En el teléfono Daniela Tabernig es tan cálida como en escena. En esta nota donde nos cuenta sobre sus sueños y su labor, conocemos un poco más sobre esta extraordinaria soprano.

Textos: Romina Santopietro. Fotos: gentileza de la artista y archivo El Litoral.

Daniela nació en Santa Fe y a los 23 años se radicó en Buenos Aires, dispuesta a construir su sueño y su carrera, para crecer como artista. En una amena charla con Nosotros por teléfono, salpicada de risas y muchas vivencias, recorrió parte de su historia y adelantó sus proyectos.

“Estudié en el instituto de música de Paraná, el Constancio Carmiño. Yo quería cantar. Pero no sabía qué. Entonces, cuando terminé la escuela secundaria, ingresé a la carrera del profesorado de música para formarme. No tenía una formación musical, y no quería estar sin hacer nada, así que me metí en la escuela de música, para tener al menos una noción básica. Ahí tomé contacto con maestros de canto que me señalaron que tenía condiciones para la ópera, y me animaron a probar… Así fue como me relacioné con el Coro Femenino de la ciudad de Santo Tomé, que dirige María Elena Boero. Ella su vez me contactó con quien fuera mi profesora de canto en el Colón… Ahí empecé a viajar a Buenos Aires, una vez por semana a tomar clases. De la mano de Guillermo Optiz, y de la fundación donde se hace música de cámara donde fui becada, fui conociendo cada vez más del repertorio clásico, que es alucinante, enorme… En ese momento me propusieron ingresar al instituto del Colón. Yo no sabía si la ópera era lo mío, a mí me gustaba la música popular, por lo que no estaba del todo segura. Y yo pensé: bueno, voy, rindo y veo qué onda. Si me gusta el mundo de la ópera sigo y si no, después veo qué camino tomo”, recuerda.

Daniela probó y por suerte para los amantes del bel canto, decidió seguir. “Hay que tener mucha confianza en lo que uno hace, en lo uno mismo puede ofrecer. Y lleva un tiempo importante de prueba y error constante, hasta que te sentís preparado. Porque el nivel de exposición es mayor, y generalmente pasa -a veces mucho- que todo el tiempo estás reconfirmando que esto es lo que te gusta… Se dan muchas situaciones que te hacen tambalear. Entonces el deseo tiene que ser muy fuerte para perseverar en el camino que se eligió”.


“Entrenamiento” lírico

“Al comienzo de mi carrera era más metódica, porque necesitaba tener un bagaje técnico, y sumado al hecho de estar cursando la carrera, de tener horarios fijos todas las semanas, te hace construir una rutina. No tengo una rutina fija, depende de si estoy en una producción de ópera que, entre los ensayos y las funciones, lleva más o menos un mes, semanas más o menos. Entonces mi rutina es esa, ir a ensayar”, resume entre risas.

“Después tengo períodos en los que me dedico sólo a estudiar, por ejemplo ahora, que estoy en proceso de estudio de lo que tengo que cantar estos próximos tres meses. Por estos días mi rutina consiste en tomar clases y preparar las obras. Pero no tengo una estructura diaria, de levantarme y hacer siempre lo mismo. De hecho, siempre estoy en falta con los ejercicios que tengo que hacer… ¡No los hago! Pero sí soy muy conciente con mi trabajo. Estudio mucho y soy muy responsable a la hora de ensayar. Me gusta el trabajo duro, no tengo problemas en dedicarle todas las horas a ensayar que sean necesarias”, confiesa riendo. “Una de las cosas que más me gustan de este trabajo es eso, que siempre hago algo nuevo, la libertad que me permite”.

“Como canto en diferentes idiomas, estudio muchas cosas a la vez. Es todo un desafío. Mi trabajo no tiene nada de aburrido. A mí me toca cantar mucho en checo y en ruso, por ejemplo”.

Uno de los roles donde tuvo excelentes críticas fue Rusalka, de la ópera del compositor checo Antonín Dvorák. “Es uno de los roles que me gustan mucho y que más me representa. Cada cantante tiene su repertorio en el cual se luce más, y donde se siente más cómodo. El repertorio eslavo, ya sea el ruso o checo son los que más me identifican”.

Presentación en la fiesta por los 100 años de diario El Litoral.

Soprano de civil

Ante la pregunta de si canta cuando cocina, en la ducha o le gusta ir de karaoke o, por el contrario, cuida mucho su voz, suelta una carcajada cristalina -porque es afinada hasta para reírse- y asegura: “¡Noo! No soy obsesiva con el cuidado de mi instrumento. Lo cuido, pero no soy fanática. Al contrario, muchas veces peco de irresponsable, -más risas- pero sé muy bien cuáles son mis límites. Si estoy en una fiesta, me acuesto tarde y tengo un ensayo al otro día, sé que voy a poder cumplir”.

Declara que escucha de todo un poco cuando no está en funciones. “Escucho de todo un poco, desde rock o heavy metal hasta canciones románticas italianas de los años ‘50… O el cancionero completo de las películas de Almodóvar hasta K-Pop. Me gusta estar todo el tiempo descubriendo distintos estilos. Disfruto mucho investigando y buscando música nueva”.

Asegura estar por estos tiempos muy adentrada en el mundo de lo clásico, pero trata, siempre que puede, de jugar en otros géneros.

“Cada vez que puedo salir de lo lírico e incursionar en lo más popular y buscar otra forma de usar mi voz, lo hago. La idea es poder disolver cada vez más los límites y fronteras que los estilos se autoimponen. La gente que canta música popular o clásica navega entre ciertos límites que estaría bueno que paulatinamente vayan desapareciendo. Al impregnarse un género con otro, se enriquecen y, para mí, eso es el arte. Es transformación. Y eso también forja al artista. Cuando uno comienza a estudiar una disciplina todo es el conocimiento de los códigos y las reglas, el tener métodos para poder conocer de qué se trata realmente. Pero una vez que se tiene todo eso incorporado, llega la parte más divertida: poder romper con lo establecido, para correr los límites y encontrar una propia impronta. Actuar como una fotocopiadora no tiene mucho valor”.


Bombón lírico

En el cumpleaños número 50 de Canal 13, Daniela fue invitada a cantar. Ópera, por supuesto.

“Yo había sido invitada para interpretar arias de ópera en esa celebración y el cierre era con Los Palmeras, así que terminé sobre el escenario cantando ‘Bombón asesino’. Ellos lo subieron a su página web y lo titularon ‘El bombón lírico’. Obviamente, la mayor parte de mi trabajo está dentro del mundo de lo lírico pero todo el tiempo se está relacionando con lo popular. La forma de transitar lo clásico no tiene por qué ser de la forma tradicional todo el tiempo. Y por eso está buenísima esta movida de hacer ópera en lugares y formas no convencionales”, declaró más tarde.


Perfección, excelencia y arte

Daniela sostiene que la perfección es enemiga del artista. “El concepto de perfección limita cualquier expresión. Vas en busca de algo que, para empezar, no existe. El concepto mismo está ligado a una idea que es inamovible. ‘Esto es perfecto, porque es de esta forma’. Pero la búsqueda del artista es propia, única y personal. Limitarte a ir por un solo camino no tiene ningún sentido. Otra cosa es la búsqueda de la excelencia, la búsqueda de la calidad. Siempre tiene que prevalecer la emoción. En el artista y en el espectador. Y las emociones no son perfectas. Eso es lo que lo hace interesante, son las cosas que te hacen un ser humano. Eso es lo que nunca hay que perder. Lo otro, no es arte”, decreta, categórica.


Sueños alcanzados y sueños a concretar

“Interpretar el rol de Rusalka es un sueño cumplido, sobre todo porque es una ópera que no se hace nunca acá en Latinoamérica, y en dos años la interpreté tres veces. Estoy muy agradecida por eso. Creo que el mayor sueño que tenía y estoy cumpliendo es el de poder disfrutar de mi trabajo y hacer mía esta profesión, sentir que pertenezco a la comunidad artística, haciendo lo que me gusta, que es cantar y actuar y vivir de eso. Hoy puedo decir que estoy conforme con lo que me pasa. Sigo en la búsqueda de un montón de cosas, tengo muchas ambiciones, pero me siento una mujer que ya cumplió sueños. Porque para poder hacerlo tuve que enfrentar muchos obstáculos y superar muchas cuestiones personales que por suerte logré resolver, por lo que me siento muy satisfecha”, reflexiona.

“En estos momentos mi intención es desarrollar más mi carrera internacional. Considero que estoy en constante evolución, así que me voy fijando objetivos. El siguiente es instalarme en Europa y comenzar a trabajar desde ahí. Como se vienen dando las cosas, es una idea que funcionaría para mí. Lo importante es que voy descubriendo en qué repertorios mi voz se luce más, y tengo una idea más clara de mí misma como producto, cosa que me costó muchíiisimo tiempo entender y aceptar -risas-. Hoy sé que eso no me define como persona ni como artista. Es parte de las reglas del juego. Es una herramienta más que incorporé y que me suma. Por eso es tan importante que te guste mucho lo que hacés, para no abandonar frente a los primeros obstáculos”, admite.