La vida en los fiordos del norte


Inauguramos una nueva sección de nuestra revista con Cyra Druetta una santafesina que hace dos años vive en Oslo, Noruega, y que nos cuenta cómo es vivir en esta apacible ciudad escandinava.

Textos: Romina Santopietro. Fotos: gentileza.

Animarse a salir al mundo

«A mi marido Pablo le hicieron una oferta de trabajo, él en Santa Fe tiene un estudio de diseño y trabajaba con gente de acá y en un viaje para presentar un proyecto terminado le ofrecieron quedarse y ser parte de una nueva empresa que estaba empezando. Nos pareció una re buena oportunidad que no había que dejar pasar y dijimos que si. En Santa Fe teníamos un local de ropa, lo vendimos, al igual que todo lo que teníamos, muebles, auto etc, y nos vinimos. Yo soy maquilladora y ahora estoy trabajando en MAC Cosmetics. Vivimos en Oslo, la capital, el barrio se llama Skøyen, es un barrio nuevo, que empezó a desarrollarse en los 80, está al oeste del centro de la ciudad. Lo elegimos porque es tranquilo y tiene todo lo que necesitamos a distancias que podemos hacer caminando, pero si queremos ir al centro son 15 minutos en tren, tranvía o bus». 

Con su papá, esposo y su hermana frente a una antigua iglesia vikinga.

Raíces santafesinas

«Desde que me fui vuelvo una vez por año a Santa Fe. Mi idea es ir todo lo que pueda y nunca dejar que pase más de un año sin ir, hasta ahora lo estoy pudiendo cumplir. Se extrañan muchas cosas, mi familia, mis perros, mis amigos, la comida, la claridad, que haya sol todo el día. Y la sensación de estar en un lugar y sentirte local en ese lugar, la comodidad y familiaridad en la ciudad en la que naciste y viviste casi toda tu vida. Trato de mantener todo lo que puedo de mis raíces santafesinas, sobre todo en casa trato de sentirme cerca con comidas típicas. Conseguir los ingredientes no siempre es fácil y me recorro toda la ciudad tratando de conseguirlos. Los alfajores en casa no faltan nunca, como sea siempre me las arreglo para tener. Siempre miro noticieros de Santa Fe y leo diarios online».

Frente al Palacio Real

Adoptar y adaptar tradiciones nuevas

«Vivir acá me cambió mucho, inevitablemente uno baja revoluciones y eso te vuelve más tranquilo y tolerante. De Noruega adopté algunas tradiciones como por ejemplo, aprovechar las horas de luz y valorar mucho más si el día está soleado, que haya sol realmente influye y te mejora el día, es casi una obligación pasar un rato al aire libre cada día todo el año, no importa el clima.

«Mandar tarjetas navideñas (julekort) a amigos y familia también es una tradición que adoptamos. También sacarnos los zapatos al entrar a casa, es una costumbre que empezó por la nieve, porque si uno entrara calzado, ensuciaría todo; pero se hace siempre todo el año y es muy bueno, lo recomiendo, se nota mucho la diferencia, el piso se ensucia casi nada. 

«También tenemos el departamento lleno de velas en invierno, se usan mucho para compensar la falta de luz y dar una sensación más agradable; tipo 3 o 4 de la tarde ya están prendidas».

El nuevo terruño

«Cuando vienen a visitarme, primero los llevo a los lugares turísticos más conocidos como la ópera de Oslo, el museo vikingo, el ayuntamiento o el palacio real. Esos edificios son inevitables, después tengo mi propia lista y los llevo a un bar donde sirven un chocolate caliente espectacular, la zona del puerto, que se llama Aker Brygge, la peatonal de Oslo, o un mercado de comida que se llama Mathallen y tienen cosas muy curiosas, noruegas y de todo el mundo. Me gusta más mostrarles cómo es lo cotidiano acá y no solo los lugares turísticos. 

«De mi nuevo país lo que más me gusta es la conciencia colectiva que hay, se vive en comunidad, se respeta al prójimo y todos tiran para el mismo lado. Uno puede relajarse cuando vive en una sociedad así, donde la regla es la confianza y no la desconfianza.

«De Noruega aprendí muchas cosas, aprendí a ser extremadamente puntual, a no opinar de los demás ni hacer comentarios sobre el aspecto físico de otros, ni positivo ni negativo, sin darme cuenta eso dejó de ser importante y me volví menos crítica. 

«Los noruegos son muy ‘anti conflicto’, no se ven discusiones en la calle, ni de tránsito ni nada de eso, y si uno reacciona mal, seguramente la otra parte no va a reaccionar entonces la discusión no llega a ningún lado. También adopté el estilo de vida saludable, acá la regla es comer sano (durante la semana, los findes se dan los gustos) y hacer ejercicio, en el tema salud son muy preventivos y saben que dieta saludable y ejercicio es la clave así que lo aplican. De a poco adopté esa costumbre también. 

«Aprendí mucho sobre feminismo, vivir en una sociedad feminista te enseña muchas cosas nuevas todos los días, no dejo de sorprenderme con eso.

«Y unas de las cosas más importantes que aprendí es a priorizarse uno, su salud y su familia. Después viene el trabajo».

Celebraciones de aquí y de allá 

«El 17 de mayo es el Día Nacional de Noruega. Todos salen a la calle a festejar, es el más importante de año. Hay desfiles de las escuelas y sus bandas. La jornada empieza con un desayuno con champán (champagnefrukost); después, como a las 10.30, la gente va a la zona del palacio a ver el desfile; como a las 13 o 14 va a almorzar; y al final muchos vuelven a la zona céntrica para estar en ‘la movida’.

«La verdad es que estar festejando un día así de otro país me dio un poco de culpa, por más de que realmente es algo casi inevitable. Todos salen a la calle, organizan eventos y te invitan. Y bueno, a partir de esto empezamos a festejar el 25 de mayo mucho más que cuando estaba en Argentina. Como para ser justos y tener a nuestro país más presente. La última vez nos juntamos en la casa de unos amigos argentinos que tienen patio y comimos empanadas y choripanes -con unos chorizos españoles, fue lo único que conseguimos- y de postre panqueques con dulce de leche. Ese día todo tiene que ser argentino: la música, las bebidas y la comida».

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