Play Room


En vísperas del festejo del Día del Niño analizamos cómo organizar un espacio que es exclusivo para ellos, para el juego, para su dispersión y recreación, el arte, la música y la creatividad, donde también se puede generar un lugar que invite a la lectura y un área de estudio.
Textos. Nadia Novillo.

El cuarto de juego puede plantearse en el mismo dormitorio del niño y allí establecer todo su pequeño mundo.


Otra opción es destinar una habitación especialmente como play room o zona de juegos, que irá transformándose con el tiempo, ya que los niños están en permanente crecimiento, y sus intereses, gustos y preferencias se van modificando a medida cumplen años y soplan velitas.


Esta situación nos obliga a ir haciendo un descarte periódico al mismo ritmo que sus hábitos, rutinas y actividades se ven transformadas de acuerdo a su etapa de primera infancia, niñez y adolescencia.


Lo que se descarta puede guardarse de manera limpia, prolija y etiquetada para futuros hermanitos o primitos, o donarlo a alguien que lo esté necesitando.


En la primera etapa de la infancia se debe generar un espacio con alfombras, ya sea las que son antigolpes o las de goma eva en distintos colores, con números o con las letras del abecedario. Estas son ideales para bebés, cuando gatean y son pequeños deambuladores. En el mercado hay propuestas con variedad de colores, diseños y estampados. Las mismas se complementan con puff infantiles, cubos, almohadones, kit de mesa y sillas o bancos, todo en tamaño mini.


Se pueden sumar estructuras de casita, carpas tipi, tobogán, calesita, hamacas, todo similar a lo que encontramos en los famosos peloteros y lo que se llama plaza blanda. El resto de sus juguetes completa y determina la impronta de esta habitación.


Respecto a la inquietud y preocupación que se presenta con respeto a la organización de los juguetes, considero que aparece cuando la cantidad es excesiva y exagerada.

Cuando hay demasiado se genera el caos y el desborde, por eso la importancia del descarte y de tener una cantidad justa, medida. Hay que conservar lo que usan, con lo que mas juegan. Además, por supuesto, el volumen de cosas debe ser acorde al espacio disponible.


Sabemos que lo no se ve no se usa, con más razón en el caso de los chiquitines. Debemos presentarles todos sus juguetes de manera que llamen su atención, que puedan verlos. Es clave que todo esté a su altura y a su alcance.


Una vez más la tarea es eliminar todo tipo de packaging, bolsas y envoltorios. De esta manera optimizamos el espacio de guardado ya que las distintas cajas ocupan mucho lugar y además, facilitamos la tarea de sacar y guardar.


Excepcionalmente mantenemos en sus cajas originales los juegos de mesa y aquellos que tienen valor para quienes los coleccionan como Playmóbil o las Barbies. La sugerencia es plegar todas esas cajas y conservarlas juntas, desarmadas, dentro de una bolsa en vertical o dentro de una caja donde entren todas apiladas.


En cuanto al mobiliario, se debe priorizar la versatilidad y la funcionalidad de los mismos para ir adaptándolos a me medida q van creciendo, los estantes resultan muy prácticos y se aprovecha el espacio vertical.

Los grandes aliados al momento de organizar los juguetes son los canastos, cubos, cestas, cajas, contenedores, ya sean de plástico, de madera, de fibras naturales, de tela.

Hay propuestas muy novedosas y deco, bolsos de telas que se pueden colgar de ganchos o percheros bajos, cajones de madera de verdulería reciclados y pintados que se pueden disponer formando una estructura que simula un mueble o repisa, o a los que se les puede colocar rueditas y dejar en el piso para que los niños trasladen a su gusto.

La intención es que, cualquiera sea el organizador elegido, resulte fácil tomar el juguete deseado y luego devolverlo a su lugar, por eso es aconsejable que no tengan tapa.

Los modelos de contenedores plásticos apilables con apertura frontal resultan muy prácticos, ideales para espacios reducidos ya q se pueden armar torres con los mismos.

Estos organizadores permiten establecer distintas categorías, que facilitan la tarea de ordenar y devolver las cosas a su lugar: peluches, muñecas, autitos, pistas, pelotas, legos, libros de cuentos, libros para pintar etc.

Los mismos pueden estar rotulados o, si los niños aún no saben leer, se les coloca una figura como referencia.

Un buenísimo recurso que permite guardar gran cantidad de juguetes varios son los baúles. Las cajas plásticas transparentes son una opción para agrupar piezas chiquitas. Además, hay que recordar que todo lo que sea transparente tiene el beneficio de que nos permite ver lo que hay dentro.

Otra posibilidad es agrupar las miniaturas en bolsas transparentes tipo ziploc.

El orden es un hábito que se transmite y enseña a los niños. Lo que se les puede pedir y exigir es de acuerdo a su edad, ellos son esponjas que absorben todo, pero no hay que agobiarlos ni obsesionarlos.

Es importante que sepan cuál es el área de juego, que puedan identificar que cada cosa tiene su lugar asignado: allí donde se busca y se guarda.

La acción de guardar debe ser parte del juego y justamente lo que marque la finalización del mismo. La famosa y popular canción que dice “a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar” se escucha y repite tanto en el jardín como en los hogares; promueve, estimula e incentiva a ordenar y es una especie de regla impuesta que no se puede negociar, se juega libremente pero luego se guarda.

A medida que los niños van creciendo, se deben ir haciendo reformas que respondan a sus nuevas necesidades: una nueva distribución del mobiliario, estantes más arriba, la incorporación de un escritorio para generar un sector de estudio donde se puedan realizar los deberes, una biblioteca, etc.

Si se trata de una habitación amplia, el cuarto de juegos suele ser el ambiente elegido para organizar una pijamada en lugar de tomar y copar el living.

Con el tiempo este play room puede transformarse en una sala de estar, de cine, donde ellos reciban, estén y compartan con sus amigos.

Lo importante no es la cantidad de juguetes que un niño tenga sino la calidad del tiempo que dediquemos a jugar con ellos, a educarlos, a prestarles atención, a contenerlos, a ayudarlos y a mimarlos. Regalemos momentos compartidos. Todo lo que un niño necesita es amor.

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