El escritor y periodista estadounidense Tom Wolfe murió ayer a los 88 años en un hospital en Manhattan, según confirmó hoy su agente. Entre sus obras más destacadas se encuentra “La hoguera de las vanidades”.

Wolfe, nacido en Richmond, estado de Virginia, fue una figura controvertida: por un lado, fue un autor superventas cuyos libros se llevaron al cine con éxito y que contaba con fieles seguidores; por el otro, fue objeto de crítica del establishment literario.

Muchos de los grandes de la literatura estadounidense como Norman Mailer y John Updike veían en sus obras “entretenimiento de masas”.

También como escritor Wolfe tenía un estilo muy personal. Escribía de forma polémica, metafórica, folletinesca. Manejaba con habilidad teorías de grandes filósofos como Sócrates, Descartes y Nietzsche y se servía lingüísticamente de la música pop, el lenguaje juvenil y, sobre todo en sus primeras obras, de las onomatopeyas. También incorporó elementos de la literatura a sus perfiles de estrellas, artistas y completos desconocidos, a sus retratos de la vida en las grandes ciudades y pueblitos perdidos, todos enrolados en lo que se dio en llamar Nuevo Periodismo

 

Célebre como su capacidad de acuñar definiciones en los medios masivos de fenómenos sociológicos -como The Me Generation para definir al individualismo consumista de los baby boomers de fines de los 70 y comienzos de los años 80-, son sus miradas a la cultura popular, como sus viajes por California con Ken Kesey, celebrado como uno de los mejores ensayos sobre los comienzos de la contracultura norteamericana, que registró además en La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop o Izquierda exquisita & Mau mauando al parachoque y En nuestro tiempo.