Mercado de eventos


Por Eugenia Román


Nuestro mercado de eventos está inmerso al igual que todas las demás actividades de servicios, dentro de un mercado económico muy cambiante, sufre de las mismas inestabilidades que cualquier otro rubro de productos o servicios en nuestro país. Y al igual que cualquier otra pequeña, mediana o gran empresa uno se convierte en verdadero malabarista y optimizador de recursos.


Dado que algunas parejas o familias desean poder programar los gastos generales de su evento, suelen llegar a nuestra cita a veces un año y medio antes (antes venían con más de dos años de antelación) pero en el último tiempo es muy difícil fijar un valor a esa altura, otra opción es dolarizar el presupuesto pero es algo que en mi caso en particular (y más aún viendo los últimos acontecimientos) me parece chocante -aunque realista- pero no me gusta, nuestra moneda es el peso argentino y nuestros clientes locales se manejan en pesos argentinos.

También es chocante y desalentador para alguien que está programando un evento con el fin de celebrar, que lo llamen unas semanas antes para decirle que su costo aumentó un 20%. Es por eso que, este último tiempo y cada vez con más frecuencia, me encuentro con parejas y familias que vienen con 4 y hasta con 1 mes y medio de anticipo. Y no me resulta tarde, ni me parece una locura, todo lo contrario; para evitar el manoseo cambiario que afecta a nuestro país y siempre que se pueda es buena alternativa poder especular más con los tiempos cercanos a la fecha, y mientras tanto ir ahorrando. Es real que en el caso de catering y salones de eventos, el abanico de posibilidades y las alternativas se achican, sobre todo si lo que se quiere es celebrar en temporada alta; es por eso que empujar los festejos hacia el otoño invierno estoy segura que también será una buena opción para todos los que nos dedicamos a esto.


Si hablamos de festejos de fin de año, empresariales e institucionales, este rubro decide el mismo año ir contratando y a veces hasta 6 meses antes. Pero en la mayoría de las veces se encuentran al igual que los eventos familiares, con las mismas crisis que los ajustan de la misma forma.


A lo que quiero llegar con esto es, y recordemos que es una opinión personal: la gran antelación (hablo de más de un año antes) en mi caso, no solo desgasta a veces la propia idea del evento en sí y manosea los detalles, sino que resulta hoy en nuestra actualidad imposible de numerar. Imaginen que días atrás viajé a la capital de nuestro país para comprar materiales e invertir para los próximos eventos de la temporada que comienza, viajamos el día posterior a las elecciones y nos encontramos con comercios que cerraban sus puertas hasta tanto no se estabilice el dólar o locales que nos decían que el precio que figuraba ya no estaba en vigencia ¡Una cosa de locos!


Ayer me encontré pasando presupuestos para eventos que serán dentro de uno y dos meses. En los tiempos que corren quienes se embarcan en una celebración deben recordar eso, hacer lo posible por no vivirlo como una crisis más y recordar que es eso, una celebración, aunque a veces la realidad te quiera mostrar que no hay mucho por celebrar.

Yo creo que sí, las crisis van y vienen, las economías cambian, los políticos también, pero la familia y los festejos con amigos y colegas son eso que nos rescata, que nos hace creer que siempre hay motivos y esperanza, las sonrisas, los aplausos, la buena compañía y los recuerdos lindos de un momento único es lo que a veces nos da el respiro profundo que se necesita para seguir.

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