Esta semana continuamos en un recorrido por Egipto y nos acercamos a su atractivo más importante y misterioso. “Desde lo alto de esas pirámides veinte siglos os contemplan”, es la famosa frase con la que Napoleón se dirigió a sus soldados al iniciar sus campañas en Egipto, muestra la fascinación que siempre han ejercido estas construcciones sobre el mundo occidental.

 

Textos. Vacaciones Felices.

“El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides”
(Proverbio Egipcio)

 

Símbolo por excelencia de la cultura del país del Nilo, los numerosos mitos que en torno a las pirámides se han ido configurando siguen incrementándose, a pesar del rigor de las investigaciones actuales.

 

Y es que no resulta fácil comprender la complejidad de unas construcciones que van más allá de la arquitectura funeraria: la función que realizaba todo el conjunto piramidal, la potente carga simbólica, así como los rituales sacerdotales, la ingente infraestructura necesaria para su construcción y mantenimiento, que incluye una tecnología y unos medios insospechados para la época, son aspectos que dejan ver la extraordinaria cultura de un pueblo en los albores de su historia.

 

ORÍGENES

 

“Egipto es un don del Nilo”, por ello siempre ha sido el egipcio gran observador de los ciclos anuales de su río. No tardó, pues, en relacionar los pequeños montículos de limo fértil que surgían tras el descenso de sus aguas con el nacimiento y desarrollo de la vida. De una primigenia colina sale el sol, iniciándose así la creación del mundo, sus habitantes y demás elementos. La Vida.

 

Antes incluso del período dinástico aparecen ya ciertas tumbas cuya parte visible estaba recubierta por un montículo de arena, símbolo de la aparición del sol, del renacimiento a una nueva vida, y en santuarios muy antiguos, como el de Nejen (Hieracómpolis), ya vinculados a la monarquía, se han podido documentar construcciones de tipo similar.

 

El faraón ya representa al dios creador, y ha de mantener el ciclo vital que da origen a la vida. Nacimiento y renacimiento se funden. Lo que en un principio era solamente una tumba pasa a ser también morada del difunto, y ha de tener en su interior todo lo necesario para la subsistencia.

 

Esta simbiosis aparece ya en la Dinastía I, aunque bajo tierra. La tumba se excava en el suelo. El concepto de un acercamiento a la cúpula celeste, elevación hacia el sol, surge en la Dinastía III, constituyendo toda una revolución, tanto ideológica como arquitectónica.

DINASTÍAS POSTERIORES Y RENACIMIENTO

 

El uso de la pirámide como lugar de enterramiento se siguió utilizando con posterioridad. En las Dinastías XII y XIII se continuaban realizando este tipo de tumbas, aunque debido al uso de abobes y simples cascotes de piedra para la construcción del núcleo y al hecho de haber sido reutilizados varias veces, además de los saqueos sufridos, los restos que permanecen no tienen la espectacularidad de los precedentes.

 

Debido al traslado de la capital administrativa a El-Fayum, la mayoría de estos complejos se encuentran en sus alrededores, aunque varios de ellos se hallan en las cercanías de Menfis, antigua capital.

 

Los monarcas de la Dinastía XVII fueron los últimos en utilizar las pirámides como lugar de su última morada en la necrópolis de la Dra Abu El-Naga. Aunque no quedan restos de ellas, sabemos que eran de tamaño muy reducido, de unos 10 metros de lado.

 

Con la siguiente Dinastía, la XVIII, se utiliza la montaña para la construcción de sepulcros subterráneos, los hipogeos. Fue el propio paisaje del Valle de los Reyes lo que propició la nueva ubicación de los enterramientos: la cima que corona el valle, llamada el-Qurn, tiene forma de pirámide. De nuevo la naturaleza como en un principio hizo con los pequeños montículo de limo, sigue ofreciendo el simbolismo necesario para recrear el ciclo de la creación y la vida.

 

Las pirámides dejan de ser de uso exclusivo de los reyes a finales de la Dinastía XVIII. Vuelven a ser utilizadas pero no por la realeza. En algunas zonas de Egipto y de Nubia aparecen como tumbas de los artistas que construyeron y decoraron el Valle de los Reyes. Realizadas con adobe, huecas, se erigían sobre las capillas funerarias y eran coronadas con un revestimiento calizo sobre el que se grababan diversas escenas del difunto.

RENACIMIENTO

 

A partir del siglo VIII a.C., en Nubia, al sur de Egipto, se forma el poderoso reino de Napata, que durante cerca de cien años va a dominar Egipto, aunque la influencia de éste se deja notar en el uso de la pirámide, que provoca un espectacular renacimiento de la misma, pero tomando como modelo no las grandes estructuras del Reino Antiguo, reales, sino las particulares del Reino Nuevo, de reducido tamaño, con capilla adosada y con la cámara funeraria excavada bajo tierra.

 

Durante unos miles años, aproximadamente hasta el siglo IV de nuestra era, se construyen gran cantidad de pirámides en Nubia y Meroe. En las necrópolis de Djebel Barkal, el-Kurru, Nuri o Meroe se llegan a edificar auténticos campos de pirámides, que llegan a duplicar a las reales egipcias.

 

LA PIEDRA BENDEN

 

Sostienen algunos autores que en un santuario consagrado al dios Ra de la ciudad de Lunu (Heliópolis) se rendía culto a una piedra llamada Benben. Dicha piedra, seguramente un meteorito, tendría forma apuntada, por lo que sería asociada a la colina primigenia de la que sale el sol. Surgiendo de “Las Aguas del Caos”, al igual que los montículos de limo tras el descenso de las aguas del Nilo después de la crecida anual, Benben vendría a relacionarse simbólicamente con el renacimiento del sol, por lo que los faraones del Reino Antiguo, al enterrarse en su representación, las pirámides, se aseguraban su renacimiento diario.

 

La construcción de las pirámides, al igual que los otros edificios de tipo religioso, eran auténticos motores para el desarrollo económico del país. No eran construidas por esclavos como erróneamente se ha mantenido, sino por miles de personas que recibían un salario por parte del estado, lo que mejoraba notablemente sus ingresos en épocas, como durante la crecida del río en las que no podían dedicarse a la agricultura. Toda la infraestructura necesaria para la construcción de las pirámides favorecía la creación de empleo en todo el país.

LA GRAN ESFINGE

 

La Gran Esfinge de Guiza representa al rey con la fuerza de un león y con la inteligencia humana. Fue la primera vez que se utilizó esta estatua como guardián de la tumba real, al lado de las grandes avenidas que sirvieron para abastecer los materiales necesarios para la construcción del complejo funerario.

 

Durante años se pensó que representaba a Jafra (Kefrén), pero hoy se sabe, por la forma más cuadrada del rostro, que no se corresponde con él, por la ornamentación de la corona, de tipo más arcaico, y por el hecho de que su tumba se construyera dando un rodeo para evitarla, que la Gran Esfinge representa a su padre Jufu (Keops), encarnado a Ra cuando surge, pleno de fuerza y poder, por el horizonte.

 

LOS TEXTOS FUNERARIOS

 

Los llamados Textos de las Pirámides son jeroglíficos escritos en las paredes de las cámaras funerarias de los faraones. En ellos se encuentran las frases que el faraón debe pronunciar para lograr su tránsito al más allá, garantizar su purificación y resurrección, perpetuando así su privilegiado status, y ascender a la bóveda celeste para unirse al sol en su ciclo vital.

 

En un principio eran exclusivos para el faraón, pero con el tiempo, hacia el Reino Medio, fueron apareciendo en tumbas particulares, constituyendo los llamados Textos de los Ataúdes, que son el primer conjunto de textos religiosos documentados y cuyo valor para el estudio de la religión y cosmología del Antiguo Egipto es incalculable.