Osvaldo “Coni” Cherep: es abogado pero no ejerce, periodista en stand by, funcionario y “opinador serial”, según su propia y divertida autodescripción en su blog.

 

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Luis Cetraro.

Escribió un libro, tiene dos hijas y plantó un árbol -no en ese orden- en la puerta de su casa. “Planté varios árboles, en realidad, pero hace dos años planté un lapacho sobre la vereda de mi casa”, cuenta sonriendo.

 

En una entrevista descontracturada con Nosotros, mate de por medio, habló del presente, de su mirada renovada sobre la vida, de cómo ve el rol del periodismo en la actualidad y sobre el hecho de escribir.

 

“Creo que los hijos le dan un objetivo a la vida. El nacimiento de mis hijas le dio otro sentido a la mía”, describe. En esa redefinición, explica que sus hijas ocupan hoy el lugar central de su vida: “le dan un real objetivo a cada amanecer”.

 

Se detiene y filosofa un poco “si uno se pone a pensar bien, si vamos a discutir la pura cuestión existencial, no tiene mucho sentido todo lo que hacemos. Es como un camino sin objetivos. En mi caso, ese objetivo me lo dan mis hijas. Ya no hablo de realizaciones, quiero vivir el máximo tiempo posible para acompañarlas lo más que pueda”, afirma, categórico. “Un hijo te corre el eje. Ya no sos lo central en tu vida. Todo lo que hacés, lo hacés considerando la existencia de otro ser, de esa otra persona”.

 

En esta nueva mirada que le depara el disfrute de la vida, desde no hace mucho tiempo, elige estar cerca de los afectos y no desperdiciar ningún momento posible y, más reflexivo, sostiene que un periodista no debería ocupar ciertos lugares.

 

“Durante mucho tiempo tuve un trastorno de ansiedad que me generaba situaciones de mucha angustia permanente, de muchos miedos. Desde hace un tiempo, elijo disfrutar del presente. Me desprendí de eso de preocuparse por lo que vendrá, sin tener ninguna certeza sobre qué es lo que viene”, explica.

 

La radio como pasión

 

Se confiesa fanático del fútbol, desde muy chico. Con su primo -Claudio Cherep- jugaban a las figuritas y potreaban alegremente en el barrio, siendo “Coni” el relator de esos partidos. Soñaba con ser relator de fútbol.

 

“La radio siempre me fascinó. Fui un gran oyente de radio desde muy chico. Con 11 ó 12 años iba escuchando con el audífono la radio hasta antes de irme a dormir. El mandato familiar indicaba otra cosa: yo tenía que ser abogado. Pero siempre soñé con la radio. Estudié y me recibí de abogado. Ejercí un tiempo pero tenía esa dualidad de querer hacer radio. Y un buen día tuve que decidirme, si continuaba con abogacía o seguía mi vocación. Ahí fue cuando dejé la profesión y me dediqué al periodismo”, resume.

 

“Después de jugar al fútbol, que nunca tuve ningún talento para eso, mi sueño era conducir un programa de radio”, define, entre risas.

 

Finalmente, ya afianzado en el medio radial, y vinculado con la política y la cultura, el sueño de relatar partidos no se cumplió.

 

“Desde la facultad me fui vinculando y conociendo casi todos los ámbitos de la radio hasta que un día, me tocó conducir un programa. Conduje el programa de la Ful y después hicimos un programa de adolescentes, mientras yo era estudiante. La decisión de ser un profesional de la radio la tomé en el año 98, 99 después de dos o tres años de ejercicio de la profesión. Ahí tuve una oferta para armar la FM de LT 10, oferta que me la formula Julio Schneider, quien es el actual ministro de Obras Públicas. Y ahí vino la ‘tragedia’ de anunciarle a mi viejo que yo quería dejar la abogacía para hacer radio”, recuerda.

 

Ganó su pasión por el oficio periodístico a la profesión y al mandato familiar. Y nunca se arrepintió.

 

“Me siento muy lejos de la profesión de abogado, creo que no podría retomarla. Si hay un lugar que siento ajeno a mí es ese. Y supongo que siempre sentí ajena la abogacía”, confiesa. “De todas maneras, la universidad, la formación universitaria, te sirve siempre. El paso por la universidad, cualquiera sea la carrera, le da al comunicador una base fundamental”, sigue. “Creo que la facultad te muestra el nivel de desconocimiento que uno tiene. Te enseña a conocer la dimensión de la ignorancia que uno tiene. Cuanto más sabés, más te das cuenta de los profundamente ignorante que sos”.

 

La función pública

 

“En el último tiempo, antes de entrar a la función pública, sufrí un gran desgaste. Hacía televisión, hacía radio, tenía un portal, tenía una productora… Así que cuando llegué a la gestión pública, llegué por una decisión personal y con una necesidad de cambiar de aire, porque estaba muy agobiado y agotado por la exposición. Y a partir de ese momento, algo cambió en mí y le dediqué más tiempo a escribir. Pasaba mucho tiempo en el aire, entre televisión y radio y escribir había quedado relegado”, explica Cherep.

 

Pero esa materia pendiente se convirtió en necesidad.

 

“Este cambio consiguió que mire la profesión periodística con un poco más de comprensión y piedad, sobre los límites que tenemos, sobre todo en las provincias”, se explaya.

 

El segundo capítulo de su libro “Razones y sensaciones”, habla de una lectura actual del medio, las dificultades de la comunicación y lo difícil que es vivir de esto.

 

“Como es incompatible con el cargo hacer radio y televisión, descargué mucho escribiendo”, prosigue.

 

Extraña “horrores” hacer radio, pero esta faceta de escritor le gusta mucho, y la disfruta.

 

“Acá encontré un gran ámbito de trabajo, donde puedo mantener un bajo perfil. En ese sentido el gobernador me cuidó mucho, me brindó un espacio donde no tuve la necesidad de exponerme públicamente. No soy un funcionario puro, soy un funcionario casi técnico. Pero tengo ganas de volver al ruedo. Quiero volver a los medios, pero con el aprendizaje de los errores que no quiero volver a cometer”, adelanta.

 

Sostiene que el fragor del día a día en el periodismo desgasta mucho. “Uno a veces como periodista ocupa lugares que no tenemos por qué ocupar. Y se pone sobre nosotros una carga que no tenemos por qué cargar. No somos jueces, no somos defensores del pueblo. Y muchas veces en ese lugar de tirantez en el que te pone la sociedad, uno termina comprometiéndose emocionalmente con cosas que ninguna otra profesión te exige que te comprometas”, reflexiona.

 

Este tiempo que lleva en la función pública, que le brindó un oasis de calma, también le permite la introspección para ser profundamente autocrítico consigo mismo: “Me di cuenta que tuve un conjunto de errores estos años, que van desde haber opinado apresuradamente sin conocer realmente cómo funcionan las cosas… Tomar posición sobre algo… ¿por qué tengo que tomar posición? Eso tiene que ver con el ego, con la necesidad de sobresalir… Y como periodistas debemos corrernos de ese lugar central que nos asignan, porque no lo ocupamos. Los lugares centrales los ocupa otra gente, que no tiene ninguna exposición”, afirma Cherep.

Su primer libro

 

“Coni” escribe desde siempre, tiene un blog donde despunta el vicio -en el que se autodefine como “opinador serial”, en una humorada sobre sí mismo- donde desgrana sus ideas sobre muchos y variados temas.

 

“En el blog escribo sobre lo que sea. Me hice el hábito de escribir. Una o dos veces por semana escribo una nota y cuido que los textos estén bien hechos. Un texto que tuvo mucha repercusión fue uno que le escribí a Chiqui González en ocasión de haber ganado el premio nacional de Bellas Artes. Me conmovió mucho que le hayan otorgado el premio y la actitud de ella de no aceptarlo como un reconocimiento personal. Esa noche me fui a mi casa y escribí ‘La Chiqui Gonzalez, esa ladrona’, y ese texto tuvo mucha repercusión”.

 

Ese fue el germen que dio vida al libro. “Varios amigos ya me habían dicho que yo tendría que escribir. Y me planteé hacer una recopilación de textos para presentar en la Feria del Libro. Y en media hora, preguntando a los chicos del equipo, ya tenía la decisión tomada de hacer el libro, quien lo iba a corregir, quien me hacía la tapa y quien el prólogo”, cuenta con una sonrisa.

 

Claro que la selección no fue fácil. Descubrió que tenía muchísimos textos y que el 99 % no terminaban de gustarle. “De hecho, me parecían una porquería. En algunos casos, me avergonzaban. Entonces me puse a escribir. Y el libro empieza con la historia de mi infancia, en mi barrio Barranquitas, con el cura Dusso… Tenía también la idea de hacer un ensayo sobre el valor que tiene la libertad de expresión y lo que me permitía ver cómo el periodismo depende de las condiciones de todo tipo, de la pauta oficial, de la pauta privada, de la presión de los gremios, de la presión fiscal, de las dificultades con los dueños… El resto son algunos textos breves que rescaté. Los últimos tres textos son una descripción de los pilares de mi vida: mi familia, mis amigos, los afectos, que se han convertido en lo más importante. Hoy no desperdicio ni un momento que pueda pasar con mis afectos. Es la prioridad. El mundo es muy hostil. Y uno se engancha generalmente con cosas que son ajenas, que nos afectan. Yo no quiero lamentar haber perdido la oportunidad de disfrutarlo”, concluye.

 

Más reflexivo, extraña hacer periodismo, aunque no sabe cómo puede ser esta nueva etapa que se aproxima inexorable. Espera que el público que lo seguía lo reciba desde el medio que escoja que, seguramente, será la radio. Pero ya hay un escritor en su corazón, que también ganó espacio, y que quiere seguir creciendo.

 

Por qué “Coni” es “Coni”

“Es un apodo ‘accidental y amoroso’. Me decía -no aclara quién- cuchicuchi, cunicuni, coniconi. Y alguien lo escuchó en la Facultad de Derecho.  Me gastaron tanto, que quedó. Y un día me presenté como Coni.”, cuenta divertido.