El ex delantero de Colón y River recibió a El Litoral en Alemania. Juega en Leverkusen pero vive en Colonia, una ciudad que -dice- “recorrí de punta a punta y me encanta”. Del idioma dice que va a clase, “pero una vez por semana y me dijeron que debía ir dos”. El otro lado de una charla con Lucas Alario.

Textos. Enrique Cruz (h) (Enviado Especial a Alemania). Fotos. El Litoral.

En Alemania todo funciona correctamente y bien. Si para muestra vale un botón, va esta anécdota ocurrida en la estación de trenes de Leverkusen. La salida hacia Colonia era a las 19.41, pero el tren no llegaba.

 

Un alemán de buen manejo del español escuchó el planteo de dudas que hacíamos porque se había cumplido el horario y el tren no se divisaba y nos dijo: “A veces los trenes no son puntuales en Alemania”. La cuestión es que el tren llegó a las 19.45, cuatro minutos después de lo previsto y por eso ese tilde de impuntualidad que a nosotros nos sorprende y provoca admiración.

 

 

Todo funciona de una manera correcta, civilizada, ordenada y organizada. Por eso, en Alemania se llenan los estadios y concurren las hinchadas visitantes que apenas se separan de la local por un vallado policial, cinco o seis de cada lado, “por si las moscas…”. Y nadie puede decir que no existe la pasión, porque las hinchadas cantan, protestan e insultan como en cualquier estadio de la Argentina. Pero en paz y con respeto. ¿Costará tanto conseguirlo?

 

El Bayer Leverkusen es un club medio de Alemania, ni grande ni chico. Tiene un estadio muy coqueto, con capacidad para 30.000 espectadores y que, naturalmente, se llena cada vez que el equipo juega. El director deportivo es el inolvidable Rudi Völler, campeón del mundo con Alemania en 1990, subcampeón en 1986 y entrenador de la selección que perdió la final del Mundial de Corea-Japón ante Brasil. Es el actual “lugar en el mundo” de Lucas Alario, un tostadense que se adaptó rápidamente a un país distinto y a un fútbol también especial, pero que no deja de extrañar aquellas cosas que lo hicieron muy feliz en su ciudad natal y en Santa Fe, cuando llegó con el bolsito lleno de ilusiones a jugar en Colón.

 

– ¿Cómo te las arreglás con el idioma?

 

– Me dijeron que vaya dos veces por semana a clase, pero voy a una. Es difícil el idioma, hay muchos dialectos. Me complica un poco en el vestuario, con los compañeros, pero por suerte hay sudamericanos que me dan una mano muy grande y me ayudan muchísimo. Igualmente, soy de los que se va a entrenar a la mañana temprano, cuando empezamos a las 10 y media y quizás me quedo hasta las 3 de la tarde, “chacoteando” con mis compañeros y haciendo amistades.

 

– ¿Es lo más difícil?

 

– Sí. Y a esta altura del año, el frío. Por eso pienso en traer a mi familia cuando haga calor. Por ahora vinieron algunos amigos a quedarse conmigo en los primeros tiempos.

 

– ¿Y el fútbol?, ¿hay diferencias?

 

– Uno ve en la tele y piensa que en el fútbol europeo se corre menos y no es así, la pelota nunca sale, es todo dinámico, todo por abajo, es todo pase, pase y pase, juegan todos bien y de primera. Si no tenés la pelota, estás obligado a correr. Las cualidades técnicas y físicas deben ser impecables. Me gusta la Liga, hay equipos muy competitivos, llevo tres meses y la he pasado bien. Quiero meterle para adelante para seguir mejorando.

 

– ¿No te achica el hecho de tener que verlo desde el banco?

 

– Para nada, me obliga a seguir trabajando. A veces juego de titular y he tenido partidos en los que arranqué de entrada y otros en los que entré desde el banco. También hubo algunos en los que directamente no entré, pero lo tomo con tranquilidad y sé que, en la semana, mi fuerte tiene que ser el entrenamiento, darle muy duro y cuidándome mucho.

En la intimidad de su hogar, el delantero recibió a el Litoral.

– ¿Y cómo fue ese primer gol?

 

– Llegué y no podía jugar, porque River no enviaba el transfer. Una vez que tuve la habilitación de Fifa, el técnico me puso y a los 20 minutos pude convertir, eso me sirvió mucho desde lo anímico.

 

– ¿Cómo es la relación del jugador con el hincha?

 

– Vos fuiste a la cancha y pudiste apreciarlo. La gente apoya, alienta, pero siempre con respeto. Acá no vas a ver alambrados, ni pulmones que separen a las hinchadas ni nada de eso que tanto se ve en el fútbol argentino. Las hinchadas están juntas, no vas a ver a nadie tirar un botellazo o un piedrazo. En la calle es igual, se vive con mucho respeto y es la gran admiración que me estoy llevando de este pueblo.

 

– ¿Cómo es un día de Lucas Alario en Colonia?

 

– La ciudad es hermosa, la he conocido porque recorrí bastante y estoy cerca de otras grandes ciudades que he visitado, como París. Los días que no tengo clase de alemán, son los que más tarde llego a mi casa. Como te decía, a la mañana entrenamos 10 y media y vuelvo como a las 3 de la tarde. Son los días que aprovecho para quedarme un rato más con mis compañeros. El club es bárbaro y no tenés que preocuparte por otra cosa que no sea jugar.

 

– Pero se extraña…

 

– Y sí, por supuesto, no te lo puedo negar. Esto es muy lindo, pero la familia, los amigos y la tierra propia tiran mucho. Los veré seguramente porque pienso viajar unos días, pero enseguida tendré que volver porque acá la actividad casi no se para.
Lucas Alario vive en pleno centro de Colonia, en un amplio y cómodo departamento, bien amoblado y con su familia siempre presente en esos retratos con las imágenes de los seres queridos que lo acercan a su Tostado natal. Muy cerquita hay una plaza que parece más italiana que alemana, rodeada de algunos edificios que se asemejan a un centro cívico. El día previo a la entrevista, la ratificación de lugar y horario se demoró porque era domingo y debió cumplir con un evento organizado por el club. Lucas sabe que su vida, ahora, se reparte entre el entrenamiento, los continuos partidos y también las actividades sociales que el club organiza. De todos modos, nada lo puede sorprender. Es primer mundo y Alemania es un país en donde todo parece estar previsto y organizado.

 

En la intimidad de su hogar, el delantero recibió a el Litoral.