“Árbol de mis ancestros” es el nombre del libro de poesías de Irma Verolín y fotografías de Paola Leiva, publicado por Editorial Palabrava que se presentará en el marco del ciclo de poesía “La herida fundamental”, el sábado 23 de junio a las 20 en el espacio Toda Comunicación y Arte del Mercado Norte (Santiago del Estero 3166). Aquí, la palabra de la escritora y de la fotógrafa y sus reflexiones sobre la escritura, la imagen y la poesía.

Textos. Mili López.

El recorrido detenido y minucioso por nuestro árbol genealógico es una acción emotiva y a la vez conciente de nuestro ser presente. Saber de abuelos y abuelas, madres y padres y hasta bisabuelos, es constitutivo de nuestra identidad. En el libro “Árbol de mis ancestros”, publicado por Editorial Palabrava, la escritora Irma Verolín nos introduce en código de poemas a su historia familiar que invita al lector a sentir el reflejo en su propia historia.

“Es un libro de personajes donde los poemas giran alrededor de figuras simbólicas que configuran una red familiar”, cuenta Verolín y agrega “al hablar de mis padres y abuelos, abuelas, tíos hablo de mí, de lo que soy de una manera integrativa”.

En este libro, que se presentará en Santa Fe el próximo sábado 23 a las 20 en el Mercado Norte (Santiago del Estero 3166), las pérdidas y la muerte atraviesan los textos en diferentes referencias. Las imágenes literarias se suceden y evocan a sabores, olores, fotos, recuerdos de infancia, objetos y marcas que se imprimen a flor de piel.

Con diseño y diagramación de Álvaro Dorigo y Noelia Mellit, la colección Anamnesis de la editorial Palabrava consiste en una serie de obras que ponen a la par la imagen fotográfica y la palabra poética, sin que ninguna esté subordinada a la otra: ni la imagen ilustra los textos, ni éstos son pie de foto de las imágenes.

El libro pensado como un objeto artístico se completa con la mirada de la fotógrafa santafesina Paola Leiva. “La fotografía le agregó más significado con su mirada y su lectura o interpretación a mis poemas, me hizo pensar en los sentidos del poema y me parece que voy a seguir pensando porque de eso se trata, de continuar una lectura que no se agota en una primera mirada, ya sea texto o imagen”, apuntó la escritora.

Árbol de la vida

A través de fragmentos, recortes de la memoria, figuras familiares -recordadas o imaginadas-, Irma Verolín arma cada poema para construir su árbol familiar.

-¿Cuál es el desafío de un libro autobiográfico?
-Siguiendo una cierta tradición de la escritura de mujeres soy autorreferencial por elección. Ahora bien, en poesía la posibilidad de emplear el texto como un ámbito de indagación, como un espejo que me muestra eso que está en mí pero que todavía no comprendo del todo, es decir el texto como revelación primero ante mí misma, me parece formidable y en ese espejo yo, al menos por ahora, necesité ver lo que soy desde la herencia de los que me precedieron. Estamos atravesados por voces familiares en la que resuenan los sentimientos de nuestros ancestros muy lejanos, esa impronta está en nuestra memoria celular.

-¿Creés que el tiempo aparece en el libro como una obsesión?
-El tiempo es un núcleo temático en lo que escribo. Podríamos pensar que el tiempo es la materia de nuestra vida, con lo único que contamos, estamos hechos de tiempo y de luz o de energía, sin embargo es a la vez tan intangible y tan indescriptible. Mi inclinación a pensar el tiempo y tomarlo como un elemento literario, nace de mi experiencia de vida, como no podía ser de otra forma. Fui criada por abuelos, gente de otra generación que me relataba historias bastante antiguas. Mi padre solía decir que me faltaba el contacto con una generación, la de mi madre, su temprana muerte dejó un gran vacío. Pero además mi abuela paterna que me crió se casó muy joven, y su madre, mi bisabuela también, con frecuencia estaban embarazadas al mismo tiempo. Irónicamente mi abuela, la que fue mi madre por adopción murió con cien años y la cuidé hasta el final. Esta ironía de perder a mis padres en plena juventud y estar en contacto con generaciones anteriores es en parte lo que, sospecho, hizo surgir en mí montones de preguntas que son el germen de la creación.

-Tomás a la fotografía como disparador de varios de tus poemas, ¿qué riqueza tiene detener la mirada en este recurso?
-Diste en la clave. En mi caso las fotografías suelen ser disparadores esenciales e incluso me ha ocurrido que confundo recuerdos con imágenes percibidas en fotos. Es muy enigmático el modo en que construimos los recuerdos ¿no? Pero en mi caso entiendo que ha sido más determinante porque al haber perdido a mis padres siendo niña, la imagen de mi madre la he tomado principalmente de ese puñado de fotos. Cuando hablamos de fotos es imposible no plantearnos la cuestión del tiempo, para mí están ligados ambos elementos.

-Hay muchas mujeres protagonistas en estos textos, ¿cómo juega la perspectiva de género en estos poemas?
-Desde muy joven me nutrí del pensamiento feminista. Fue un cimbronazo leer a los dieciocho años “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir. Pero supongo que aquí también influyó el contraste familiar que viví, criada por una abuela con conceptos muy convencionales sobre educación sexual, tuve la fortuna de que en mi formación intervinieran mi tía y mi tío, ambos actores profesionales, quienes colaboraron en mi educación activamente. Así, la llegada a la familia de mi tía, la actriz Dora Prince, que era amiga personal de María Elena Walsh y de tantas actrices que venían a casa, me permitió descubrir ya en la infancia un mundo diferente, en el plano artístico y en el cosmovisional. Lo que escribo está cruzado por esta visión inevitablemente.

El poder de la imagen

Paola Leiva es la fotógrafa santafesina que interviene en este libro con sus imágenes. Las fotos complementan, interpelan y articulan los poemas de esta publicación. Son un diálogo continuo que permite desandar estas historias desde todos los sentidos.

-¿Qué posibilidades expresivas tiene la fotografía en un libro de poemas?
-Hacer fotos para un libro es algo que tenía pendiente. La palabra y la imagen fusionadas en la pura expresión te da un sentimiento muy enriquecedor. Una foto acompañando textos propone al lector diferentes maneras de interpretación y comprensión además de otorgar un toque estético. Puedo ver en este libro la fotografía acompaña a la palabra y viceversa, considero que ambos elementos están en continua resignificación y se nutren simultáneamente.

-¿Cómo te interpelaron los textos de Irma para la elección de las fotos?
-Conocí la poesía de Irma en un momento en el que me encontraba experimentando estados emocionales diversos y encontrados. Estas emociones intensas te ayudan en el proceso creativo y sus textos me llegaron muy profundo porque cuentan de vínculos entre mujeres, familia en lo que lo cotidiano te lleva a volar la imaginación. Meterme en su estilo fue muy emocional y sentido, fue incluirme en una atmósfera que a ratos se transformaba en soledad, en tristeza, en miedo, en alegría. Con mi trabajo busco contar historias, creo ficciones, inquieto con la imagen. Juego mucho con las luces, sombras y movimiento; es un recurso que utilizo mucho para expresar.

La palabra poética

“La poesía para mí, y digo, desde ya, para mí, está relacionada con esa búsqueda de desentrañar el misterio, el misterio va a ser siempre más grande que yo, así como el lenguaje es una suerte de poder superior del que no es conveniente abusar. Obviamente el arte como sistema de decodificación de lo que llamamos ‘realidad’ apunta a descifrar ese misterio, pero la poesía tiene algo más, lleva a la palabra a un estado de exactitud y de emergencia que nos vincula con aspectos ocultos de nosotros mismos. Hay una desnudez lingüística en la poesía que me habla de mi propia desnudez, la desnudez que todos los humanos tenemos finalmente frente a la vida, somos como agua que corre, una luz que brilla un tiempito y que se extingue pronto. Mientras tanto, la palabra poética nos salva de la completa extinción”.

EL TIEMPO SE DESTIÑE
Mi abuela dice que mi madre
no tenía las manos así
como las mías.
Yo perdí mis recuerdos,
el tiempo se destiñe
detrás de lienzos transparentes.
Mi madre me mira
desde un fondo
hecho de telarañas y estridencias
por el que alguien puede asomarse
en cualquier momento
para desbaratar la arquitectura
frágil
de estas telas enhebradas sin destreza
sobre las que me recuesto
ahora.

 

LA SILLA
Soy una de las sillas vacías
que pintó Van Gogh.
La madera con que me construyeron
le fue quitada a un árbol
que creció cerca de un río.
Algo reza dentro de mí:
es el silbido del viento
y el murmullo del agua
que aquel árbol conoció
hace ya mucho tiempo.

La herida fundamental

El libro “Árbol de mis ancestros” se presentará en el marco del ciclo de poesía “La herida fundamental” el sábado 23 de junio a las 20 en el Mercado Norte (Santiago del Estero 3166).

Además de la presentación del libro, el encuentro cuenta con secciones de lectura. En la sección del “clásico” la homenajeada será Alfonsina Storni, a 126 años de su nacimiento. El “Mirá quién habla” contará con la presencia de los escritores Alfredo Ariel Rossi, Mailena Martínez Crovetto, Daniel Rafalovich e Irma Verolín. Para “La frutilla del postre”, invitada desde Córdoba, Elena Anníbali.