Composiciones propias, jóvenes artistas, búsquedas sonoras, letras contundentes. La canción del litoral en la interpretación de Damián Lemes trío con su disco “Hijas del aguacero” y la voz expresiva de Melina Moguilevsky con “Mudar”. Esta es la música para descubrir que proponemos esta semana.
Por Mili López.

 

“Hijas del Aguacero”. Damián Lemes Trío
(2015, Acqua Records)

Casi como una bendición el maestro Ramón Ayala lo predijo: “El futuro es tuyo” y escribió en el prólogo de este disco “Damián Lemes es el comienzo de una obra importante por imperio de la creación y del intérprete que es su persona”.

Respetuoso de la tradición, “Hijas del Aguacero” es aire fresco para la canción del litoral. Una voz joven que se anima a la composición y a jugar con una estética entre un decir actual y un rescate de los grandes maestros. Este segundo disco del trío tiene 13 canciones, de las cuales 9 son de su autoría, lo que significa un aporte al cancionero. Hay rasguidos dobles, chamarritas, chamamés, un tanguito montielero y un gualambao.

El trío está conformado por los músicos Marcelino Wendeler, en armónica cromática; Alejandro Della Penna, en contrabajo y bajo Fretless y Lemes en voz y guitarra. La sonoridad se amplía en coloratura y expresividad con la marimba de Mauricio Bernal, mientras que la participación de Sebastián Martínez en percusión aporta la fuerza interpretativa y la tímbrica de los instrumentos.
Conocedor del lenguaje musical y poético, Lemes aporta con sus letras al imaginario del litoral. “Gurisito Tozudo” es un ejemplo de ello: la voz te muestra la historia de un niño pescador y te lleva por las escenas, la música le da el color. “Mece el viento el álamo/ brilla Gualeguay/ un profeta en su lugar/ logra ser universal” son los versos que le dedica al poeta entrerriano Juan L. Ortiz en “Juanele”, la voz a capella acompañada de la percusión eleva la emoción.

Además de una versión precisa y sobria de “Diamante”, de Jorge Fandermole, hay dos temas clásicos del músico y poeta uruguayo Aníbal Sampayo: “Ki Chororó” y “Abre los ojos amor” en la voz de Silvia Iriondo que acompaña la energía del cantante y proyecta la letra con seguridad, estando con él y siendo ella misma.

“Alejo” invita a bailar, a conocer al personaje y al paisaje. Los coros generan el clima para la historia. La armónica en su esplendor toma el solo y dialoga con la guitarra. “Entre el cielo y el mar” propone una estructura de canción definida, con la voz melodiosa con expresivos arreglos para el trío y el aporte de la percusión para realzar el contenido. “Remando” es otro de los preferidos, las placas de madera de la marimba son protagonistas y acompañan el decir cadencioso en una suerte de confesión personal.

Hay que destacar la producción musical de Nardo González y también su mano en los arreglos. Pensando al disco como objeto integral, las ilustraciones de Paio Zuloaga vienen a sumar y a reafirmar el registro sonoro.

Este disco celebra la búsqueda artística, el aporte al cancionero de la música del litoral y la intención sonora y poética de reflejar un paisaje interior y circundante.

 

Walkman: Escuchar “Gurisito tozudo” con mate amargo y torta frita.

 

“Mudar”, Melina Moguilevsky
(2016, Epsa)

Partiendo de la idea que la voz es un instrumento, Melina Moguilevsky convoca con “Mudar” a escuchar canciones de su propia música y letras, donde por momentos su canto está en primer plano y en otras ocasiones dialoga de igual a igual con los otros instrumentos del grupo.

A diferencia de “Árbola”, su primer disco, en el que musicalizaba a grandes poetas, esta apuesta es a la composición, a una voz propia. Melina nos abre su mundo de decir sin tapujos, con canciones que nos trasladan a otros espacios provenientes de la introspección.

Con variadas influencias de jazz, folklore y músicas del mundo, este es un disco de canciones, donde las letras van unidas de las melodías, desde su concepción fue pensado ese equilibrio. Se percibe un minucioso cuidado en los arreglos.

En “Tanto”, la percusión y los vientos proyectan a la voz en las líneas melódicas y al mismo tiempo utilizan el contrapunto como recurso. Con una introducción donde el redoblante se empasta con los arpegios del piano que dan sensación de paso del tiempo, “Hasta” también muestra la potencia de la sesión de vientos.

En cuanto a la voz, es un expresar contemporáneo, que desde Sinéad O’Connor a este presente ha sido la postura estética elegida por muchas cantantes. Con poco vibrato y un manejo impecable del timbre de la voz, jugando con el hasta dónde quiere mostrar y proyectar. Todo parece en su justa medida y expone a esta cantante a agudos afinados y al cambio de intensidades como parámetro expresivo.

El dream team se completa con Tomás Fares, en piano y coros, Lucio Balduini, en guitarra, Ezequiel Dutil, en contrabajo, Martín Rur, en clarón, en saxo soprano y coros y Mario Gusso, en batería, percusión y coros; más músicos invitados. Con una preponderancia de los vientos, la instrumentación varía de tema a tema en búsqueda de colores, timbres y texturas.

Como una experiencia tribal, “El miedo” es uno de los puntos fuertes de la lista de temas, con la voz sin acompañamiento armónico y la percusión como protagonista. Le sigue “Tempestad”, una canción melodiosa, con cadencias que llevan a un lugar seguro, con la presencia del piano y de las cuerdas como sostén para la voz. En “Pájaro nadador” aparece la paleta tímbrica que pone a prueba el amplio espectro de la voz de esta cantante, en un diálogo entre la melodía y el acompañamiento.

Las fotografías de María Birba vienen a fortalecer el concepto de este disco desde el arte de tapa. Nada desentona, todo ha sido pensado con cuidado y dedicación.

Su música es riesgo, es visión integral, es sutileza y detalles. Melina va construyendo su identidad con paso firme y fiel a sí misma. Ella lo explica: “Mudar es atravesar, es movimiento, es atreverse a no quedar pegado a una forma, a una forma de uno, a una forma de hacer las cosas”.

 

Walkman: Escuchar “Hasta” andando en bicicleta por las calles de cualquier ciudad.