Mitos y leyendas de Halloween


El festival se ha convertido en sinónimo de decoraciones, disfraces, dulces y fiestas. Y por estos lares, de felicitar a la suegra y a las amigas “por su día”.

Pero los orígenes de Halloween son algo más antiguos y misteriosos, y datan de hace cientos de años. Las raíces de la celebración en la que las espeluznantes leyendas, los mitos y el folklore ocupan un lugar central.

El 31 de octubre, hombres lobos, zombis, fantasmas y brujas invaden las calles de las principales ciudades del mundo. ¿La ocasión? Halloween.

De origen europeo, se remonta a la festividad de origen celta más importante del período pagano en Europa hasta su conversión al cristianismo, el antiguo festival gaélico de Samhain, que marcaba el final de la temporada de cosecha y el comienzo del invierno, o la mitad más oscura del año.

A medida que las noches se alargaban, el pueblo gaélico creía que la barrera entre el mundo de los humanos y el reino de los espíritus comenzaba a debilitarse, permitiendo un paso entre los dos. Y con el fin de proteger sus cultivos, establecían lugares en sus mesas para buenos espíritus y encendían fogatas para ahuyentar a los malos espíritus.

Durante la celebración de Samhain, los celtas encendían grandes hogueras y golpeaban tambores para guiar a los visitantes del inframundo, mientras vestían disfraces para alejar a los espíritus malévolos. Sin embargo, cuando los romanos se hicieron cargo, el festival de Samhain se combinó gradualmente con las celebraciones fúnebres romanas de Parentalia y Feralia, en la que se honraba a los muertos. Tales momentos de transición en el año siempre se han pensado como especiales y sobrenaturales.

Sin embargo, según Nicholas Rogers, profesor de historia de la Universidad de York en Toronto y autor de Halloween: del ritual pagano a la noche de fiesta (Oxford University Press, 2003), “no hay pruebas contundentes de que Samhain se haya dedicado específicamente a los muertos o al culto a los antepasados”.

En el siglo VIII, el papa Gregorio III declaró el 1º de noviembre como un día en el que todos los santos y mártires serían honrados. Esto se conoció como el Día de Todos los Santos, que convirtió el 31 de octubre en la víspera de Todos los Santos, que luego se convertiría en Allhalloween o Halloween.

A través de disfraces, historias y celebraciones durante la temporada, seres míticos, desde brujas hasta zombis y hombres lobo, cobran vida. Y cada uno de los seres espeluznantes lleva su propia historia oscura. La gente se viste como los muertos vivientes, y las lápidas falsas adornan los hogares, actividades que no serían toleradas en otras épocas del año.

Aunque todavía no se ha demostrado una conexión directa entre Halloween y Samhain, muchos investigadores creen que debido a que el Día de Todos los Santos y Samhain están tan juntos en el calendario que se influyeron mutuamente y luego se combinó en la celebración ahora llamada Halloween. Algunos de los mitos más famosos que la rodean.

La fecha cruzó el Atlántico con los inmigrantes, y ahí terminó de desdibujarse para convertirse en una fiesta. O tal vez, simplemente los disfraces y los dulces sirvan para ocultar y ahuyentar los miedos más profundos que como especie compartimos: a lo desconocido.

Gatos negros, escaleras, brujas y fantasmas

Los fantasmas de Halloween de hoy a menudo se representan como más temibles y malévolos, y nuestras costumbres y supersticiones también son más aterradoras. Evitamos cruzar caminos con gatos negros, con miedo a que nos traigan mala suerte. Esta idea tiene sus raíces en la Edad Media, cuando muchas personas creían que las brujas evitaban la detección al convertirse en gatos negros.

Tratamos de no caminar debajo de las escaleras por la misma razón. Esta superstición puede provenir de los antiguos egipcios, que creían que los triángulos eran sagrados (también puede tener algo que ver con el hecho de que caminar debajo de una escalera inclinada tiende a ser bastante inseguro). Y alrededor de Halloween, especialmente, tratamos de evitar romper los espejos, pisar grietas en el camino o derramar sal.

Algunos de los rituales menos conocidos

Pero, ¿qué pasa con las tradiciones y creencias de Halloween que los trick-o-treaters de hoy han olvidado por completo? Muchos de estos rituales obsoletos se centraron en el futuro en lugar del pasado y en los vivos en lugar de los muertos.

En particular, muchos tuvieron que ver con ayudar a las mujeres jóvenes a identificar a sus futuros esposos y asegurarles que algún día, con suerte, para el próximo Halloween, se casarían. En la Irlanda del siglo XVIII, una cocinera podría enterrar un anillo en un puré de papas en la noche de Halloween, con la esperanza de traer verdadero amor al comensal que lo encontró.

En Escocia, los adivinos recomendaban que las jóvenes nombrara una avellana para cada uno de sus pretendientes y luego las arrojara a la chimenea. La que se convertía en cenizas en lugar de explotar, según la historia, representaba al futuro esposo. (En algunas versiones de esta leyenda, lo contrario era cierto: la nuez que ardía simbolizaba un amor que no duraría).

Las mujeres jóvenes arrojaban cáscaras de manzana sobre sus hombros, con la esperanza de que cayeran al suelo en la forma de las iniciales de sus futuros esposos; trataban de ver su futuro mirando las yemas de huevo que flotaban en un recipiente con agua y se paraban frente a los espejos en habitaciones oscuras, sosteniendo velas y mirando por encima de sus hombros las caras de sus futuros maridos.

Por supuesto, ya sea que estemos pidiendo consejos románticos o tratando de evitar siete años de mala suerte, cada una de estas supersticiones de Halloween se basa en la buena voluntad de los mismos “espíritus” cuya presencia sintieron los primeros celtas.

¿Y las calabazas?

¿Por qué la calabaza es uno de los símbolos de la “Noche de Brujas”? La historia viene de Irlanda, lugar en donde nace esta celebración. El protagonista de esta leyenda se llama Jack, un granjero tacaño y mentiroso que acostumbraba estafar a sus vecinos. Cierto día el diablo fue a buscar a Jack con la firme intención de llevarse su alma. Pero el granjero logró engañarlo y atraparlo., y a cambio de su libertad el diablo prometió que “jamás lo volvería a buscar”.

Al cabo de varios años, Jack murió pero fue rechazado en el cielo y al llegar al infierno el diablo tampoco quiso recibirlo, y lo condenó a deambular por los oscuros caminos del purgatorio. Pero antes de partir, Jack le pidió un último favor: una luz que pueda alumbrar su camino. El diablo le entregó una brasa que nunca dejaría de arder. El granjero cogió uno de los nabos que llevaba en su bolso, le hizo un hueco y colocó la brasa dentro.

Desde entonces en Irlanda se hizo popular la historia de Jack of the Lantern (Jack, el del farol) y se le relacionó a las celebraciones del Samhain, festividad de origen celta que marcaba la transición (el paso de un año a otro) de apertura al otro mundo.

Con la llegada de inmigrantes irlandeses a Estados Unidos, la celebración cobró gran importancia y se convirtió en una tradición. Sin embargo, al no haber una plantación de nabos, pero sí un exceso de calabazas, los estadounidenses decidieron cambiarla. Desde entonces se tallan rostros terroríficos en las calabazas, que supuestamente es la cara de Jack. Estas hortalizas eran colocadas en las ventanas de las casas para, según las creencias, ahuyentar a los espíritus.

Previo Centenario del Centro Gallego
Siguiente Encuentran un cassette que Lou Reed dedicó a Andy Warhol