Por qué ascender a una mamá. Lecciones de Liderazgo (I)


Las mujeres pueden dar ejemplos de todo tipo que muestran claramente su capacidad para liderar.
Textos. Gustavo Giorgi.

Cada vez que escucho a alguien rechazar a una mujer para un puesto jerárquico porque “Es mamá” o “Va a serlo” me invade una sensación mezcla de enojo y risa. Enojo porque me cuesta creer que existan quienes tengan una visión tan limitada y mezquina del asunto. Risa, cuando entiendo que puede tratarse simplemente de un chiste…


Esto último fue lo que experimenté cuando Gregorio, gran amigo de los amigos, las noches y las copas, a la sazón dueño de una reputada empresa de la zona, me dijo: “No creo que el puesto sea para Marita… Vos viste como son estas cosas de mujeres, Gusti… Al principio te dicen que están dispuestas a todo, que quieren crecer y desarrollarse profesionalmente pero después de ser mamá te dejan en banda. Enseguida empiezan con que el nene tiene fiebre, que le duele la panza y no pueden ir, que me faltó la niñera, ¡que tienen un acto del colegio! Te sentís un crápula si no le das lo que piden, pero la empresa se va resintiendo de a poco. Sus compañeros empiezan a mirarla de costado, diciendo que tiene privilegios y eso va generando un clima de porquería. Conclusión, quiero a un varón para el puesto”.


“Vea, Gregorio… Usted bien sabe los respetos que le tengo, tanto como empresario como persona. Sin embargo en esta parte no le voy a dar la derecha porque pienso exactamente lo contrario: soy un convencido de que las mujeres pueden darnos ejemplos de todo tipo, que nos muestran claramente su capacidad para liderar”.


“A ver, ya que te las sabés todas… vos que sabés tanto (esto me lo decía cada vez que se enojaba conmigo, lo que no era personal dado que siempre se irritaba cuando alguien no era obsecuente con sus percepciones) te desafío a que el lunes mismo me traigas diez razones que me hagan cambiar de idea”.


Los que me conocen saben que este tipo de retos me adrenaliza, si cabe la expresión. No solo los valoro sino que hasta te diría que los necesito de tanto en tanto. Así, durante un frío fin de semana de otoño, escribí lo solicitado y hoy quiero compartirlo con ustedes. Se llama “Las 10 lecciones de liderazgo que una mamá puede enseñarnos”.

  1. Paciencia
    Definida como esa capacidad para soportar situaciones complicadas, puedo ver cómo, durante esas noches interminables en las que el bebé no duerme o cuando revolea la cuchara de comida por el aire, se ponen a prueba todos sus recursos para no hacer lo mismo. De igual manera, el buen líder debe tomar este ejemplo cuando su colaborador directo no aprende inmediatamente a programar el PLC o utilizar con prestancia el nuevo sistema de gestión adquirido por la empresa.
  2. Perseverancia
    Repetir una y otra vez la misma conducta a pesar de que los resultados no se logren. Así, ante la negación a abandonar los pañales o la resistencia a guardar sus juguetes la mamá lo intentará una y otra vez hasta lograr su cometido. Dormir a oscuras o en su habitación solo… no hay nunca una última vez para insistir. Observe, si usted es líder, cómo esta conducta es un ejemplo al momento de demostrar la importancia que tiene repetir hasta en cansancio el uso de los elementos de seguridad o el cuidado en conductas laborales riesgosas.
  3. Tolerancia a presiones
    Sabemos que no es nada fácil y pone a prueba los nervios de cualquiera un berrinche en medio de la calle transitada o en el pasillo central de un shopping. Lo mismo le sucede al supervisor cuando un colaborador se niega a realizar sus tareas si no es recategorizado. En ambos casos hace falta una condición especial para soportarlo, no decaer y afrontarlo exitosamente.
  4. Motivación
    La mama es quien anima al chico para que no decaiga ante una mala nota. Lo levanta si los compañeros no lo incluyen en sus juegos. Le dice al oído lo importante que es. ¿Cómo le llamaría usted a eso? ¿Qué es si no motivación? ¿Hace falta aclarar que eso mismo hacen los buenos líderes?
  5. Trascendencia
    Posiblemente el pico más alto en la búsqueda de un sentido que justifique la conducta sea este. Esa vocación por continuar en la memoria de los otros cuando uno no esté. Dejar un legado solo será posible a través del ejemplo en conductas de todos los días. Si un líder abandona una organización pero deja en otros su impronta, podrá sentirse pleno porque es una clara señal de que hizo bien las cosas. El refrán de “plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo” es una excelente metáfora que el lenguaje popular encontró para graficar esta idea. Una mamá que vive en el pensamiento, ideas, conductas y, por qué no, sentimientos de sus hijos ha logrado la vida eterna.
  6. Gestión de emociones
    En más de una ocasión tiene ganas de romper algo. En más de una ocasión se siente triste, pero sin embargo no puede dejar que esas pasiones primarias la dominen, afectando el bienestar del otro. Así sucede también con aquellos que tienen personas a cargo. ¿Cuántas veces habrá sentido que su ánimo variaba, a partir de una mala noche, una noticia desagradable o una simple frustración? Si logró gestionar esas emociones primarias, habrá hecho mucho por su equipo de trabajo, tanto como una madre con su bebé.
  7. Resolución de conflictos
    Permanentemente y sin haber estudiado el método de Harvard, las madres tratarán que todos los hermanos queden contentos. O si su hijo se peleó por no prestarle su autito nuevo al vecino, intentará que eso no sea motivo de separación. Tratará infructuosamente de sostener las amistades y relaciones de su hijo. Piensa que ellas son importantes para su maduración y desarrollo. Lo mismo, si un líder observa que las diferencias intergrupales se están tornando peligrosas, será su responsabilidad resolverlas de la mejor manera, y eso solo será posible a condición de que todos estén satisfechos con el acuerdo.
  8. Negociación
    Como correlato de lo anterior, también las mamás son capaces de poner en juego la estrategia del “cedamos en partes iguales”. En sus términos sería algo así como: “Te doy permiso para salir el fin de semana si limpiás tu habitación”. Un líder eficiente sabe cuándo comportarse así sin abusar, evitando que sus colaboradores desarrollen ese vicio de pedir el doble para obtener lo que se quiere.
  9. Postergación de las propias necesidades
    Comer, dormir y hasta ir al baño pueden ser puestas en suspenso por una mamá si su hijo demanda alimento, sueño o ganas de jugar. Lo mismo debe comprender quien aspire a ser un buen líder: que los objetivos colectivos, alineados con los de la organización deben ser satisfechos en primer lugar, para luego alcanzar los personales.
  10. Transmisión de conocimientos y búsqueda de mejora
    ¿Qué mamá no enseña a sus hijos cuestiones simples, pero que sin ellas sería muy difícil la vida? Leer, entender al otro, caminar, respetar el turno en la fila… ¿Y qué buen líder no ha desarrollado a sus colaboradores, asegurando que su lugar pueda ser ocupado aún en su ausencia? A contrario sensu, el supervisor mediocre hace todo por estancar a su personal. Tiene miedo de que le serruchen el piso y el día de mañana ocupen su espacio. El líder positivo ayuda a mejorar a su equipo. A que incorporen conocimientos nuevos cada vez. Que aprendan lo útil para su trabajo actual y que entiendan lo clave que resulta ver el negocio en su totalidad. El futuro próximo de su tarea y lugar de trabajo.

Finalmente, debo decir que Gregorio me hizo caso. Ascendió a Marita como jefa de administración. Y debo admitir también que él tenía razón respecto de los permisos, que pedía cada tanto a causa de su condición de madre. Pero también es cierto que el valor dado a la empresa por Marita bien merece esa flexibilidad.

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