Los placebos ayudan a los pacientes a sentirse mejor incluso aunque sepan que se trata de un preparado inocuo, siempre y cuando conozcan el funcionamiento del “efecto placebo”, según una investigación publicada en la revista especializada Pain.

 

El estudio analizó la reacción de 160 personas ante los placebos y refuerza los beneficios de usarlos más en la práctica médica, subraya el equipo en torno a Cosima Locher, de la Universidad de Basilea.

 

Los 160 participantes hicieron primero un test de calor: les colocaron una sonda en el antebrazo que se calentaba cada vez más y se les pidió que se la quitaran únicamente cuando ya no soportaran la temperatura. Luego tenían que calificar el dolor en una escala de 0 a 100.

 

Después fueron divididos en cuatro grupos. Tres de ellos recibieron una crema sin ningún efecto. El primer grupo lo sabía pero no se le explicó nada más; el segundo también, pero se le dio una explicación del “efecto placebo”, es decir sobre la acción terapéutica de medicamentos sin efectos pero que funcionan al estar el paciente convencido de su poder curativo. El tercer grupo creía estar recibiendo una crema que reducía el dolor y el resto no recibió ningún preparado.

 

Los investigadores repitieron entonces el test de calor, sin que se hubiese producido objetivamente ningún cambio. Los participantes interrumpieron el ensayo más o menos al mismo nivel de temperatura que antes, pero la percepción subjetiva del dolor cambió.

 

El grupo que no recibió ninguna pomada estimó el nivel de dolor en la escala en promedio en 64. La puntuación del grupo que recibió un placebo y no fue informada de su efecto fue similar.

 

El grupo que recibió el placebo y fue informado sobre sus efectos consideró en cambio que el nivel de dolor se ubicaba en 60, de forma similar al registro de quienes pensaban que estaban recibiendo de verdad una crema contra el dolor.

 

Los investigadores llegaron a la conclusión de que el asesoramiento médico es más importante de lo que se suele creer. “La creencia habitual de que los placebos solo sirven si son recetados con engaños debería ser revisada”, señala Locher en un comunicado de la universidad.

 

El efecto placebo se utiliza en muchos experimentos en los que el paciente no sabe si ha recibido o no un medicamento auténtico, pero en la práctica clínica los médicos no pueden aprovecharlo porque no pueden recetar un placebo como si fuera real.
Sin embargo, nuevos estudios muestran que los placebos dados como tales también funcionan, y los científicos creen tras este análisis que hay una relación con la explicaciones que reciben las personas.

Robert Jütte, director del Instituto de Historia de la Medicina de la Fundación Robert Bosch en Alemania, cree que el estudio es un paso importante. “Podríamos intentar aprovechar los placebos más que antes en la práctica clínica sin tener problemas éticos”, afirma, aunque habrá que ver si en el día a día funciona igual de bien que en el ensayo.

 

Jütte cree que en la actualidad se puede comprobar bien la utilidad de los placebos.

 

“Cuando tomamos medicamentos para el dolor, el cerebro genera determinados neurotransmisores como la endorfina. Los neurólogos han descubierto que esta reacción también se produce con un placebo, pero en otra región del cerebro”.

 

Es importante sin embargo la actitud y esperanza del paciente. “El significado de la palabra en medicina es un tema muy antiguo, que va desde los conjuros sanadores que se utilizaban en la Antigüedad hasta la actual medicina alternativa”, opina Jütte.