El hombre entra en el autobús, se aproxima a una butaca libre y se sienta con las piernas abiertas, invadiendo el espacio de la pasajera a su lado. Lo que parece natural a algunos, para otros representa un claro caso de “micromachismo” que tiene su propia denominación y, desde hoy, una campaña para erradicarlo.

 

Por Pablo Sanguinetti
dpa

El Ayuntamiento de Madrid anunció que los autobuses de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) incorporarán un nuevo pictograma contra el llamado “manspreading” (neologismo formado por los términos “hombre” y “extenderse” en inglés), adoptando así una propuesta presentada los últimos días por plataformas feministas.

 

“La misión de este nuevo icono pictográfico es recordar la necesidad de mantener un comportamiento cívico y de respetar el espacio de todo el mundo a bordo del autobús”, explicó el ayuntamiento en un comunicado difundido esta semana.
La iniciativa surgió del colectivo feminista “Mujeres en lucha”, que la semana pasada comenzó a juntar firmas en la plataforma Change.org para poner fin al “manspreading”.

 

“No es cuestión de mala educación, sino de que tal vez a las mujeres nos han enseñado a sentarnos con las piernas muy juntas (como si tuviéramos que sujetar algo entre nuestras rodillas) y a los hombres les han transmitido una idea de jerarquía y de territorialidad, como si el espacio les perteneciese”, argumentaba la petición.

La idea está lejos de ser una ocurrencia local. El término “manspreading” (traducible como “despatarre machista”, recomienda la Fundación del Español Urgente) fue incorporado al Diccionario de Oxford en 2015 y ya motivó campañas de concienciación sobre el tema en el transporte público de grandes urbes como Nueva York o Tokio.

 

“Este es el principio del final el ‘manspreading’”, dijo hoy a la agencia dpa la joven twittera de 22 años que está detrás de Microrrelatos feministas y que inició la búsqueda de firmas, algo sorprendida por el éxito de su idea. “No vamos a parar. Vamos a llevar la iniciativa a otras ciudades como Barcelona”.

“Muchas chicas me lo comentaban y me mandaban fotos”, había explicado ya la joven. “Ya que en los autobuses hay carteles para ceder el asiento a embarazadas, también podrían poner otros para que se respete el espacio público”. Es exactamente la decisión que terminó adoptando el Ayuntamiento de Madrid.

 

Muchas de esas imágenes de “despatarre” masculino pueden verse recopiladas en la cuenta del colectivo (@Relatofeminista) o bajo la etiqueta #manspreading.
En particular desde que en 2004 se aprobó en España una Ley contra la violencia de género, el debate y las campañas de sensibilización sobre las diversas formas de violencia machista ocupan un lugar central en la agenda informativa del país, donde más de 50 mujeres son asesinadas por sus parejas cada año.

 

La campaña contra el “manspreading” se enmarca en un intento general de visibilizar ahora actitudes asociadas a los llamados “micromachismos”. “No se llaman así porque sean pequeños, sino porque son como invisibles porque estamos acostumbrados a ellos”, explicó “Microrrelatos feministas”. “Vivimos inmersos en micromachismos”.

El tema es polémico: un reciente artículo del diario El País que analizaba varios hábitos que pertenecen al campo de los estereotipos machistas -incluyendo darse abrazos con palmadas en la espalda, jugar con las llaves o incluso rascarse la barba- atrajo tantos apoyos como críticas y burlas en las redes sociales.

 

También las recibió Alejandra, que por ese motivo prefirió no dar su nombre completo, al lanzar la campaña contra el “manspreading”. “Todo lo relacionado con el feminismo tiene muchos odiadores, muchos haters”, admitió. “Pero prefiero pensar que es más por desconocimiento que por machismo. También recibimos muchos apoyos”.