Niños y aislamiento: una oportunidad para fortalecer vínculos


La psicóloga infantojuvenil María Florencia López nos propone una serie de herramientas para acompañar y contener a los niños en épocas de ansiedad creciente, emociones intensas y tiempo compartido puertas adentro.

Textos. Marina Zavala.

Transformar la manera en la que nuestra vida se desarrollaba hasta hace unas semanas, de adentro hacia afuera, por una nueva que invierta el recorrido y nos lleve hacia el hogar, la familia, los momentos de intimidad y cercanía… puede ser la clave para hacer de la experiencia de aislamiento una oportunidad de cambio positivo hacia el interior de la propia vida. Los niños son protagonistas de este proceso y para transcurrirlo necesitan del acompañamiento y la guía de los adultos.

El cómo lograrlo, fue el tema que abordamos con la psicóloga infantojuvenil María Florencia López en esta entrevista:

– En las últimas semanas estuvo muy presente en los medios el tema de los efectos que pueden tener en los niños tantos días de encierro. ¿Cuál es tu punto de vista?

– Esta es una situación nueva que nos toca atravesar, para la que no estábamos preparados. Si hubiéramos sabido lo que vendría, probablemente muchos habríamos construido una «caja de herramientas» con una guía de recursos para conducirnos mejor. Me gusta pensar en positivo y creo que frente a lo inesperado y extraordinario de las medidas que se han tomado a causa del Covid-19, cada familia lo ha manejado de la mejor forma que ha podido, poniendo en marcha los recursos de los que disponían e inventando (creando, imaginando entre todos) nuevas estrategias en el día a día.

Al principio puede que muchos hayan vivido esta medida como unas vacaciones, disfrutando de esa «pausa obligatoria» que posibilitó un nuevo encuentro al interior de las familias, donde los «tengo que» de las actividades laborales y escolares ya no eran obstáculos para sentarnos a jugar juntos o cocinar algo rico, aunque esto nos llevara muchas horas. Sin embargo, al prolongarse la medida que obliga a permanecer en sus casas, ya hace más de un mes y medio, lógicamente se pone a prueba la convivencia familiar. Como resultado de compartir más tiempo del que estábamos acostumbrados, aumentan las tensiones. Las rutinas impuestas por el trabajo de los padres, las actividades escolares y extraescolares de los chicos se han pausado hacia afuera y tienen que incorporarse al interior de casa. Esto lleva a tener que reorganizarse en las dinámicas cotidianas. Lo cual no es sencillo.

Las consultas que vengo recibiendo en este tiempo muestran un aumento en los niños de estados de ansiedad, enojos, pesadillas y miedos nocturnos, berrinches e irritabilidad. A medida que se alarga el tiempo de cuarentena, las ansiedades crecen tanto en los adultos como en los niños. Estamos todos más estresados, irritables y las actividades que antes ayudaban a liberar tensiones, ahora se ven limitadas. En el caso de los niños, la necesidad de movimiento, propia de la infancia también se ve limitada. No poder correr, jugar en una plaza, jugar con sus amigos pueden aumentar el estrés y provocar un impacto emocional. Entonces tenemos que encontrar formas alternativas.

En líneas generales, pienso que el efecto que pueda dejar esta situación en los niños, depende mucho de cómo afrontemos los mayores este momento y de los recursos que pongamos en práctica para adaptarnos y transitarlo. Si los adultos -que somos los capitanes del barco- transmitimos miedos, angustia, preocupaciones, percepciones catastróficas de lo que está ocurriendo; los niños -que necesitan de nuestro apoyo y compañía para atravesar las olas en el mar- se sentirán más vulnerables, desprotegidos, inseguros, y responderán a la nueva situación como puedan: algunos aumentando sus miedos y ansiedades, otros volviéndose más irritables o impulsivos, otros experimentarán dificultades para dormir, algunos se mostrarán más angustiados y replegados en sí mismos. Hay un sinfín de posibilidades.

– ¿Cómo podemos los adultos acompañar y contener a nuestros niños?

– La situación que estamos viviendo aumenta la intensidad con que se experimentan las emociones y los niños, cuanto más pequeños sean, cuentan con menos recursos para gestionarlas y autorregularse. Por eso es importante que los adultos adopten un rol activo, para sostener el impacto emocional que genera en los chicos el contexto actual. Somos nosotros quienes disponemos de mayores herramientas y recursos para regular los estados emocionales y acompañar a los niños a atravesar los suyos.

No hay recetas mágicas pero quizás sirva tener en cuenta que el mundo de la infancia nos ofrece la posibilidad de instalar narrativas que se apoyen en lo lúdico, apelando a la imaginación y a las historias, desde las cuales transmitir mensajes tranquilizadores, transformando esta situación en una experiencia capaz de dejar aprendizajes y vivencias agradables, a la que se asocien recuerdos de actividades compartidas en familia, momentos de juegos, de recetas de cocina.

Entre las rutinas que instalemos tenemos que disponer un tiempo para contagiarnos un poco del mundo de los niños y compartir con ellos sus juegos, leer cuentos, bailar, cantar, correr, practicar alguna técnica de relajación.

Las actividades en familia ayudarán a los niños a sobrellevar mejor este tiempo de aislamiento, y darán la oportunidad de fortalecer los vínculos entre padres e hijos y hermanos.

– ¿Cómo propiciar que puedan poner en palabras lo que les pasa o les preocupa?

– Para que los niños puedan compartir sus emociones es importante que los papás puedan conectar con ellos, estar en sintonía con lo que sienten, bajar al nivel del niño -esto significa propiciar el encuentro de miradas- abriendo espacios de diálogo que inviten a todos a conversar sobre lo que sentimos, lo que nos preocupa, donde ninguna emoción sea sancionada o juzgada, sino aceptada. Hay que entender que esta situación despierta emociones y que es natural sentirse triste por extrañar a los amigos, con un poco de miedo por las noticias, o enojados por no poder salir, por poner algunos ejemplos. Tenemos que hablar desde la empatía.

Para favorecer la expresión de emociones podemos animar a los más pequeños a hacer dibujos con encabezados que los orienten a compartir lo que sienten: «cuando pienso en el coronavirus siento…», «la situación de cuarentena y aislamiento puede generar muchas emociones: ¿a vos qué emociones te hace sentir?». De esta manera damos lugar a la conciencia emocional y la identificación. Y una vez que identifican lo que sienten, podemos acompañarlos a aplicar herramientas para afrontar esas emociones.

Cuando habilitamos la expresión emocional, los niños se animan a sacar sus emociones hacia afuera porque se sienten escuchados y comprendidos. Este es un importante factor de protección que favorece el bienestar emocional y disminuye la probabilidad de que aparezcan problemáticas más complejas.

– ¿Qué recomendaciones le harías a los padres en este momento?

– Para sobrellevar esta situación en el caso de las familias con niños donde hay más de un adulto, pienso que es fundamental que los papás puedan apoyarse mutuamente y organizarse para tener espacios individuales en los que oxigenarse, distenderse, recargar energías, tomarse un tiempo para sí mismos, para conectar con amigos, para volver a la dinámica con los chicos con la batería cargada. Ese tiempo es importante para evitar que las tensiones propias del ejercicio de la maternidad o la paternidad a tiempo completo, afecten el vínculo con nuestros hijos.

La mayoría de los papas no son maestros, entonces pienso que es interesante tomar esto como una oportunidad para entrenar la paciencia y transmitirles a los chicos que cada uno está haciendo las cosas de la mejor forma que puede hacerlo. Para que los niños sean amables consigo mismos, también el adulto tiene que ser amable consigo mismo. «Teneme un poquito de paciencia, mamá está aprendiendo cómo es esto de ser un poco maestra», «vamos a pensarlo juntos», son mensajes en donde el adulto puede identificar sus propios estados emocionales y compartirlos con el niño para que no alteren la relación. Entonces el niño ve al adulto como alguien a quien también le pasan cosas y esto lo tranquiliza frente a sus propios estados emocionales.

Mindfulness infantil: «Si no puedes salir, ve hacia adentro»

El mindfulness una técnica con aval científico que permite entrenar un tipo de atención o consciencia, que se caracteriza por estar en el momento presente, sin juzgar y con aceptación. Por eso resulta fundamental para afrontar el estrés, la ansiedad y regular las emociones. En estos tiempos donde el contexto propicia estados emocionales de tensión, donde la incertidumbre intensifica las preocupaciones y la alteración de las rutinas genera confusión y dispersión, las prácticas de mindfulness pueden resultar fundamentales para aumentar la consciencia de lo que se está experimentando, favorecer la conexión con las propias emociones e instalar espacios de calma.

«Con los niños trabajamos desde lo lúdico -explica la psicóloga y directora del Trankilandia- desde la metáfora, para que puedan incorporar prácticas sencillas. Esto se traduce en grandes beneficios, brindándoles herramientas para concentrarse mejor y entrenar la atención frente a las distracciones; activar los sentidos y la conexión consciente con el mundo; identificar las emociones y conectar con el mundo interior, facilitando la creación de estrategias para resolver conflictos; y, por último, aumentar la conexión, empatía y sintonía con los demás. Todos estos aspectos repercuten positivamente en la confianza y autoestima.

Durante este tiempo, desde nuestro proyecto, intentamos transmitir la iniciativa ‘Si no puedes salir, ve hacia adentro’, enseñándoles a los niños y a sus papás, prácticas que ayuden a invertir el recorrido que estábamos acostumbrados a hacer».

Un ejercicio sencillo para hacer en casa

Para introducirnos al mundo de mindfulness infantil María Florencia propone una práctica sencilla que consiste en llevar la atención a las sensaciones de la respiración: «Para esto, colocaremos un medidor de tiempo o reloj de arena que nos avisará el final de la actividad. Les propongo que durante 5 minutos se recuesten junto a los niños y los inviten a hacer un viaje hacia el interior de su cuerpo, intentando descubrir el sonido y el movimiento de la respiración. Les indicaremos que coloquen las manos sobre su panza, prestando atención a cómo sus manos suben y bajan mientras su panza se infla y desinfla. Es importante que puedan notar el modo en que su estómago se hincha al inhalar y se deshincha al exhalar.

Como variante, los chicos pueden elegir su peluche preferido y colocarlo sobre la panza, para enfocarse en el movimiento del peluche al inhalar y exhalar. También podemos animarlos a que imaginen que en su panza tienen un globo, que al inspirar se infla y al expirar se desinfla… que piensen en el color del globo, para favorecer la imaginación, la idea es que llevemos la atención a cómo este se infla y se desinfla mientras respiramos.

Es importante explicarles que no tenemos que cambiar el modo de respirar, no tenemos que pausar ni modificar la respiración, simplemente llevamos la atención a la respiración, tal como respiramos naturalmente. Y si nuestra cabecita se distrae con algún pensamiento o sonido, porque eso va a ocurrir, no pasa nada. Cuando nos damos cuenta, volvemos a enfocarla en la respiración. Podemos agregar alguna música relajante para crear una atmósfera de calma».

Es recomendable ejercitar esta práctica diariamente, antes de dormir es un buen momento, para que se convierta en un hábito y los chicos puedan recurrir a ella cuando lo necesiten.

ESTO TAMBIÉN PASARÁ

¿Hasta cuándo nos vamos a tener que quedar en casa? ¿En qué momento van a volver las clases? ¿Qué va a pasar con el virus? Este y otros muchos interrogantes generan incertidumbre y dan lugar a una ansiedad que muchas veces puede verse difícil de controlar.

Ante estas preocupaciones que pueden generar malestar a cualquier integrante de la familia, pero que puede afectar especialmente a los más pequeños, la psicóloga María Florencia López recomienda trasmitir a los niños la temporalidad de lo que estamos viviendo: «El tiempo de cuarentena, de distancia social, de retiro en casa, de pausa en las actividades escolares e incluso el tiempo en que el coronavirus mantenga un impacto en nuestras vidas, pasará». 

¿Cómo lo hacemos? 

– Usar explicaciones claras y concretas, transmitiendo mensajes realistas y esperanzadores.

– Construir juntos un calendario y colocarlo en un lugar visible para todos como la heladera de casa.

– Ir tachando juntos los días que quedamos en casa, esto permitirá a los niños percibir el paso del tiempo.

– Dar lugar a las emociones que puedan aparecer cada día, incluso las displacenteras: «hoy me sentí enojado…», «hoy estuve preocupado…», «hoy extrañé a los abuelos…», y explicar que todos pueden sentirse así por momentos. 

– ¡Para ganarle a este virus, todos estamos haciendo un gran esfuerzo! Por eso cada vez que se tache un día más de «quedarse en casa», animarlos a que se sientan orgullosos del esfuerzo que están aplicando. Así se transmite la sensación de que lo están haciendo muy bien y se fortalece su autoestima.

– Cada día se puede anotar en este almanaque una actividad que hayan hecho y disfrutado, dando lugar a las emociones y vivencias placenteras. También se puede animarlos a identificar y registrar algún aprendizaje que hayan logrado.

PERFIL

Maria Florencia López es Psicóloga Infantojuvenil (Mat. 1089), docente universitaria y directora del Proyecto Trankilandia, Escuela de Mindfulness Infantil.

Previo Cada estación, un balance
Siguiente Plantas sanadoras