La realidad es eso que tu cabeza hace con las cosas


Hasta eso que nos parece inexorable y completamente ajeno a nosotros tiene nuestro sello.

Textos: Pscologo Gustavo Giorgi.

Las semanas se hacen cortas por estos días festivos, lo cual confirma esa idea que el tiempo es relativo, como decía el gran Albert Einstein allá por la década del ‘50.


Esa famosa idea nos invita a pensar que el tiempo es tal como uno lo percibe. Dicho de otra forma, hasta eso que nos parece inexorable y completamente ajeno a nosotros tiene nuestro sello. En términos graciosos, hay un chiste que lo expresa muy bien: “Cinco minutos pueden ser largos o cortos dependiendo de qué lado de la puerta del baño te agarre”.


Pero hoy no quiero hablar del tiempo, sí de percepciones y de cuánto nos influyen cotidianamente.

Qué es una percepción


En primer lugar, lo primordial a entender aquí es que todo lo que accede a nuestra mente por medio de los sentidos “no es tan así”. Eso implica que lo que vemos, olemos, tocamos, escuchamos y paladeamos está filtrado. No hay percepción aséptica, si por tal cosa entendemos que nuestro cerebro sería capaz de pescar la realidad en sí misma, o tal cual es.


Quienes se hayan animado a Kant y otros racionalistas de la época estarán leyendo en mis palabras tales resabios. Y debo decir que estarían en lo cierto también mis colegas psicólogos, al encontrar en este texto las ideas de Wertheimer, Köhler y Koffka, el trío más mentado, fundadores de la Gestalt. Para los demás, quizás lo anterior podrá resultarles novedoso…


Observemos algunos ejemplos que justifican mi argumento:


a. El olor a salsita de las 11.30 am que siento al pasar por la vereda rota de la otra cuadra de casa no es simplemente el ingreso de partículas con equis características a mi canal olfativo. Es recordar inmediatamente a mi abuela y sus incomparables ravioles. Ese olor me resulta grato por mi experiencia feliz. Me pone contento, no porque tenga pimientos, ajos o vaya a saber qué cosas. Me alegra hoy porque me alegró esa vez.


b. “Ver” desorden. ¿Cómo hacen algunos jefes para posar su mirada pura y exclusivamente en aquello que está mal? Entra el quetejedi y enseguida capta que apilamos mal una columna de cajas en el depósito. De tooodo lo que está bien ni noticia. Su foco está en lo incorrecto. Imposible explicar esto como el solo ingreso de una imagen a través de su retina en ciertas condiciones de luz, etc, etc. Aquí hay algo más que se relaciona con mi pasado (o con el del jefe, para ser más preciso). Posiblemente, en algún momento aprendió que su rol valía solamente cuando sea capaz de resaltar lo que se hace mal, y por ende, sus ojos entiendieron que “mirar” es, en realidad, buscar errores.


c. ¿Por qué no lo escucho todo? Además de ser funcionalmente imposible, también aquí oímos lo que podemos:

“Me dijo que mi trabajo no valía”.

“Cómo se atrevió a tanto, por Diosà ¿Pero qué fue lo que te dijo exactamente?”.

“Que mis reportes eran muy largos y llenos de datos innecesarios. Que para leerlos hacía falta un montón de tiempo y por eso la mayoría pasaban de largo…”.

“Pero… ¿Y por qué no probás con mejorar tus informes en lugar de sentirte cuestionado en todo?”.


En todas estas situaciones podemos ver claramente que los datos ingresados a nuestra mente siempre tienen un plus o un minus. Se les agrega u omiten detalles. Se los enmascara, disfraza, exagera o disminuye. El dato se deforma en función a nuestra constitución subjetiva, es decir que todo lo que percibimos está tamizado por nuestra experiencia anterior.

La percepción como piedra angular para destrabar conflictos


Caso 1: Juan, enojado con Pedro porque percibe injusticia. Resulta que al segundo lo ascienden entre gallos y medianoche. Un lunes a media mañana el gerente convoca a toda la oficina en el comedor y comunica la novedad. “¡A partir de ahora, Pedro será el nuevo Jefe de Cuentas Corrientes así que felicítenlo!”. Resulta que cuando comenzás a profundizar en el asunto podrían aparecer algunas ideas de fondo, las que si no son tramitadas van a confundirnos. Supongamos que en realidad Juan lo único que puede saber a ciencia cierta es que está enojado. Luego, podría argumentar que su emoción halla su causa en que siente que Pedro no merece el puesto. Sin embargo, a medida que la conversación avanza el propio Juan admite las competencias y logros de su compañero, pero su ira radica en que él aspiraba a esa promoción. Es más, ya lo había comentado con su esposa y amigos, consecuentemente ahora se siente expuesto ante estos últimos si cuenta lo sucedido. Conclusión: Por más que perciba una injusticia en que Pedro no merece el ascenso en realidad en el fondo se ve cuestionado en su propio narcisismo.


Una vez más, el peso de la percepción y su falsa pretensión de realismo.


Caso 2: “Al que no sé que le pasa es al Alberto. Desde hace unos días está demasiado agrandado. ¿Viste que él siempre me subía una taza de café, aprovechando que también se buscaba una? Bueno, resulta que ahora ya no lo hace más. Para mí que se le subieron los humos a la cabeza ahora que la jefa Cristina lo usa de confidente. ¿Sabés lo que más me preocupa? Que en una de esas lo estamos perdiendo como compañero…”.


Alberto: “No entiendo porque el cambio de actitud de los chicos de la oficina. Mirá, por ejemplo, Marito que todas las mañanas me pedía un café ahora ya no… dejó de hacerlo y para mí eso es importante. Yo pienso que se enojó con mis cargadas después del partido en Paraguay… pero bueno, que se la aguante, que yo también la pasé”.


Vemos que dos personas se dan cuenta que algo anda mal, lo perciben, pero el error está en atribuirle realidad absoluta a esa percepción. Si tanto uno como otro dejasen un espacio a la duda, podrían tranquilamente acercarse, entablar una charla abierta y evitar trepar una escalera de inferencias completamente desacertada.

Consecuencias globales


Comprender lo anterior equivale a pensar profundamente que no siempre tenemos la razón.


Este cuestionamiento nos invita a abandonar las seguridades para entrar en el camino de las preguntas. Pero ojo, no se trata de vivir en un mar de dudas ya que eso sería francamente inquietante. La propuesta es darnos la oportunidad de abrir puertas, con el objetivo de encontrar soluciones a los problemas o disminuir nuestro malestar.


En la práctica, nos permitirá:

  • Pensar que el jefe no es tan malo.
  • Escuchar a mi compañera con más entusiasmo y menos prejuicio.
  • Detectar cualidades en mis colaboradores que antes no veía.
  • Caer en la cuenta que en mi empresa también hay valores y finalmente…
  • Que no siempre somos los buenos y ellos los malos.
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