Notable antología de cuentos con una biblioteca digital


La publicación “Ciudades, campos, pueblos, islas” que acaba de presentar el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia propone un recorrido por el vasto panorama literario santafesino.

 

Por Enrique Butti.

Jorge Riestra

 

“Sentimos el deber de interpretar este suelo en su integridad espacial, en su naturaleza y en sus hombres. En el tiempo, en el espacio y en el sentimiento”, escribía en 1955 (en “Escritores y plásticos del Litoral”) Luis Gudiño Kramer, precursor en sentar una suerte de manifiesto y programa estético (y en su caso específico, humanista) capaz de “interpretar”, valorar y expresar lo que dio en llamarse regionalismo. Más tarde serán varios los estudiosos y narradores que tomarán la posta teórica de esta materia (incluso integrando el tema a sus ficciones, como hicieron José Luis Víttori y Juan José Saer) que continuaría desarrollándose en el tiempo hasta el presente (Osvaldo Valli, Graciela Coco, Jorge Isaías, Eduardo D’Anna, entre tantos), acentuando valencias no siempre positivas, o al menos diferenciando y filtrando netamente ese concepto de un “acento propio”, inherente al regionalismo, de lastres tipo el aislamiento provinciano, el resentimiento ante el centralismo porteño, la reductiva delimitación topográfica y el costumbrismo.

 

 

Teorías o no mediante, la riqueza de la tradición cuentística de la provincia de Santa Fe es apabullante. Aceptando que una tradición literaria se constituye también con textos escritos en lenguas diferentes, y rastreando entonces los antecedentes en las crónicas de conquista o en las crónicas y ficciones de Lina Beck Bernard, el indudable momento en que se instala entre nosotros una forma consciente de narrar y de encarar el oficio de escribir relatos se sitúa en la primera mitad del siglo del siglo XX con la obra ejemplar de autores como Mateo Booz, Alcides Greca o Carlos Eduardo Carranza.

Gastón Gori

 

Las maravillas de esta literatura digna de redescubrirse no marchan sin embargo a la par con una preocupación académica (ni escolar ni universitaria) que trascienda el canon de moda, ni con una atención curiosa de la crítica, ni con una consecuente difusión editorial. El resultado de esta indiferencia constituye la zona oscura del brillante panorama del cuento santafesino y radica en la casi ausencia de nuevas publicaciones, y en muchos casos en la imposibilidad de encontrar los textos incluso en bibliotecas públicas. De ahí la importancia del volumen que acaba de presentar la Secretaría de Producciones, Industrias y Espacios Culturales, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia bajo el título de “Ciudades, campos, pueblos, islas”.

Leonardo Castellani

 

El libro incluye una antología de doce cuentos de autores santafesinos ineludibles, en los que se destacan, junto a algunos ya clásicos, los cuentos policiales de Velmiro Ayala Gauna (correntino de ley, pero desde joven radicado en Rosario donde fue un activo militante del Partido Socialista) y de Leonardo Castellani, y el singular humor de los relatos de Jorge Riestra y Lermo Balbi. Acompaña la cuidada edición impresa de estos cuentos un CDRom con una extraordinaria biblioteca digital, que incluye once libros fundamentales y, salvo quizás el de Mateo Booz, inhallables en librerías: “Cuentos de comité”, de Alcides Greca; “Santa Fe, mi país”, de Mateo Booz; “Abalorios”, de Eduardo Carranza; “Aquerenciada soledad”, de Luis Gudiño Kramer; “Las 9 muertes del Padre Metri”, de Leonardo Castellani; “La barranca y el río”, de Abel Rodríguez; “El camino de las nutrias”, de Gastón Gori; “Don Fruto Gómez, el comisario”, de Velmiro Ayala Gauna; “El taco de ébano”, de Jorge Riestra; “Los días siguientes y otros relatos”, de Lermo Balbi y “Las aguas turbias”, de Diego Oxley.

Lermo Balbi

 

El caso de Lermo Balbi es paradigmático; sus deslumbrantes cuentos, asociables tanto a la tradición de los cuentos anónimos populares como a la virtuosa literatura rusa y estadounidense de ambiente campesino (de Tolstoi a Caldwell y Faulkner), están desperdigados en plaquetas o en suplementos literarios (cuando no inéditos), y recién ahora podemos contar con una reunión de ellos gracias al trabajo de Jorge Isaías, que estuvo a cargo de la selección de los autores.

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