En inglés “Nest” significa nido. Por lo tanto, nesting es la tendencia de quedarse anidando en casa. Una nueva fórmula para desconectar y rebajar el estrés.

Soledad Vittori

 

Cuando la gente habla de esta tendencia no sólo hace referencia a estar en la cama mirando netflix o leyendo un libro, sino que esta corriente abarca mucho más de lo que uno supone a primera vista.

La casa es el lugar ideal para desconectar de la rutina y para conectarse con uno mismo. Este movimiento ha hecho que surja todo un mundo en torno al hogar, que incluye decoración y técnicas orientales como el Feng Shui que explican la importancia de generar un espacio ordenado, bonito y acogedor para lograr la paz mental.

La hiperactividad a la que se exponen las personas no sólo termina en estrés sino que también acaba por pasar factura tanto física como emocional. Para contrarrestar toda esa vorágine diaria es necesario encontrar momentos para parar, respirar, estar a solas y no hacer nada. Sin sentir remordimiento.

Pasar tiempo con la familia, tomar un baño de inmersión, arreglar el jardín, cocinar, leer, ver series, decorar, meditar o simplemente no hacer nada; son algunas de las opciones que abarca este proceso. Y qué mejor para llevar a cabo estas actividades que el fin de semana, libre de las obligaciones laborales. Se trata de encontrar un equilibrio entre socializar y estar con uno mismo; de integrar ambas partes.

Cualquier cosa vale, incluso aburrirse. El aburrimiento es un sentimiento que hemos olvidado y que, no sólo nos adormece la mente, sino que es capaz de volver al individuo más altruista. Cuando una persona tiene momentos en los que no debe hacer nada, acaba por valor mucho más cualquier cosa que hace.

Pero no hacer nada no es tan sencillo como parece. Nos hemos acostumbrado a permanecer en una actividad constante de la que nos cuesta despegarnos sin que aparezca la ansiedad, la frustración o la culpa. Es importante no hacer ese millón de cosas que uno tiene acumuladas, sino permitirse espacios para no hacer nada. Y con nada referimos a todo lo ayude a equilibrar el estrés.

El hogar como centro de la felicidad

El secreto para practicar el nesting de forma placentera y efectiva es sentirse a gusto en el espacio propio. Que nada más cruzar la puerta sientas una sensación de bienestar, calidez y armonía que invite a la relajación. Si no es así y tu casa es un caos, difícilmente podrás desconectarte y encontrar la paz anhelada.

Ahí es donde entra a jugar el Feng Shui, el arte de crear espacios saludables para las personas a través de la decoración. Esta corriente de pensamiento se adentra a un proceso de cambio, en la búsqueda de la armonía y en la toma de consciencia de uno mismo y del entorno.

Con esta técnica se busca dotar a los espacios de los materiales y las ubicaciones adecuadas para equilibrar las emociones, actitudes y pensamientos. Al ordenar el hogar se inicia un camino más profundo que organizará y cambiará tu interior.

– Ordenar, limpiar y desechar. Es la principal consigna del Feng Shui. El desapego, la organización y la higiene son la base para reorganizar la casa y la vida.

– Buscar el equilibrio de materiales. La madera, el fuego, el metal, el agua y la tierra son los cinco elementos esenciales que deben utilizarse para la armonía del hogar.

– Dar protagonismo a la naturaleza. Los materiales nobles y las plantas son la representación natural en el hogar. Además, las plantas son una buena fuente de oxigenación ambiental.

– Llenar de luz tu hogar. La iluminación es otro de los aspectos vitales del Feng Shui. Los puntos de luz simbolizan el sol, necesario para la vida, y es de vital importancia jugar con esto para generar determinadas emociones y estados de ánimo en las personas.

– Cuidar la entrada de tu casa. Al igual que tu apariencia, un recibidor cálido y luminoso es la primera imagen de tu hogar. Presta especial atención a la entrada, también llamada “boca de la casa”, para que por ella entre la energía positiva.

El origen del nesting

Hubo una época en la que pertenecer y formar parte de los eventos sociales que se desarrollaban en nuestro entorno era lo más relevante que podía existir. Puesto que, para ser considerado como un ser de renombre uno debía formar parte de ciertos festejos sin excepción. Los temas de conversación versaban sobre la ajetreada vida social que uno llevaba y lo poco que se dormía en pos de la diversión.

Tiempo más tarde, se puso de moda cenar con amigos en la intimidad del hogar, como alternativa a la socialización en las épocas de crisis. Pero poco a poco, se fue prescindiendo de los invitados. Hasta que las reuniones se transformaron en momentos de intimidad con los amigos más cercanos.

Sumado a esto, existe otra causa del retorno hogareño: el hartazgo salidor. Después de haber ido a todas las fiestas habidas y por haber, llega el cansancio. Entonces, la persona prioriza hacer lo que le da placer sin sentir culpa.