Detallista, prolija y muy ordenada, Nadia Novillo explota todas sus virtudes en un trabajo novedoso pero cada vez más conocido: el de organizadora profesional. A partir de hoy la sumamos a Nosotros, para que semana a semana nos de tips y recomendaciones a fin de poner cada cosa en su lugar. Antes, la presentamos en esta nota.

 

Textos. Revista Nosotros. Fotos. Flavio Raina.

 

Desde su cuenta de Instagram “Loca por el orden” (“loca” de apasionada, no de obsesiva; se encarga de aclarar) Nadia Novillo presenta su trabajo, el de organizadora profesional y ofrece tips para ayudar a sus seguidores con el orden cotidiano. Esto incluye la organización del primer cajón de la cocina hasta la disposición de la valija cuando se acercan las vacaciones.

 

 

Desde hoy sumamos a Nadia a nuestra revista, desde una columna semanal ella compartirá con Nosotros sus secretos y recomendaciones para poder lograr espacios ordenados que a su vez impacten en una vida más armoniosa. Antes, charlamos con ella para conocerla y saber de su trabajo.

 

– ¿Cómo empezó está “pasión” por el orden?

– En realidad yo siempre fui súper ordenada, desde chica. Si yo me remito a mi infancia, tenía todos los juguetes en su caja, incluso los conservo hasta el día de hoy y los voy regalando impecables a mis sobrinos e hijos de amigas. Tenía siempre ordenado todo por color, de mayor a menor; era muy prolija y cuidadosa de mis cosas.

 

A los 22 años me fui a vivir sola, y si bien vivía en un departamento de estudiante estaba todo divino, impecable y tenía algunos hábitos. Por ejemplo, sonaba el despertador a las 6 de la mañana y mientras calentaba el agua para el mate, ya ponía el lavarropa y lavaba lo que había desayunado; si había quedado algo en el secaplatos de la noche, lo guardaba; y hacía mi cama. Entonces me ponía a estudiar a las 6.30 pero la cocina ya estaba impecable, el lavarropa en marcha y todo así. Pensaba que todo el mundo era así, me daba cuenta que no era común cuando mis amigas me lo hacían notar o cuando llegaba alguien de visita.

– ¿Cuándo te diste cuenta que esto podía convertirse en tu profesión?

 

– En el 2007, ya vivía en un departamento propio, muy acomodado; un día -siempre buscando la mejor forma de tener todo ordenado- quería encontrar una forma de guardar los pañuelos y las chalinas. Busqué en Google y me aparece por primera vez el nombre de Marie Kondo, la gurú y reina del orden. Ella es una mujer japonesa que revolucionó todo. Tiene dos libros: “La magia del orden” y “La felicidad después del orden”. Entonces conseguí el libro; lo compré a la mañana, me puse a leerlo a la siesta y terminé de leerlo a las 3 de la madrugada. No podía dejarlo. Me despertó una cosa de querer ordenar todo.

 

Kondo tiene un método de doblado vertical que se llama Konmari que aplica no solo a las prendas sino a toallas, manteles, servilletas. Su secreto es que quede todo a la vista; porque lo que no se ve, no se usa. Además, para generar una armonía y orden visual de manera unificada usa unas tablas de referencias de doblado. Después de leer este libro empecé a aplicarlo en mi casa y a doblar todo así.

 

Unos años después puse en venta mi departamento y cuando venía gente de la inmobiliaria decían “¡Qué divino, qué ordenado!”; y empezaban a abrir placares, cajones, alacenas… Ocurría que la gente en vez de mirar la propiedad quedaba fascinada con mi orden.

 

 

También pasaba que siempre estaba ayudando a una amiga. Si se casaba, le organizaba el día de su boda, la invitaba a que venga a vestirse a mi casa, le preparaba todo mi dormitorio para que se sienta cómoda, la acompañaba a comprar las cosas para su casa, la ayudaba a preparar la valija para su luna de miel. Era algo que no podía definir muy bien pero todo el mundo me empezaba a decir “Vos te tenés que dedicar a esto”. Yo decía: “¿Qué es esto?”. Soy muy perfeccionista, de estar en los detalles o en lo que parece que nadie ve pero yo si veo. Así fue que se empezó a dar, y esto que hacía por gusto, de onda, comenzó a trascender y de a poco se transformó en mi profesión.

 

 

El concepto de las organizadoras está instalado ya desde hace algunos años en Estados Unidos, en Brasil y en España. En Buenos Aires es un concepto bastante más nuevo pero ya hay te diría cuatro organizadoras súper reconocidas; una de ellas es con la que yo me formé, tomé cursos, hice workshops, etc.

– ¿Cuáles son los obstáculos más comunes para el orden?

 

 

– El gran problema no es el espacio ni el tamaño, el problema es el exceso de cosas, la acumulación. Ahora por ejemplo existen lugares, ferias, en las que podemos vender la ropa que ya no usamos. Está comprobado que usamos el 20 por ciento de las prendas que tenemos en nuestro vestidor. Por eso esto del orden está muy relacionado con el trabajo de las asesoras de imagen. Yo digo que las mujeres tenemos el placard repleto de “nada que ponernos”. Hay que dejar de guardar ropa que ya no nos va, que no nos queda cómoda, que es de colores que no nos sientan bien. No hay que tener prendas que guardamos por culpa, porque nos la regaló mamá, una amiga, etc. Lo mismo pasa con los zapatos. También se da la misma situación en la cocina, a veces tenemos utensilios o electrodomésticos repetidos que no son necesarios.

 

 

Por supuesto que una organizadora nunca puede imponerle al cliente que se desprenda de un objeto, pero si puede hacer algunas preguntas para encaminarlo en esta idea de pensar para qué se siguen guardando ciertas cosas.

 

– ¿Qué cosas se suelen encontrar en las organizaciones que hacés?

 

– Es un popurrí de cosas el que aparece. Es muy común abrir un vestidor y que aparezca un juego de cubiertos, regalo de casamiento, que nunca se uso. O encontrar sombreros de cotillón que se trajeron de alguna fiesta, o adornos de la torta de cumple de los chicos; todo ahí donde deberían guardarse las remeras. Lo mismo pasa en el primer cajón de la cocina, hay de todo. En las casas en las que hay niños se suelen encontrar una gran multiplicación de vasos, es típico.

 

Otra cosa muy común que suele pasar en las casas es que cuando se rompe un electrodoméstico, se va y se compra otro, pero el roto se sigue guardando; no se con qué objetivo. En el trabajo salen cosas muy positivas, muy graciosas y muy anecdóticas. Cuento esto porque suelen ser situaciones comunes pero es muy importante para mi la confidencia y la discreción para con las personas que me contratan porque me abren las puertas de su hogar.

 

Un gran recurso que uso también es el jugar con fotos del antes y el después. Cuando mis clientes las ven las fotos me dicen “¿Cómo pude vivir tanto tiempo así y no me daba cuenta?” o “Hiciste magia”. Cuando uno establece categorías, pone en el placard lo que va en el placard, en la cocina lo propio, los libros donde van… el lugar siempre aparece. Hay que utilizar recursos para maximizar los espacios que tengamos, aunque sean reducidos. Siempre tenemos alternativas, podemos vivir en un pequeño departamento y estar organizados. Hay que desmitificar esto de que para que esté todo ordenado hay que tener una casa de revista.