Palabras de María Elena Walsh


En 1981, cuando a María Elena Walsh se le declaró el cáncer (contra el que lucharía hasta su muerte, en 2011), su joven amiga Gabriela Massuh empezó a hacerle un largo reportaje mientras la acompañaba en su casa y en sanatorios. Ese diálogo, que M.E.W. tuvo tiempo de rever y aceptar, se publica ahora bajo el título de “Nací para ser breve” (Sudamericana).

 

Por Enrique Butti

Una introducción a la riquísima charla en la cual M.E.W. nos habla de su vida, su arte y sus amores, nos permite conocer la historia de la propia Gabriela Massuh y las circunstancias que la llevaron a hacerse amiga de la autora de “Canciones para mirar”.

 

Resultan interesantes los detalles sobre la vida estudiantil de Massuh, de su paso por la facultad de Letras de la UBA en los años feroces que antecedieron al Golpe de 1976. Ella recuerda el ostracismo en que se encerraron algunos compañeros que habían optado por la lucha armada, y cita un fragmento pertinente de “Fantasmas en el parque”, el último libro de M.E.W: “Supe después que estaban conspirando, tejiendo una revolución que resultó sangre y lágrimas. A ella le mataron un hijo, pudo exiliarse y volver. Él cayó en un ‘enfrentamiento con las fuerzas armadas’. Para mí habían empezado a ser desaparecidos, querían borrarse de la vida de todos los que no acompañábamos la causa, como si fuéramos enemigos o lo que es más grave, potenciales delatores. Eso me ofendió tanto que no querría trato con sus fantasmas”.

 

Massuh trabajaba como bibliotecaria del área de estudios germánicos en un buen edificio, hasta que un día encontró los dos cuartos de la biblioteca desmantelados y ocupados por el recién designado director del Departamento de Letras, Paco Urondo.

 

Una mujer la ataja y con tono marcial le dice que esos cuartos ahora sirven a la conducción del movimiento para la emancipación de la academia nacional, le pide la llave y le dice que no se preocupe, que seguirá cobrando su sueldo. Massuh renuncia, pide una beca para Alemania, “y mientras esperaba el resultado me dediqué a dar clases particulares sobre Borges, toda una señal de decisión política porque en aquella época el autor de ‘El Aleph’ era el gran denostado por los escritores nacionales.

 

Como Aristóteles, Borges es un hijo de puta, pero un gran hijo de puta, dijo una vez la ayudante de prácticos de lingüística, mi última materia”.

Massuh viaja con su beca a Alemania, aquí sobreviene el Golpe de 1976 y su padre es nombrado embajador en París ante la Unesco. Los conflictos morales que este hecho le platearán harán que un día M.E.W. le puntualice: “Nena, tu padre no es tu marido, una no elige a los padres, los quiere como son”.

 

El largo cuerpo central del libro está ocupado por la entrevista, en la cual M.E.W. repasa los principales momentos de su vida, como el aprecio que siendo muy joven le manifiesta Juan Ramón Jiménez al visitar Buenos Aires, donde decide crear una beca anual para recibir a dos jóvenes en su casa de exilio en los Estados Unidos. Horacio Armani y M.E.W. fueron los primeros jóvenes seleccionados.

 

A sus primeros celebrados libros de poesía, sus lecturas y su amor a la música, seguirá el dúo folclórico que conformará con Leda Valladares en Europa, tras ser expulsada de los colegios donde enseñaba inglés por negarse a usar la versión sajona de “La razón de mi vida” y llevar el luto obligatorio por la muerte de Eva Perón. Después, la primeras composiciones infantiles y, al regreso, la musicalización de esas piezas para chicos y otras para adultos, la televisión, el teatro…

 

Quizás lo más destacable de estas charlas sean las reflexiones y lecciones estéticas que M.E.W. va sembrando en la conversación: “Siempre escribí entre los chicos y nunca para ellos”.

 

O: “Siempre me opuse a esa absurda mitología de la infancia feliz… Creo que la única felicidad de los chicos radica en el juego y, dentro de ese contexto, el juego verbal y el musical son extremadamente importantes”.

 

O: “La mentalidad infantil tiene una lógica implacable. Se puede contar la historia de un perro verde y fascinarlos, lo que nunca aceptarán es que ese perro tenga una sola oreja”.

 

Por supuesto se habla también de las notas periodísticas que tanta importancia y repercusión tuvieron en su momento, recopiladas en el libro “Diario brujo”, como aquella crítica a los maestros que erigieron durante meses y años una carpa ante el Congreso, con expresiones que se anticipan a radiografiar lo que nuestro tiempo agravaría: el patetismo de los “caretas progresistas”, de la “compulsión setentista”, “la impostura”, “el abuso de un espacio público”, “la bailanta justiciera”, “el trueque entre los dirigentes del gremio y los promotores de artistas nativos y extranjeros”, etc.

 

Massuh retoma la palabra para contar los últimos encuentros en los últimos años de M.E.W. al final de este libro apasionante que narra mucho más que la vida de una de los contados artistas geniales de quienes la Argentina pueda gloriarse.

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