¡Qué risa me dio el día que entré a la oficina de un poderoso gerente, y tenía un cartelito que decía “Los 10 antimandamientos del liderazgo”!

Por: Psic. Gustavo Giorgi.

En general, esperás que haya cuadritos de Molina Campos, Milo Lockett o no sé… alguna frase de trabajo en equipo… pero este caso sí que me pareció original. Está bien que Mario no es como un gerente promedio, o tal como la mayoría piensa que debería ser. Lo creo un tipo muy seguro de sí mismo. Tanto, que no repara demasiado en algunos formalismos o temas protocolares: llega a la ofi en una bici plegable con un casquito de color naranja. En su despacho, usa unas sandalias de plástico con nombre a onomatopeya de ranas y al momento de hablar combina de forma peculiar sofisticados modismos con crudos términos barriales.

Considerando eso, la verdad es que un cartel con las antirrecomendaciones no llama demasiado la atención…
Como comprobarán, en el mismo se hallan los principales consejos que llevarían, desde el punto de vista de esta persona, al fracaso más rotundo como líder. Me pareció tan bueno, que hoy decidí compartirlo con ustedes.

1. Te entrometerás en la vida privada de tu personal

La mayoría de los líderes bien intencionados buscan el bienestar de las personas a su cargo. Sin embargo, muchos de ellos se confunden y van más allá, intentando tener una participación activa en la vida íntima de cada quien.

Sin dudas que un empleado mostrará mejor rendimiento si cuenta con una vida de relación saludable y equilibrada, pero si ello no sucede, no habilita a brindar consejos o prestar opiniones de tono moralistas tendientes a orientarlo en el amor.

Las consecuencias serán que las personas se tornarán reticentes a hablar de aquellos aspectos sensibles de su vida, convirtiéndose así en una suerte de autómatas burócratas que solamente ven al trabajo como una actividad puramente individual.

2. Transforma a tus empleados en cómplice de tus mentiras a clientes y proveedores

El agrado del personal propio no se alcanza siendo desleal con terceros. Más bien por el contrario. Cuando los empleados ven este tipo de conductas, y se sienten usados como testigos involuntarios de esta situación espuria la incomodidad es manifiesta, y es más, tampoco pueden expresarla por el temor a ser sancionados material o simbólicamente.

3. Reconoce el trabajo de tus subalternos solamente cuando renuncien

La idea de algunos es que no vale la pena felicitar cuando la tarea está bien hecha bajo el paraguas de: “Para eso se les paga”. Hablo de dar un caluroso recibimiento a aquellas metas que se presentaban complejas y que se lograron alcanzar. Utilizando una metáfora del fútbol, me refiero a esos goles complicados de hacer, hasta que alguien decidió patear de afuera del arco y vulnerar la defensa.

Su colmo: hacerlo solamente cuando el empleado se cansó de estos hechos y decidió migrar hacia otros lares. El elogio no solo que llega tarde, sino además se percibe como una peligrosa burla.

4. Habla mal de tus actuales y ex empleados

Denigrar a colaboradores actuales a sus espaldas pretende alcanzar un efecto doble: por una parte, se intenta obtener por vías enfermas información, rumores o chismes de otro. Y además, busca amedrentar al interlocutor, poniéndolo en conocimiento de que “El jefe puede saber todo lo que quiera de sus empleados”, de cualquier forma.

5. Critica constantemente a tu competencia

“Hablar mal de tus competidores equivale a hablar mal de ti mismo”.

Tener competidores nos mantiene despiertos, activos y nos da la cotidiana oportunidad de generar nuevas cosas por medio de esa “molestia” que causan nuestros rivales en la lucha por el amor de los clientes.

6. No pagues tus deudas, pero alardea con tu gente de tus gustos caros

En sí mismo el hecho de deber a otro no debería ser motivo de jactancia. Sin embargo, el truco aquí pasa por minimizar esta situación y, lejos de avergonzarse por ella, restarle importancia, redoblando la apuesta: Mostrar una posición de desinterés absoluto por la deuda y en simultáneo creer que será digno de respeto y admiración si adquiere una cara marca de reloj o toma una champaña de 100 dólares.

7. No se preocupe por aprender

Con la excusa de: “No me hace falta estudiar nada. Los títulos no sirven. Es solo la intuición la que cuenta para llevar adelante un negocio” se produce un paulatino deterioro en la capacidad de gestión que los subalternos padecen a diario.

Muchas veces ocurre la graciosa situación que el líder intenta explicar de forma muy rudimentaria algo que sus dependientes ya resolvieron hace rato, utilizando conceptos, herramientas y sistemas muchísimo más eficientes, a los que accedieron estudiando.

8. Instale el miedo en su personal como un método de fidelización

Frase típica a ser utilizada en estos casos. “Afuera la cosa está muy brava. Tenés suerte de tener trabajo acá”.

9. Prometa utopías

Una cosa es construir una visión inspiradora para la compañía y otra es delirarse en una panacea imposible de creer.

Los colaboradores no son tan ingenuos para sostener una ilusión a mediano plazo. A lo sumo, podrán hacerlo durante un corto período luego de su ingreso, lo que es lógico pues aún desconocen las limitaciones de la organización pero una vez que transcurra un plazo razonable comenzarán a darse cuenta del poco criterio de realidad de la propuesta y el sentimiento de frustración se elevará dramáticamente. Usted, como líder, tiene la responsabilidad de guiar a sus supervisados de forma emocional pero sin descuidar los aspectos racionales en el camino. De lo contrario, lo tomarán por lunático, mitómano o poco creíble.

10. Pague sueldos miserables

“Aquí se les paga con conocimiento y experiencia” es algo propio de los hospitales o entidades sin afán de lucro. En las mismas, los profesionales se insertan y cumplen sus tareas con agrado porque entienden que es parte de su deber devolver algo a la sociedad que los avala en el ejercicio de su título profesional. Pero la realidad en las empresas es otra. No se engañe. Las personas que realmente valen la pena y que harán la diferencia podrán percibir una remuneración baja en los albores pero resulta condición sine qua non que a medida muestren avances en su trabajo sean reconocidos materialmente por medio de un salario justo y acorde al nivel de su desempeño y responsabilidades.