Pintor, escultor, fotógrafo y además, músico. Viajero también. Vivió 84 años intensos como si fueran 250, por todo lo que experimentó. Aquí, tres perfiles de este adelantado a su tiempo que buscó la excelencia en todo lo que hizo.

 

Mario Atilio Platini, cruce de culturas
Estética visual, por Graciela Hornia

Las mujeres que fueron a su estudio atraviesan los cartones y nos miran desde la altura existencial de su perfección. No identificada.

Platini nace en Rafaela en 1913 y el 25 de junio de 1953 abre su estudio en Santa Fe. Por entonces, conectado al incremento del poder adquisitivo de la clase media y a la euforia de economía en auge, la gente documenta calidad de vida. Por tanto, él propone a un sector social acomodado -las familias tradicionales y sectores medios ascendentes- un modo de representación que innova el canon fotográfico porque trae de la pintura otro conocimiento de la figura humana, otro manejo de luces y sombras.

 

Y en 1955 gana una beca, un curso de perfeccionamiento, un pasaporte al universo. Auspiciado por la firma Ferrania llega a Roma para hacer un seminario lumínico con el artista fotógrafo Arturo Ghergo, el fundador en Italia del género de la fotografía de moda. Por cierto, con estudio en la vía Condotti, el citado retratista es codiciado por luminarias políticas, del estrellato, personalidades del mundo de la cultura y la nobleza italiana: Ingrid Bergman, Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Vittorio Gassman, el Papa Pío XII, el Aga Khan.

 

Porque Ghergo en estrecha relación con los directores de Cinecittà promueve la fotografía glamour, que nace en 1920 en Hollywood y acompaña la transición del cine mudo al sonoro, cuando el divismo es difundido por la gráfica. A propósito, la diva -también hay divos- no es solamente una actriz o cantante talentosa sino también una personalidad enigmática, distante, que provoca fascinación en el público. Así pues, para encapsular ese espíritu de la diva, el glamour fotográfico recurre a poses escultóricas, vestuarios elegantes, formas sensuales exaltadas por marcados contrastes de luz que buscan crear una distancia entre la posante y los mortales.

Serie Personalidades. Jorge Taverna Irigoyen.

Es innegable el impacto de esta estética en la fórmula iconográfica de Platini. Ghergo, en breve, trae a Roma el glamour, ese mito americano de Hollywood y lo combina con el lenguaje austero de la Italia de preguerra, la Segunda Guerra, la posguerra. Platini a su vez absorbe esto y lo funde con la provincianía santafesina.
Claramente, revoluciona en Santa Fe la fotografía de mujer cuando impone un retrato festejante: elimina la retórica del decorado, los objetos simbólicos, supera el clisé conservador del retrato matronil y recatado de Peña, por citar colegas santafesinos. Apela al primer plano, planta a la posante en la luz, le inocula un aura. En suma, se transforma en leyenda cuando interpreta el deseo femenino de belleza y sofistica el juego lumínico, con tendencia a iluminación Rembrandt, con efectos de contraluz. Más aún, con la cámara de fuelle que trae de Milán resulta el intérprete emblemático de las aspiraciones de mujeres que empiezan a votar y a quienes cifra con criterios para divas de Hollywood.

 

Incluso después, en su atril de corrección trabaja al servicio de la idea de perfección, allí maneja un concepto de belleza absoluta que no necesariamente es real. Y ahí es donde talla la naturalidad manipulada de Platini, la artesanía de su famoso retoque. En efecto, en su edición las pieles son laboriosamente bellas y generan el fenómeno de autocomplacencia del retratado que adora sorprenderse de su belleza natural.

Encima, le da a la ciudad algo que aún no tenía. Porque se anticipa y hace de la boda un espectáculo: recibe a la novia con alfombra roja en la vereda del estudio de calle San Martín, la mítica alfombra roja de Platini. Así, incorpora la teatralidad en el espacio público, inventa esa franja prestigiosa para ver la novia, infiltra para los no invitados una práctica de sociabilidad compensadora, permite esos juegos valuativos de miradas.

 

Las famosas novias de Platini: esa construcción cultural de lo femenino, con su sistema de expectativas, fantasías y la suspensión del largor del vestido nupcial. De él se dice que logra expresiones hasta en el novio. Y el detalle: todas las fotos pasan a exposición, a exposición en la vidriera. Platini gana: Facebook, Twitter, se duermen, llegan tarde, 50 años tarde.

 

Asimismo, con retratos celebratorios arrma una galería de personalidades de la ciudad: pintores, músicos, escritores. Pero simultáneamente, no obstante, influenciado por el neorrealismo italiano y su estética del sufrimiento, legaliza otro segmento social: hace una recategorización estética de ancianos y niños en situación de calle. Y por último, ejecuta otro capítulo innovador cuando compone los Neoretratos, fotografía experimental conceptualmente elaborada.

 

En fin, este hombre de cruce de culturas, artista de interdisciplina -pintor, bandoneonista de bailes de pueblo en las Colonias prósperas del oeste santafesino, seminarista de estudios lumínicos con Ghergo conectado a Cinecittà, integrante calificado de misiones culturales a Oriente- trabaja con virtuosismo en su galería de calle San Martín hasta 1993, cuando a los 80 años se jubila.

 

Platini músico
Por Mario Alberto Platini

 

Según relatos de la tradición familiar, mi padre siempre tuvo inclinaciones artísticas. A mi abuelo Alessandro, nacido en Fontanetto d’ Agogna, Italia, le gustaba la música y procuró que su hijo mayor aprendiera esta disciplina. Por eso a la edad de catorce años le regaló un bandoneón y ahí comenzó su estudio, llegando con una destreza importante y mucho entusiasmo, a dominar los secretos de este instrumento. Años después, en su ciudad natal, Rafaela, creó una Academia de Bandoneón y allí se desempeñó como profesor. Siguió luego con sus estudios musicales profundizando Armonía y Composición en la ciudad de Rosario.

Prestigiosos músicos integran la orquesta como el pianista Remo Piñoni, además compositor y pedagogo de la Escuela Normal de Rafaela. Como contrabajista y baterista, Rodolfo Platini, el hermano menor.

Así, su pasión por la música lo llevó a integrar numerosos conjuntos. Con sólo 16 años fue bandoneonista de la Orquesta Típica Miretti, que luego se transformaría en la Típica Miretti-Platini, cuarteto típico. En años posteriores la orquesta fue creciendo y llegó a estar formada por ocho músicos: tres bandoneones, tres violines, batería y guitarra. La instrumentación de la orquesta estaba a cargo de Mario Platini y Domingo Miretti, su director, se encargaba de la promoción, administración y todas las tareas relacionadas con su funcionamiento. Participó además en la orquesta de Miguel Cetta y sus muchachos junto a Remo Pignoni y Victorio Marchesini.
De espíritu inquieto, en 1934 y con 21 años, viajó a Buenos Aires junto a otros amigos a probar suerte en la Capital. Actuó en varios conjuntos musicales y acompañó en Radio Belgrano a las cancionistas y cantores de la época. Participó en el conjunto típico Rizzutti-Ray en LR3 Radio Belgrano, en Radio Porteña acompañando a la cancionista Mecha Bazán, Aída Luz y Rita Molinas. En ese entonces los programas de radio eran en vivo y las emisoras competían por contratar las figuras de más renombre. También en Radio Belgrano fue bandoneonista de la orquesta del afamado director, compositor y pianista Antonio Macri. Acompañó -integrando diversos tríos- a Enrique Famá, cantor de Francisco Canaro y a la cancionista Lucrecia Evans. Además, en Buenos Aires, perfeccionó sus estudios de música.

 

Retornó luego a su ciudad natal donde en al año 1937 se casó con Adela Varetto, mi madre. Él alentaba la posibilidad de que ella cantara en Buenos Aires como las cancionistas que él había acompañado. Entonces, viajaron a Buenos Aires con acotados medios y se instalaron en un hotel cerca de LS 10 Radio Callao. Una mañana decidieron ir a dar una prueba a esa radio. Se vistieron elegantemente y fueron con el bandoneón a cuestas. Le dijeron al portero que los recibió que estaban citados para dar una prueba… y entraron.

Norma Nellys y su trío típico -Carlos Bassi en piano, Juan Ehler en violín y Mario Platini en bandoneón- en LS 10 Radio Callao.

 

Por ese entonces no se usaba el nombre de pila sino un seudónimo así que decidieron que el de mi madre sería Norma Nelson. Pidieron hablar con el director artístico y los hizo pasar a un subsuelo donde había un pianista y como mi padre traía la partitura escrita para piano, bandoneón y violín, comenzó la prueba. Cuando terminaron, el director artístico les dijo que subieran rápido a la sala de transmisión que ya iban a salir al aire y que aprovecharan la oportunidad porque estaba el dueño de la emisora para escucharlos. Y así fue. Cuando ya estaban por salir al aire el director artístico que era Julio Jorge Nelson le cambió el seudónimo a mi madre, le puso Norma Nellys, para que no coincidiera el apellido con el suyo. Al terminar, cuando se retiraban de la sala, Nelson volvió sonriente y les dijo que estaban contratados por dos meses, siempre que estuvieran de acuerdo con el pago: $ 1,50 por audición, tres salidas al aire, dos veces por semana. Así empezaron. Según los recortes de las revistas de la época, a mi madre se la consideraba una cantante con el rango equivalente a Mercedes Simone y Libertad Lamarque.

 

Les ofrecieron trabajo en otra radio LS 5 Radio Porteña y aceptaron. Mi padre conocía mucha gente del ambiente artístico y poco a poco se iban integrando bastante bien. Mi madre estudiaba canto con un profesor que había sido tenor del Teatro Colón y mi padre iba a la Escuela de Bellas Artes a estudiar Dibujo y Pintura y se relacionó con Alejandro del Conte, director de la revista Correo Fotográfico Sudamericano, con quien perfeccionó Fotografía.

 

Siempre querían volver a Rafaela pero nunca se decidían hasta que mi padre, que no podía alejarse de la música, decidió formar una orquesta allí y ser su director. Ésta constaba de piano, dos bandoneones, dos violines, acordeón, batería y contrabajo. La orquesta fue contratada en un lugar de veraneo de la Provincia de Córdoba, en la localidad de Mar Chiquita, donde había una laguna con agua salada curativa que atraía vacacionantes de los pueblos vecinos y de las ciudades de Rosario, Córdoba y Buenos Aires. Actuaron los tres meses del verano: les daban comida, vivían en el hotel y además un sueldo. Tocaban en el almuerzo música melódica, los valses de Strauss y en la cena, después de un pequeño descanso, se bailaba en una pista al frente del hotel. Siguió realmente una época de esplendor para la orquesta dirigida por Mario Platini ya que era requerida permanentemente por instituciones de la ciudad y poblaciones vecinas. Llegó a actuar, además, en la localidad de La Falda, donde la famosa confitería Negresco la requería durante los meses de veraneo.

 

En esa época el presidente Perón les otorgó a las mujeres el derecho al voto por lo que debían documentarse, obtener su libreta cívica. Cuando la orquesta de Mario Platini actuaba en numerosas poblaciones vecinas a la ciudad de Rafaela, en los intervalos, mi padre se dedicaba a tomar fotografías tipo carnet a todas las damas del pueblo que debían enrolarse para poder votar. Semanas después retornaba al lugar a entregarlas. Porque paralelamente a su actividad musical, mi padre poseía un Estudio de Fotografía en la calle Chacabuco 381 de la ciudad de Rafaela.

En el año 1935 y con 22 años Platini (centro) integra en Buenos Aires la renombrada orquesta de Feliciano Brunelli.

No obstante siguió vinculado a la música componiendo diversos temas musicales que como socio de SADAIC inscribía en la sociedad. Son más de sesenta los títulos registrados que se pueden encontrar en la página web de SADAIC, pero a modo de resumen nombramos algunos de ellos: Sueño de Fantasía; Y aquella luna (letra Oscar Cirimello); Viejo puente colgante (letra Oscar Cirimello); Notas perdidas y Milonga otoñal (con el músico Ernesto Titi Rossi); Solo dando vueltas (con Óscar Britos); Una casa perdida en la Luna (letra Leopoldo Díaz Vélez); Vivamos esta noche (letra Fernando Fontanilla).

 

Muchos de los temas nombrados fueron ejecutados por orquestas santafesinas de la época como la del maestro Raimundo Grasso y Alcides Sachi. También Gasparin y su conjunto llevó al disco algunas de sus composiciones. Para finalizar estos recuerdos digamos que a partir del 20 de enero de 1948 Mario Platini, como ejecutante de bandoneón, se convirtió en el socio número 3773, con el número de cuenta 7121, según leemos en el carnet original de SADAIC. La firma al pie del carnet pertenece al legendario músico y compositor Francisco Canaro.

 

Platini viajero
Por Mario Alberto Platini

 

Mi padre fue un incansable viajero. En 1955 viajó por primera vez a Europa, se contactó con Arturo Ghergo y visitó la fábrica AGFA en Münich. Después fue invitado por Kodak a visitar su Pabellón en la Feria Mundial de New York, en 1964. Además recorrió Bolivia, Perú, la Cuba de Fidel Castro, Canadá y EEUU llegando hasta Alaska.

Misión Cultural a Oriente. Producción del filme 23 días en China.

Pero sin duda los trayectos que más lo marcaron fueron los efectuados con el Padre Ismael Quiles, por entonces rector de la Universidad del Salvador y autoridad mundial en asuntos orientales, participante de proyectos de la Unesco. Fue capital en su desarrollo personal el vínculo con el sacerdote jesuita, relación iniciada a partir de una conferencia que el citado vino a dar en Santa Fe. Finalizada la misma, mi padre se arrimó a saludarlo y surgió entre ellos algo que podríamos denominar feeling. Pronto el sacerdote lo invitó a una Misión Cultural al Lejano Oriente. Y el Oriente fue una experiencia muy intensa. Realizó esta Primera Misión Cultural documentando el viaje en el que dieron la vuelta al mundo en 1966/67.

 

Posteriormente en el año 1970 integró nuevamente el grupo de investigaciones de la Universidad del Salvador de Buenos Aires visitando el lejano Oriente, estuvo en Australia, India, Rusia y África. Realizó fotografías y films documentales que fueron solicitados para proyectar en diferentes centros de cultura.

 

En 1972 realizan un tercer viaje, esta vez abordando China socialista. Nuestro país todavía no tenía relaciones diplomáticas con la China de Mao. Por eso viajaron a Francia y allí solicitaron la visa para entrar a China. Fue una experiencia interesante y fueron recibidos como diplomáticos. Apenas llegados a China los uniformaron con un capote verde para que no se distinguieran entre las demás personas.

 

Fue en esa oportunidad que mi padre filmó 23 días en China, proyectado más tarde en la Universidad del Salvador y en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música. También en nuestra ciudad, donde el padre Quiles lo acompañó con reflexiones que generaron discusiones entre los asistentes. Varias publicaciones nacionales como la revista Siete Días Ilustrados, el Diario La Nación y la revista del diario Clarín de los domingos, se hicieron eco de estas manifestaciones culturales presentando sus fotografías comentadas por el sacerdote.

El sacerdote jesuita y filósofo de proyección internacional RP Ismael Quiles le abre las puertas al mundo diplomático y cultural de Oriente.

 

En resumen, siento que mi padre fue una persona que poseía un don especial. Siempre buscó la excelencia en todo lo que hizo. Fue un adelantado a su tiempo. Hizo un culto de la amistad. Abarcó todas las disciplinas de las artes visuales ya que era pintor, escultor, fotógrafo y además, músico. Fue un autodidacta que siempre buscó superarse a sí mismo y trató de ser feliz. Vivió 84 años intensos como si fueran 250, por todo lo que experimentó.