La moda del re-commerce


Nace un nuevo modelo de consumo que cambia las reglas de juego de las marcas. El comercio de ropa de segunda mano o re-commerce se afianza como una opción sustentable y accesible para aquellos que quieren renovar su armario con frecuencia sin gastar de más. Aquí, todo sobre este fenómeno que indica que la costumbre de estrenar ropa ¡ya fue!
Textos. Georgina Lacube. Fotos. Gentileza New Rent Dress.

Conocer el origen de los productos y su composición, eliminar la idea del desperdicio y tomar conciencia de la finitud de los recursos vírgenes del planeta son algunas de las razones que impulsan muchas de las decisiones de compra de hoy. En hora buena, el consumo responsable llegó para quedarse. El re-commerce o comercio de ropa usada es una de las tantas movidas sustentables que surgen de esta tendencia impulsada mayormente por la gente joven.


En sintonía, Marina Chahboune, diseñadora alemana experta en moda sostenible y economía circular, señala que, en el mundo, las marcas no sólo están aunando todos sus esfuerzos para lograr una industria más limpia y menos tóxica, sino que también están mejorando la calidad de sus productos para extender su vida útil y promoviendo en sus consumidores el concepto de segunda mano con el objetivo de asegurarse de que todo lo que ya no se usa pueda ser reutilizado por alguien más. Esta modalidad, conocida también como comercio inverso, fomenta el consumo y permite que los clientes renueven su guardarropas cada temporada, independientemente de su poder adquisitivo, ya que pueden devolver productos usados para conseguir las versiones más actuales de los mismos. Este cambio es tan positivo que se espera que este mercado crezca más de un 20% por año y supere lo que es el mercado de la moda de lujo”.


En nuestro país, un exponente de esta movida es Galpón de Ropa, una tienda de compra y venta de ropa nueva y usada que nació con la idea de encontrar un nuevo hábitat para las cientos de miles de prendas que la gente tira. “Creemos que las prendas de buena calidad y en buen estado pueden ser aprovechadas durante más tiempo. Es por eso que nos propusimos liderar el movimiento de reutilización de ropa. Con este objetivo, en el último año hemos reingresado al mercado más de 210.000 prendas de vestir y donado más de 36.000 prendas a distintas fundaciones”, cuenta Gonzalo Posse, Jefe de Operaciones. Y continúa: “Para lograrlo, desarrollamos un sistema efectivo y transparente para que la gente venda lo que ya no usa y pueda ser reinsertado nuevamente en el mercado productivo con un precio mucho más bajo que el de un producto nuevo. Trabajamos con primeras marcas nacionales e internacionales, similares a las que se encuentran en un shopping, y con una variedad de estilos de carteras, zapatos y accesorios. Tenemos prendas cuyo precio oscila entre $200 y $2.000, pero también ofrecemos algunos productos más premium (por ejemplo una campera de cuero nueva de una marca conocida) que se elevan hasta los $4.000. Consumir algo usado está buenísimo porque deja una huella y forma parte de una economía colaborativa”, resume Posse.


El re-commerce está en su apogeo, sin embargo no es un invento reciente. No deja de ser un trueque, un intercambio en el que los consumidores ofrecen objetos de segunda mano para conseguir algún beneficio de las marcas que les interesan. Conociendo esto, algunas empresas se han sumado a esta práctica, como la marca de lencería italiana Intimissimi, que descuenta tres euros en la próxima compra por cada corpiño que se entregue y se compromete a fabricar con ellos paneles de aislamiento acústico.


Otra de las características sustanciales de este fenómeno es que propicia la creación de trabajo dado que son pocas las empresas que cuentan con toda una estructura para clasificar, lavar y recuperar prendas. Lo que hacen entonces es tercerizar esta fase. Por ejemplo, la marca The North Face contrató un proveedor de servicio circular que se encarga de buscar las prendas, separarlas, limpiarlas, recuperarlas y sacarles fotos para subirlas y ponerlas a la venta en su web.


Por su parte, Patagonia, la marca sustentable de ropa outdoor, posee un servicio sin cargo de reparación de ropa. Así, cada vez que al usuario se le rompa una prenda la puede hacer arreglar para su re-uso. En tanto, la firma de lujo Hermes sumó lavadoras a su estructura para recuperar prendas y un servicio para transformar sus icónicos pañuelos. De este modo, los clientes que se cansen de un modelo, los pueden llevar a la tienda para que se lo tiñan en otro color o le apliquen otra estampa. Todo esto supone la demanda de nueva mano de obra.


Y en lo que se refiere a alargar la vida útil de una prenda, vale mencionar que ya hay casos de marcas que diseñan ropa que se puede convertir en otras (vestido, camisa, pantalón…), para usar de los dos lados (del verso y el anverso), y hasta existen etiquetas para chicos que crean ropa plisada que se puede adoptar de los 9 a los 32 meses.


Otro concepto sustentable que se asocia a esta tendencia es el de leasing o alquiler de ropa. Este servicio por el momento se limita al ofrecimiento de vestimenta o accesorios de uso ocasional como un vestido de fiesta, traje o esmoquin que, en general son muy costosos y se usan una única vez. Prestigiosas marcas como Valentino, Alexander McQueen e Isabel Marant adhieren a este modelo de negocio que promueve el consumo inteligente, que extiende la vida útil de un producto, que disminuye la huella de carbono de la moda y hasta permite ahorrar espacio en el ropero.


Acá, en nuestro país, la democratización del lujo llega de la mano de New Rent Dress, la tienda de alquiler de vestidos de Romina Pigretti (ex socia de Mica Tinelli en Ginebra), basada en los principios de la moda circular (busca erradicar los ciclos lineales de consumo y generar un sistema donde nada se pierde y todo se transforma). La propuesta cuenta con una colección de más de 500 vestidos, donde sobresalen firmas como Alexander Wang, Stella Mc Cartney, Sonia Rikiel y Prada. “Cuando hablamos de arrendar, no estamos hablando solo de ahorro monetario, también estamos planteando un cambio de paradigma que busca, además, concientizar sobre el consumo innecesario de las tendencias cambiantes y del estreno de ropa permanente”. La industria de la moda es la segunda en términos de contaminación. El impacto y el desgaste que cada pieza genera es mucho y cambiar esa realidad desde el lugar del simple consumidor es difícil. Una manera de hacer algo es adhiriendo a esta modalidad de consumo colectivo, donde un vestido tiene tantos usos como clientes haya. Este sistema permite que salgamos del uniforme negro que compramos pensando que es un clásico que podemos repetir. La realidad es que hoy en día, muy pocas mujeres compran vestidos llamativos sabiendo que solo pueden aprovecharlo una vez. Bajo esta premisa, muchos individuos pueden compartir una pieza de moda sin necesidad de acumular cosas que no usan ni van a usar. Debemos entender que eso que ya no vamos a emplear puede ser algo que otro busca. Recirculándola se satisface la necesidad de compra, se evitan aumentos en el consumo del fast fashion y se ahorran dinero y recursos”, concluye Pigretti.

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