La Asociación Civil Un Mundo Especial cumple 20 años de trabajo ininterrumpido en nuestro medio.

 

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Flavio Raina.

Un Mundo Especial es una asociación civil sin fines de lucro, que ofrece tratamientos de rehabilitación integral y servicio de hogar a personas con discapacidad mental moderada, severa y profunda y patologías asociadas.

 

Funciona en cinco modalidades: centro de día, centro educativo terapéutico, hogar de alojamiento permanente, apoyo para la inclusión escolar infantil y atención temprana en las que se suma al tratamiento, la adquisición de aprendizajes sistemáticos en un encuadre terapéutico desde una visión personalizada, manteniendo como principios el respeto, el afecto y la individualidad y la excelencia humana y profesional.

 

Cada uno de los servicios tiene sus propios objetivos generales y específicos planteados desde las necesidades y capacidades de cada persona que allí vive o concurre.

Los equipos de trabajo están formados por profesores de educación especial, terapistas ocupacionales, psicomotricistas, profesores de educación física, fonoaudiólogas, kinesiólogas, psicólogas, psicopedagogas, enfermeros, médicos, trabajadores sociales, nutricionistas, equinoterapeutas, administrativas, auxiliares especializados en atención, alimentación, cuidado e higiene, personal de cocina, mantenimiento y limpieza.

 

En julio de 1997, un grupo de familiares de niños y jóvenes con discapacidad severa y profunda formó la asociación civil sin fines de lucro “Un Mundo Especial”, a partir de la necesidad de contar con una institución donde estas personitas tuvieran la posibilidad de integrarse y recibir tratamientos integrales de rehabilitación. Tiene personería jurídica Res. Nº 409/97.

 

INICIOS

 

“Comenzamos a funcionar como Centro Educativo Terapéutico, en una casa que alquilamos, con una ayuda económica del entonces gobernador Ing. Jorge Obeid, en calle Bv. Pellegrini 3133 de la ciudad de Santa Fe. Teníamos 11 concurrentes y un pequeño grupo de profesionales que les brindaba todos los tratamientos”, cuenta Betina Manias.

Betina Manias y Soledad Tur, quienes conversaron con Nosotros sobre el quehacer de la institución.

“Durante los años 98 y 99 recibimos subsidios provinciales y nacionales cuyo destino era la construcción de la sede propia. Así fue como compramos el terreno, se construyó la pileta y el quincho, luego las salas de trabajo, gabinetes, baños, SUM y sala de hidroterapia”, prosigue.

 

En agosto del 2000 comienza a funcionar la sede en Colastiné Norte y a principios del año 2001, ante las demandas de nuestra población comienza también a funcionar como Centro de Día.

 

“En el año 2005 presentamos un Proyecto a la CO.NA.DIS (Comisión Nacional para la Integración de Personas con Discapacidad) con el fin de solicitar un subsidio a través de la Ley de cheques N° 25730 para la construcción de un Hogar de Alojamiento Permanente, esto fue aprobado y financiado. A partir de marzo de 2009 el Hogar se transformó en una casa grande para un grupo de niños y jóvenes que encontraron en este lugar la posibilidad de respuesta a muchas de sus necesidades. Esos 11 niños y jóvenes que empezaron, hoy se convirtieron en aproximadamente 130, cuyas edades van desde los pocos meses hasta los 30, aproximadamente”, explica Soledad Tur, del equipo educativo.

La institución cobija a chicos que llegan desde Santa Fe, Recreo, toda la zona aledaña de la costa como La Guardia y Rincón e incluso Santo Tomé.

 

UN TRABAJO INTEGRAL

 

El personal para atender a toda esta población ronda casi la misma cifra mencionada, entre profesionales y auxiliares: unos 120. El trabajo de estas personas comprende no solo la faz terapéutica, sino también un compromiso desde el corazón.

 

“Se trabaja para acompañar el desarrollo de su vida, sabiendo que se van presentando cada vez más dificultades, que son propias de las patologías que cada chico presenta. Se trabaja también con la parte anímica, con la autoestima, en cuestiones que se complejizan mucho, y tienen que ver con su historia, sus anhelos, sus necesidades… con lo netamente humano. Y lo que aprendés en la facultad, en el instituto, no alcanza. Hay que trabajar sobre lo que se puede hacer, no con lo que no se puede. Con la potencialidad”, describen ambas, complementándose en la respuesta.

“Uno puede hablar de inclusión, de discapacidad, pero sin olvidarse de que cada caso es diferente en cada persona. No hay ninguna generalización posible. Pueden tener un mismo diagnóstico, pero no podés ni siquiera relacionarte de la misma manera con un chico que con otro. Hay que descubrir la individualidad de cada uno, despejando todos los diagnósticos, todas las etiquetas. Hay que buscar a la persona, si no, no se avanza”, define Betina.

 

“Siempre digo que los que más paciencia nos tienen son los chicos a nosotros, hace años que están acá, que les proponemos más o menos las mismas actividades pero ellos nos aceptan y se adaptan a nosotros, más allá de sus limitaciones y con toda su grandeza”, cierra Betina.