Desde aquella cima seguramente se sintió fuerte, poderoso (¿o era una mujer?), tal vez con algo de temor, pero seguro al fin. A sus pies el valle se extendía prometedor de frutos y caza abundante. Posiblemente creía que lo que abarcaba su vista y apenas un poco más, era todo lo que había en el mundo, aunque no sabía que esto era el Mundo.

 

Textos: M. Alejandrina Argüelles

Parada en el mismo lugar en que estuvo él (o ella) hace miles de años, sentí una especial emoción por aquel remoto pariente o mejor dicho por el misterio profundo que encierran los dibujos que trazó en la roca de la montaña, más allá de lo que pueda develar la arqueología.

 

¿Qué fue lo que a él -y no a otro- lo llevó a buscar un pigmento y estampar unas formas humanas y otras de animales en la roca? ¿En qué momento recibió una chispa diferente que lo hizo distinto de los otros, que lo elevó un poco, que le abrió una cierta forma de pensamiento abstracto, un cierto poder de síntesis reflejado en sus trazos? Jamás lo sabremos con certeza.

Arte rupestre, arte humano ancestral

 

Hacíamos el camino de regreso a Madrid desde el colorido y bullicioso sur español. El contraste fue grande y maravilloso.

 

Resonaban aún en nuestras cabezas los taconeos flamencos y olés de las fiestas de la Cruz de Mayo y la Feria de Sevilla. Volver en auto nos renovaba la oportunidad de recorrer pueblitos detenidos en el tiempo, con nombres especiales, con aire de El Quijote.

 

En una de esas paradas vimos un pequeño cartel: “A Peñaescrita 3 Km. Solamente a pie”. Para lo que solemos caminar los viajeros parecía muy poco, sólo que 3 no siempre es igual a tres: hay que subir un senderito pedregoso y bastante empinado, con algún tronco caído y con el sol del mediodía sureño y primaveral haciéndose sentir. Y al mirar hacia arriba protegido apenas por unas rejas, en un abrigo de la montaña, aquellas señales que nos dejó aquel remotísimo pariente.

 

Apenas pude, me puse a buscar algunos datos de esas pinturas rupestres: la zona es Fuencaliente, situada en las primeras estribaciones de Sierra Madrona, donde se descubrieron algunos yacimientos en el siglo XVIII, que fueron declarados Monumento Nacional en 1924. Y que su origen se remonta al período calcolítico (Edad del Cobre).

Los datos son para los estudiosos; los que simplemente pasamos por allí, nos topamos de pronto con cientos y cientos de siglos que nos conectan apenas con aquel “Homo Sapiens”.

 

Tantos siglos y siglos en que unos humanos se han creído y se siguen creyendo más que otros porque tienen, porque pueden. Y en definitiva todos nos hermanamos en unos cuantos parientes remotos como este pintor de Peñaescrita.