Es de vital importancia aprovechar al máximo las horas reparadoras del sueño que ayudan a la relajación y reparación del cuerpo, luego de que la fatiga y el agotamiento ganaron terreno.

Textos. Soledad Vittori.

 

La sensación generalizada de cansancio físico y mental que experimentan constantemente las personas en los agitados días del siglo XXI, tengan hijos o no, es una realidad que se vive cotidianamente. Los seres humanos adoptan hábitos y rutinas que redundan en un mal descanso y que, por lo tanto, no ayudan a paliar el desgaste corporal.

 

La carga de trabajo, el estrés constante, la autoexigencia, la tecnología, son factores que imposibilitan que una persona se despeje por completo cuando llega a su hogar. Liberar la mente de las tensiones y preocupaciones que rodean al hombre a diario implica bajar los decibeles y encarar un modo de vivir de manera diferente.
Para reparar el cuerpo y sentir que ha descansado, lo más importante es aprovechar las horas de sueño. Dormir de forma profunda es casi como una utopía para la gente de las actuales generaciones. El ser humano necesita enfocar sus prioridades y admitir como prioritario que un buen descanso es la base del bienestar personal.

 

Numerosos hábitos generan un mal aprovechamiento de las horas de sueño. Posponer el momento de ir a la cama a causa de la pereza que produce levantarse para lavarse los dientes y ponerse el pijama, resta horas de sueño. Utilizar el celular e incurrir en el error de mirar Instagram o Facebook antes de dormir, no sólo espabila sino que interrumpe el momento del descanso. Ingerir bebidas con cafeína después del mediodía, es la razón de que en reiteradas ocasiones una persona se despierte a mitad de la noche o duerma inquieta.

 

Cuando alguien no descansa como debe ser, siempre hay una causa que lo provoca. Uno de los motivos más frecuentes es la acumulación de estrés y ansiedad durante el día. Al llegar la noche, el cerebro no se puede desconectar y termina dando vueltas esperando a que el sueño venga repentinamente. Es de importancia, por ejemplo, realizar alguna actividad tal como leer un libro que permita bloquear el motivo del nerviosismo (ya que la atención se fija en la lectura) para poder descansar como es necesario.

 

Otros clásico entre los clásicos es comer una cena pesada o acostarse inmediatamente después de su ingesta, lo que provoca síntomas como acidez de estómago y náuseas; o, realizar un entrenamiento diario muy cerca de la hora de dormir. El sueño y la recuperación de la actividad realizada van de la mano. No obstante, es importante considerar el horario, debido a que la descarga de endorfinas genera que el cuerpo se mantenga activo y por lo tanto no concilie el sueño.

LOS BENEFICIOS DEL BUEN DORMIR

 

La piel se regenera mientras dormimos. Las horas doradas o, lo que es lo mismo, las primeras horas de la noche, son las que propician que la piel alcance su nivel máximo de curación. Dormir ocho horas es la perfecta alternativa para que la piel se vea relajada y el cuerpo se sienta descansado.

 

La hora perfecta para ir a la cama varía en cada persona. El momento ideal para dormir depende del estilo de vida de cada uno. Encontrar la hora perfecta generalmente depende de escuchar los mensajes que envía el propio cuerpo y hacer el esfuerzo de respetarlo.

 

Es recomendable ir a dormir casi siempre a la misma hora todas las noches. La sistematización de las horas de sueño influyen de manera directa en nuestros ciclos biológicos y ayudan a que el cuerpo se adapte y, por tanto, aproveche al máximo las horas de sueño. Durante estas primeras horas, la piel entra en un estado máximo de regeneración y cicatrización. Cuando una persona duerme la piel no se encuentra sometida a la agresión de factores externos y puede pasar de un modo “protección” a uno de “curación”, aumentando su actividad de regeneración celular y de reparación de ADN.

 

A pesar de lo que debería ser ideal, con el ritmo de vida que lleva la sociedad hoy por hoy, a veces resulta difícil cumplir con las benditas 8 horas de sueño a las que siempre invoca cualquier manual de vida sana. Sin embargo, existe una media generalizada y correcta: entre 6 y 7 horas al día es lo que todos deberían tener en cuenta.