Mar del Plata recuperó la felicidad de los ’60 y ’70


La ciudad explotó y volvieron los recuerdos de otros tiempos… La capacidad hotelera en la segunda quincena de enero alcanzó el 90 por ciento de ocupación. Los espectáculos teatrales aumentaron el 20 por ciento de asistencia en comparación con el año pasado. La gente volvió a elegirla y la ciudad se preparó para ello. Precios razonables, salvo en el valor de las carpas.

Textos y fotos: Enrique Cruz (h) – Enviado Especial a Mar del Plata.

Los ’60 y ’70 se convirtieron en los años dorados de Mar del Plata. Había furor y no se habían «descubierto» aún aquellas opciones de la costa atlántica que luego explotaron. Faltaba que Pinamar, Villa Gessell y las más «nuevitas», como Cariló o Mar de las Pampas, por mencionar algunas, alcanzaran niveles de aceptación que las convirtieron en seductoras para los que preferían la costa argentina. La historia es bien conocida. Luego llegaron otras opciones, muchas de ellas internacionales y empezando por Brasil, que le fueron quitando adeptos a La Feliz. La propia Carlos Paz, con otro paisaje, se convirtió en competidora, aún sin contar con esa extensión que parece interminable de playas. Mar del Plata también crecía hacia el sur, con nuevas alternativas para los que querían evitar las aglomeraciones de las playas céntricas y hasta las de Punta Mogotes. Así también hacia el norte, donde Santa Clara del Mar, a solo 15 o 20 minutos y hoy por autopista, es otra opción apetecible y con mayor tranquilidad para quienes quieren escapar del bullicio.

Pero las últimas décadas no tenían esa magia de aquellos años de los ’60 y los ’70 inolvidables para una Mar del Plata a la que todos querían ir para conocer. Hasta que este verano 2020 en pleno apogeo hizo que La Feliz volviese a dibujar aquellas sonrisas de los años perdidos en el tiempo pero jamás olvidados. Literalmente, Mar del Plata explotó. El diario La Capital, en su edición del domingo pasado, publicó como título de tapa: «Mar del Plata está colmada». Y en la bajada, confirmó que el 90 por ciento de la capacidad hotelera (amplia, variada y para todos los niveles de bolsillos) se había ocupado para esta segunda quincena, a la vez que, en la primera de enero –siempre menor en cuanto a concurrencia que la segunda- esa capacidad de plazas hoteleras había trepado al 75 por ciento.

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De la temperatura del agua no quiero hablar, porque todos saben que las aguas marplatenses son frías en comparación con las de Brasil. Depende del gusto y de animarse a desafiarlas. Pero sí está claro que el clima, para los que desean escapar de los calores sofocantes de estos tiempos, es distinto y en eso, Mar del Plata saca ventaja. El aire acondicionado para descansar es algo que el marplatense desconoce por completo. Ni siquiera el ventilador. Pero durante el día, el verano se siente y para los que llegaron el 15 o el 16 para iniciar el primer recambio de la temporada, se encontraron con temperaturas de 32 grados que motivaron una afluencia masiva a las playas y permanencias en las mismas hasta casi el anochecer.

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Mar del Plata tiene precios para todos los bolsillos. Esto fue, es y seguirá siendo siempre así. El valor promedio de una docena de facturas es de 140 pesos (se puede conseguir por menos y también por más), la docena de churros cuesta 150 pesos, una hamburguesa y una gaseosa en la playa rondan los 250 pesos y aquellos que prefieren llevarse el generoso sándwich de jamón y queso, podrán comprarlo en cualquier panadería o negocio cercano a la popular Bristol o cualquiera de los balnearios, por 100 pesos. Y para sentarse a cenar, basta con caminar un poco para encontrarse con los precios más variados. Los tenedores libres funcionan muy bien y son apetecibles para los que quieren reponer fuerzas luego de una extensa jornada de playa. Pero en general, basta con tener entre 400 y 600 pesos como valor promedio para cenar, sin lujos ni excesos, pero bien. Y aquellos que quieren disfrutar en el Puerto de una cazuela de mariscos, por ejemplo, tendrán que pagar 650 pesos pero para compartir el plato, quizás acompañándola de rabas por 550 pesos. La particularidad es que se trata de porciones muy abundantes, calculadas para ser compartidos.

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El problema es el valor de las carpas. No tanto el de las sombrillas, que se pueden alquilar a un precio que oscila entre los 600 y 1000 pesos diarios, según la playa, con mesa, cuatro sillas y reposera. Pero las carpas no bajan de 2000 pesos y en algunos lugares llegan a los 3000 y más también, siempre hablando de valores diarios. Si se compara con un departamento, el precio no tiene razón de ser. El alquiler de un departamento céntrico de tres ambientes (dos dormitorios, living comedor y cocina), está entre 18 y 25 mil pesos semanales, inclusive con valores más bajos si se alejaban de los lugares tradicionales (cerca de la Rambla, de Playa Grande o de Güemes). A propósito de Playa Grande, es el lugar predilecto de los más jóvenes. Los boliches, que otrora hacían furor en la avenida Constitución y luego se trasladaron a Alem, hoy tienen su punto principal de atracción en esta zona, con «previas» que comienzan en la misma arena.

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Como todos los años, la temporada teatral contó con la llegada de muchas figuras, algunas de ellas con larguísima trayectoria en esta ciudad. Por ejemplo, Nora Cárpena era una abonada a las temporadas de verano en Mar del Plata, junto a Guillermo Bredeston. Y volvió a La Feliz con una obra llamada Mentiras Inteligentes. Otro que aporta su experiencia en las tablas es Juan Leyrado con Extra Virgen, en tanto que las figuras que se repiten año tras año y que apuestan a la ciudad, como Carmen Barbieri, Fátima Florez y Florencia de la V, también han llegado y se sienten como en casa. «La estamos remando», confió Carmen Barbieri en un encuentro casual con este enviado de El Litoral. Pero los números son beneficiosos en función del año pasado, porque la afluencia de público ha crecido en un 20 por ciento, según comentó Carlos Rottemberg, con sus 43 años de experiencia como productor teatral. El que picó en punta –para muchos sorpresivamente- fue Moldavsky, que se presenta de jueves a domingo en un teatro de la avenida Luro. Mientras tanto, Fátima Florez es la que le sigue en el segundo lugar, en su show que cuenta con la participación de Ariel Tarico. Y después, un montón de figuras, como Nicolás Cabré y Laurita Fernández; los shows de Les Luthiers; Mauricio Dayub con «El equilibrista», prometiendo a aquellos que no gusten de su obra, que esperen en el hall luego de la función, para que les devuelvan el dinero (…). ¿Los precios? Se intentó mantener un valor cercano a los del año pasado. En el show de Fátima, por ejemplo, los valores oscilaban entre los 800 y los 1500 pesos por persona, pero había otros espectáculos con precios más «populares».

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Por primera vez en décadas, faltó el fútbol, gran atracción del verano por siempre en Mar del Plata. Allá por los ’60, en pleno apogeo veraniego, la ciudad inició los inolvidables torneos de verano. En principio eran los grandes, luego se sumaron algunos más chicos y también selecciones. Boca y River llegaron a jugar dos clásicos, uno en enero y otro en febrero, con grandes afluencias de aficionados. Todos ganaban, empezando por los veraneantes. Pero esta vez no hubo fútbol. Algo conspiró: este fin de semana del 24 de enero ya arrancó la actividad oficial con el retorno de la Superliga. Y River ya jugó el domingo pasado. No hubo tiempo para nada.

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Matías Villagra.

El Litoral se encontró con un santafesino, recibido de médico hace muchos años, que vive en Mar del Plata y que se especializó en medicina del dolor. Es el doctor Matías Villagra, un hincha sabalero que tiene el recuerdo de aquellas tribunas de madera y de los primeros tiempos en Primera. Hasta allí, una historia normal como la de muchos otros, de no ser que tiene un hobby: se dedica a la música. No pareciera ser algo tan extraño ni curioso, si no le contamos a los lectores que Matías formó su primer grupo con los mismos médicos del Hospital Comunidad de Mar del Plata. Actualmente tiene dos conjuntos. «Hacemos música tranquila, en su momento eran casi todos covers, pero ahora tenemos muchos temas propios, casi todos». Hizo la primaria y la secundaria en el Colegio Inmaculada y recuerda con mucho cariño a sus compañeros y también a los docentes que lo impulsaron a dedicarse a la música. Temas de Virus, de Calamaro y de otras grandes figuras de la música nacional fueron los que en su momento inspiraron a Matías, encontrando adeptos en el mismo hospital y hasta utilizando a la música como una buena terapia. Ya en Santa Fe tenía su banda y con médicos. «El primer grupo se llamó Flipper, tocaban Carlos Becker y Raúl Elli, luego se sumó José Chemes. Después llegó el turno de Aneurisma, con José Chemes y Gastón Baremberg. Luego, en Rosario, Tranquilo Gato, con Facundo Polerat y Lisandro Reyes. Y acá en Mar del Plata, tengo dos bandas: una se llama Pedro Luque y la otra Plan Austral», comentó con mucha añoranza. Le va muy bien, está definitivamente radicado en Mar del Plata, extraña cosas de Santa Fe (no podía ser de otras manera), recibe la visita permanente de sus familiares (tampoco podía ser de otra manera…) y añora aquellos años felices de la infancia y la adolescencia, no exenta de esos famosos bailes de «teen agers» en Island Vip.

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