Por mucho tiempo se creyó que los hombres de negocios “serios y profesionales” eran la antítesis de los cumbieros cuando, por increíble que parezca, el manejo y crecimiento de una agrupación musical tiene muchas similitudes con la buena administración de un negocio.

Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

 

Que todo trabajo tiene sorpresas no es ninguna novedad. El mío por ejemplo, que entrevisto muchas personas, implica que a veces aparecen cuestiones novedosas, sobre todo ligadas a historias personales.

Una de ellas fue la del goleador Dante Fernández, ex Unión y en su momento chofer de una distribuidora de repuestos de la ciudad (desconozco si aún sigue allí). Este jugador, que brilló en el 89, luego pasó por Mandiyú de Corrientes en la fallida etapa de la dupla Maradona-Fren y medio que allí su carrera entró en el ocaso. El tema es que, desde mi ingenuidad, no imaginaba encontrarlo de empleado sino más bien administrando sus propiedades o cuestiones similares que lo hubiesen hecho vivir de rentas. Evidentemente el fútbol de hace 30 años no pagaba como el de hoy día.

Y otra de las personalidades que me tocó conocer fue la de un ex cantante de cumbia. Een este caso debo decir que las mieles de la fama no lo habían alcanzado, a lo sumo se le podría adjudicar un hit pero no más que eso (1).

Emilio se llama y de apellido Guacharaca. Nacido en Colombia pero de casualidad nomás. Justo su mami estaba vacacionando en San Andrés, en casa de una amiguita, cuando comenzó a sentir puntadas ahí abajo que le avisaban la llegada del purrete. Lo tuvo en un sanatorio bogotano y a los 21 días ya estaban volviendo a Chabás. Cuento esta parte para que sepan que Emilio no debe su “talento” para la cumbia a la herencia demográfica si bien él se jacta de ello a menudo. En otros términos, es tan colombiano como los que han visto jugar alguna vez por tv al pibe Valderrama.

Es sumamente carismático. Tiene una especie de imán que atrae a las personas y eso sucedió cuando entró a la empresa. Al poco tiempo ya todos lo escuchaban cual si fuese un gurú o algo así. Indudablemente se había convertido en un referente para el grupo.

Se había presentado para cubrir la vacante de vendedor y recuerdo que ya en su entrevista inicial mostró condiciones para la comunicación, empatía y talento comercial. Era un tipo verdaderamente atractivo para cualquier Compañía, y cumplía sobradamente los requisitos del puesto solicitado: Había que ofrecer seguros de vida a una cartera de clientes preseleccionada.

Enseguida cualquiera se da cuenta que la faena resultaba sencilla para pocos. El producto tenía una vinculación demasiaaaado estrecha con la parca, y como bien se sabe, a ese temita la mayoría de nosotros le escabulle. Por el contrario, para lograr resultados aquí se trataba de hablar del asunto sin tapujos y con un discurso que si bien se suponía era desarrollado por especialistas, tocaban de cerca aspectos tales como qué herencia quiere dejar a sus hijos o cómo evitarles problemas cuando uno se vaya de gira y cosas así.

Y lo loco es que su aspecto no coincidía mucho con lo que, supuestamente, se debía usar. Por ejemplo, tenía una especie de gomina o gel en el pelo (nunca supimos qué era exactamente) que lo equiparaba a la cabellera de una estatua de plaza: Ridícula 100 por 100. Y además le encantaban las combinaciones de colores que solo un daltónico podría sugerir. Corbatas rojas con camisas verdes. Pantalón ladrillo con saco azul…

Sin embargo el tipo metía goles. Y de a varios. Tanto es así que a los pocos años había reunido el dinero suficiente para abrir su propia franquicia de ¡carnicerías! en el sur de la provincia de Córdoba.

Por esas vueltas que tiene la vida un día regresó a la oficina a ver a sus ex compañeros y contarles un poco de su vida. No hace tanto de esto, estimo que habrá sido en la primavera de 2017. Y también el destino me encontró justo ahí, para presenciar una de las charlas más lindas que oí.

Emilio esperó el momento del almuerzo, porque sabía que era la ocasión propicia para tenerlos todos juntos y poder encontrarse con cada uno. Así, durante el café del final, María O. Sitán, le pidió algunos consejos para independizarse, porque sentía que su ciclo como empleada estaba llegando a su fin y además tenía el entusiasmo suficiente para comenzar su emprendimiento.
Recibida la cuestión, nuestro héroe se cuadró como para dar imagen de robustez y comenzó su alocución, que tituló: “Las 8 similitudes entre una banda de cumbia y un emprendedor”.

El discurso

“Por mucho tiempo se creyó que los hombres de negocios ‘serios y profesionales’ eran la antítesis de los cumbieros cuando, por increíble que parezca, el manejo y crecimiento de una agrupación musical tiene muchas similitudes con la buena administración de un negocio. Les cuento las 8 principales:

1. Visión
No hay dudas que en ambos casos se comienza con un sueño. Algo que mueve no solo las mentes sino que también pone los corazones a latir. El deseo muy fuerte de llegar a ser algo grande y diferente a lo que se es hoy”.

2. Trabajo en equipo
“Todos los integrantes del grupo entienden a la perfección la importancia de tirar todos para el mismo lado, compartiendo la responsabilidad a diario. Saber que cuando se triunfa el éxito es de todos, y cuando las cosas no salen bien también la culpa es colectiva”.

3. División de tareas
“En toda banda hay roles y funciones que cada quién debe cumplir a la perfección, sumando su matiz personal al conjunto. El timbaletero debe seguir el tempo, formando una dupla sólida con el bajo mientras que la guitarra podrá soltarse un poco más para que el cantante se luzca. Nadie es más importante que el otro, y lo mismo sucede en las organizaciones: por más que los comerciales aparezcan en primer plano, su labor se encuentra sostenida por todos los demás puestos, desde la logística hasta la administración”. Exclamó con bravura.

4. El fenómeno de sinergia
“En las empresas más valoradas por sus empleados hay momentos en los que se genera un estado de fluidez tal que el tiempo parece volar. Cada uno muestra su talento, pero alcanza metas superiores a las que hubiese arribado en soledad. De igual modo sucede con los músicos, cuando comienzan a improvisar y se forman armonías que su público disfruta al escucharlos”.

 

5. La necesidad de armonía
“Esto debe ser entendido en un doble sentido, dado que para lograr una armonía musical es necesario que las relaciones entre los músicos también lo sean. Tal como en las empresas, en donde es fundamental que las personas se vinculen de buena manera para que el día a día sea deseado de transitar”.

6. La importancia de saber negociar
“Hay casos de muy buenas bandas tropicales que no han trascendido en el tiempo por no saber mostrar sus canciones. No captar el interés de la audiencia a veces es producto de una mala negociación con los intermediarios, sean dueños de teatros o productores de discos. En las empresas, cuántos casos conocemos que por no saber negociar con cadenas de supermercados o grandes tiendas, sus productos no pudieron ser conocidos por la gente”.

7. Lo indispensable de la diversión
“Cuando los músicos dejan de pasarlo bien en los ensayos y encima de un escenario, se nota y mucho. Cuando los empleados padecen su trabajo más que disfrutarlo, esa empresa tiene escasas chances de supervivencia. El entusiasmo y las ganas hacen a las personas proactivas y capaces de un esfuerzo superior al común”.

8. La necesidad de liderazgo
“Es falso que en un grupo de cumbia se admire a todos por igual. En general, es el cantante quien recibe todas las miradas y adquiere mayor relevancia. Y normalmente es él quien asume la posición de liderazgo en escena. Quien marca los tiempos de la canción o decide incluir al público con palmas. Y este líder debe serlo también bajo el escenario, mostrando disposición a escuchar a los demás y pudiendo guiarlos en el camino artístico”.

“En resumen, tanto las empresas como las bandas son grupos humanos y como tales susceptibles de presentar fortalezas y debilidades. Pero lo más importante y la clave aquí es que tanto en un caso como en otro, sus miembros se sientan orgullosos y felices de formar parte de ellos”.

(*) Emilio Guacharaca trabajó de cantante unos diez años y desde 2010 tiene su propia cadena de carnicerías en la zona centro de Argentina bajo el nombre de “La vaca Salomé”.

1- Los americanos llaman “One Hit Wonder” a aquellas bandas o solistas que consiguieron un solo éxito importante en toda su Carrera. Las Ketchup, con su “Aserejé” son una divertida muestra de ello.