Por Carlos Mario Peisojovich (el Peiso)

 

Antes, cuando los profesores de Castellano nos hacían leer, dejaban de lado las estructuras formales e idiomáticas para decirnos sencillamente “agarren los libros que no muerden” y la consabida “vayan al mataburros”. Aquellos inolvidables maestros de la lengua castellana hicieron que la letra escrita me subyugara para toda la vida con uno de los más maravillosos placeres que tenemos los seres más o menos humanos: la lectura.

 

Que ingratos seríamos si no recordásemos a Luis Di Filippo, Domingo Buonocore y me veo en la obligación de recordar a Raquel Diez Rodríguez de Albornoz una de las fundadoras de la rama femenina del ya mencionado partido COLUMNISTA al que orgullosamente pertenezco. ¡Cómo olvidar la sublime participación con la que ella nos iluminaba a través de El Litoral y nos desasnaba en torno a las dudas de los sinónimos, antónimos, parónimos, la etimología, eufemismos e ideas afines!

 

Volviendo al título de la Peisadilla compartida con ustedes y bajo la tutela del Mataburro, cabe aclarar que ABURRARSE es embrutecerse, o sea que existe el verbo embrutecer, y que según la R.A.E. es “volver torpe y/o tonto. También entorpecer las facultades de los otros”.

 

¡Sorry! (ufff, me atacó la enseñanza del inglés de las Lenguas Vivas y la Cultural) es que no podía con mi genio, y cuando leía el Tarzán de Edgar Rice Burroughs (pronúnciese Burros) no dejaba de pensar no sólo en coincidir en que nos gustaban las monas, también soñábamos con Chita, y no eran Peisadillas, sino en que eran sueños eróticos-lúdicos-festivos.

 

 

“Andando, simplemente andando” como nos decía el ilustre santafesino Alfredo Ariel Carrió (El pájaro carpintero), vienen a mi memoria cuando rememoro mis andanzas por Europa (fueron 20 años y disculpe usted amigo/a lector/a que caiga reiteradamente por el viejo continente, el que avisa no traiciona), la gran variedad de facetas de nuestra cultura que tienen una mayor influencia itálica que hispana en dos manifestaciones artísticas que me apasionan: el cine y la música. En el cine nos deslumbrábamos con Fellini y su “Satiricón”, “La dolce Vita” y etcétera. ¿Y la música? Larga lista, pero destaquemos a un puñadito de aquellos que nos hacían soñar y bailar, y viceversa: Adriano Celentano, Doménico Modugno, Mina, Gino Paoli, Tony Dallara, el culpable del “Come Prima” que no era sacar a relucir nuestros improbables y por supuesto inconfesables instintos antropofágicos que nos empujasen a morfarte a la hija de tus tíos, nada más lejos, Tony cantaba a la nostalgia: “Como antes”.

 

Otra de las manifestaciones culturales es la política como arte (¿de lo posible?) que en nuestra historia contemporánea desde la península italiana se llevó a cabo: el “Mani Pulite” para limpiar y barrer con la mugre de “La Cosa Nostra”. Ojalá nuestros actuales responsables de impartir las decisiones y llevarlas a cabo lo hagan con las manos limpias y sin la necesidad de meterlas en la lata ni con guantes blancos.

 

Muchas veces juzgamos a los libros por las portadas, acá lisa y llanamente “tapas”.

 

Abramos sus tapas, acariciemos sus hojas y permitámonos entrar en sus letras, envolvámonos en sus historias, sus olores. Esas hojas nos hablan, sus manchas, sus marcas y sus cicatrices nos hacen cómplices de una vida en común. Ellas están llenas de lágrimas, de café, de tabaco, de mate y otras yerbas.

 

 

Nos vemos en septiembre en nuestra Feria del Libro, también en La Rural… Muuuuuchas gracias! Fine.