de género. Es innegable que durante las últimas décadas hemos presenciado avances notables hacia la igualdad de género; sin embargo, los juguetes -en especial, su comercialización- parecen ir en dirección contraria: todos los años las grandes tiendas decoran sus pasillos de implacable rosado y celeste”.


En tanto, Gordoa agrega que “la creatividad es algo que se aprende y ejercita. No es innata. Asimismo, la plasticidad y flexibilidad en nuestro pensamiento, la originalidad, son habilidades que pueden potenciarse desde la primera infancia cuando dejamos experimentar sin juzgar, sin censurar lo que las niñas y los niños proponen en sus juegos. Las etiquetas, los estereotipos, son en ese sentido barreras, limites a esa posibilidad.

Límites que no son del orden racional sino que más bien son sesgos en su mayoría inconscientes que generan desigualdad en las oportunidades, en este caso, de acceso al mundo del juego y por tanto al crecimiento, a la exploración, a las elecciones. Limitar juegos y juguetes por motivos de género implica cerrar accesos. Es preformar la infancia y desde muy temprano enseñar a unas y otros que hay cosas que no pueden hacer y acceder por haber nacido niña o niño”.


Finalmente, los expertos sostienen que jugar es el modo de conocer el mundo y de expresarse de la infancia. Es un lenguaje. En ese marco, los juguetes cumplen el rol de herramienta, en el sentido de ser uno de los vehículos a través de los cuales se arman las escenas lúdicas. Por eso, cuanto más diversidad de herramientas y opciones se le ofrezcan a los más chicos, más se potencia la posibilidades de expresión. Asimismo, recomiendan a partir de la demanda del niño comprar juguetes que maximicen las potencialidades e incrementen oportunidades de desarrollo como personas, potencien la fantasía y creatividad de los niños y que superen criterios sexistas, evitando representaciones estereotipadas del papel que las mujeres y hombres compartimos en una sociedad que busca ser más igualitaria.

Emprendimiento sustentable
A tono, Sofía Sánchez Sarmiento creó una marca que no hace distinción de género. “Luna Ratón propone juguetes ‘base’ (puzzles y memos) con ilustraciones de la flora y la fauna de Bariloche. Nuestra filosofía, además de no incluir iconografía femenina o masculina, acompaña el diseño sustentable. Nuestros juguetes son 100% artesanales y producidos en su totalidad en Bariloche porque apostamos al mercado local y al oficio. Están realizados con maderas recuperadas, seleccionadas cuidadosamente de descartes de carpintería según el lema ‘ningún juguete es más lindo que su naturaleza’. También se utilizan lacas y pinturas al agua para cuidar a los chicos y al medioambiente. Nuestro equipo está compuesto por una diseñadora gráfica, una ilustradora, un serigrafista, un carpintero y una costurera”.

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