Luz mala


Al igual que los peligrosos rayos UVA y UVB, la luz azul que emiten los dispositivos electrónicos también contribuye al daño de la piel. Este fenómeno, que se conoce como “envejecimiento digital” o “digital aging”, se puede prevenir. En adelante, claves para cuidarse.

Textos. Georgina Lacube.

Sin duda, en este siglo, la piel se ha convertido en el blanco de muchos ataques. Ocurre que ahora no sólo es afectada por la radiación ultravioleta, la contaminación y el estrés oxidativo, sino también por la luz azul que irradian dispositivos digitales como computadoras, tablets, televisores LED y teléfonos inteligentes. Aunque las estadísticas revelan que una persona pasa 9 horas mínimas frente a este tipo de aparatos, lo cierto es que hoy en día es imposible calcular el tiempo que estamos sobreexpuestos a la acción de lo que se conoce como High Energy Visible (HEV) Light, nada menos que una forma de luz visible que tiene una longitud de onda de entre 380 nm (nanómetros, la millonésima parte de un milímetro) y 500 nm, lo que la convierte en una de las más cortas y de más alta energía.


Cabe aclarar que esta radiación no sólo proviene de la tecnología. Se estima que un 30% de la radiación que el sol emite entre las nueve de la mañana y las ocho de la tarde es luz azul, pero ese porcentaje no supone un riesgo para la salud cutánea como sí ocurre con las fuentes artificiales (luces Led y pantallas). La clave para saber si la luz azul puede suponer un riesgo para la piel está en el grado de exposición que necesita esta radiación para generar un daño. Estudios recientes indican que se tendría que mirar el celular durante 48 horas seguidas para generar la dosis de luz azul que pigmenta la cara por ejemplo.


Por otra parte, se sabe que las personas que tienen más riesgo de sufrir una híper pigmentación por luz azul son aquellas con un fototipo alto (pieles morenas), ya que sus células tienden a producir más melanina, las mujeres embarazadas y aquellas que se someten a peeling o procedimientos de resurfacing en el rostro ya que su piel está más sensible durante un tiempo a la radiación luminosa.


Por lo expuesto, queda claro que la nocividad de la luz azul sobre la piel es contundente y se traduce en la aparición de manchas, puntos negros y poros dilatados, pero además provoca daño en cada una de las capas de la piel y acelera la producción de radicales libres, que atacan el colágeno y la elastina que la mantienen firme y tensa, o lo que es lo mismo, libre de las tan temidas arruguitas.


Por lo expuesto, es necesario tomar medidas preventivas que, además de cuidar la piel del sol, nos blinden contra la contaminación electromagnética y luminosa. Ahora bien, ¿Cómo hacemos para vivir conectados sin dañar la dermis? La principal medida para esto es incorporar a la rutina diaria un producto específico para la protección de la luz azul y ambiental.


Recién salidos al mercado, estos cosméticos cuentan con bluescreen y nanosferas -vehículos que permiten que las sustancias lleguen a las capas profundas de la piel- con vitamina A y E y poderosos bioactivos que protege el ADN de las células y acelera la renovación celular. Gracias a esta composición, favorecen la elasticidad, previenen el envejecimiento y tienen acción antioxidante.


Como complemento, lo ideal es usar antioxidantes como el suero de vitamina C y protectores solares minerales que contengan óxido de zinc y/o dióxido de titanio. El maquillaje también puede actuar como una barrera entre nuestra piel y la luz azul u otras energías infrarrojas emitidas por dispositivos modernos. De todos modos, está claro que la mejor manera de protegerse de los efectos de la luz azul es limitar la exposición.


Por supuesto que previo a esto siempre se recomienda hacer una consulta con el dermatólogo, quien determinará cuál es el producto indicado para nuestra piel.


A continuación, algunas pautas para disminuir las consecuencias negativas:

  • Aparte de proteger la piel con productos indicados, está bueno poner en práctica algunos consejos útiles para atenuar los efectos de las aplicaciones tecnológicas en nuestro organismo.
  • Una regla básica es preservar de dispositivos los lugares donde descansamos. Una regla básica que, además de contribuir al cuidado de la piel, previene las alteraciones en el ciclo del sueño y evita el insomnio.
  • Desconectar todos los dispositivos digitales cuando no se estén usando para evitar la contaminación electromagnética que afecta al cuerpo y al planeta.
  • Mantener el celular alejado de la cabeza y del cuerpo cada vez que se pueda.
  • Descansar la vista de la pantalla de la computadora con frecuencia. Si es posible, aplicarse gotas oftalmológicas nutritivas. – No abusar de la contracción de los párpados para evitar las arrugas antiestéticas alrededor de los ojos.
  • Realizar actividades al aire libre es recomendable para mantener contacto con los elementos naturales que nos equilibran. Se estima que, en promedio, pasamos entre el 80 y el 90 por ciento de nuestra vida aislados de la naturaleza, en habitaciones cerradas y con aire acondicionado, en casa o en el trabajo rodeados de materiales artificiales. Disfrutar conscientemente de la naturaleza y pasar tiempo en ella nos hace funcionar de manera óptima.
  • Sacarle provecho a la noche, que es cuando los mecanismos naturales de reparación y desintoxicación de la piel alcanzan su pico, para hidratar y nutrir.
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