Porqué es un error vestir a los niños como adultos


Especialistas en el tema advierten que con la llegada de estas tendencias, se está restringiendo la libertad de los niños para que puedan ser lo que son: niños.
Textos: Soledad Vittori.

La adultización del textil infantil es un fenómeno que viene pisando fuerte en el mundo de la moda y que trae serias consecuencias en la crianza. La ropa ha dejado de ser de chicos, tierna, y ahora, los padres visten a sus hijos como personas grandes.


Pero cabe aclarar esta situación no es culpa de los adultos sino del mercado que elabora prendas con las cuales, sin realizar un análisis en profundidad, se empuja a los niños a una madurez precoz.


Ahora bien, que tus pequeños jueguen a ser adultos y que, incluso, quieran usar tus zapatos con tacos, tu maquillaje, anteojos de sol o corbatas, suele ser parte de una etapa en la que se divierten imitando roles.


Lamentablemente, las publicidades imponen que el hecho de vestir a un niño como adulto es de vital importancia. Y lo que no explican en este tipo de propagandas es que vestirlos así todos los días acelera etapas de crecimiento y de desarrollo de su personalidad.


Muchos padres no permiten a sus hijos jugar, correr, sentarse en el piso o ensuciarse porque temen que esa ropa, que les costó una fortuna, se dañe. Pero la realidad es que el niño necesita ropa cómoda y de acuerdo con su edad y sus gustos para poder recrearse. No debería pasar que ellos tengan que cuidar sus prendas como lo haría un adulto.


Esta corriente genera que el niño tenga que comportarse como una persona mayor. Vestir habitualmente a los niños con camisas y otras prendas más destinadas a los adultos, es un error. Estos casos se deben dar sólo para eventos especiales. Mientras que, durante el resto de los días, el niño debe llevar prendas cómodas y agradables con las que puedan jugar.


A partir de los 3 años muchos adultos se empeñan en que los niños comiencen a ser autónomos lo antes posible. Que dejen de depender cien por ciento de los padres para que los mismos vuelvan a recuperar un poco de libertad. Una cuestión bastante lógica.


Ahora bien, se busca que sus hijos sean autónomos y sin embargo los visten con pantalones llenos de botones, prendas que les aprietan, difíciles de poner y quitar y complicadas de subir y bajar; dificultando la tarea del pequeño.


Es primordial sentar unas buenas bases: que aprendan a ir al baño sin ayuda, que practiquen comer por sí solos aunque ensucien todo, que puedan vestirse ellos mismos, todo en su justa medida sin dificultar el camino.


Aunque no parezca, la vestimenta también afecta el desarrollo social. Si están en una plaza vestidos con prendas incorrectas que no les permiten jugar, si el zapato les molesta, si no se pueden manchar, no tendrán la libertad ni la seguridad necesaria para aprender a relacionarse socialmente con sus iguales. Para muchos niños dar ese primer paso para jugar con otros, presentarse o cederles sus juguetes ya es suficientemente duro como para complejizar la situación.


También es importante fomentar que los niños valoren y cuiden sus cosas para evitar en lo posible conductas consumistas. Si tienen suficiente ropa, adecuada a su edad, no es necesario comprarles de más por el simple hecho de vestirlos a la moda.


Los niños que reciben todo lo que desean sin condiciones, a futuro no saben gestionar sus frustraciones cuando no logran sus objetivos.


A pesar de esto, todo padre desea que su hijo luzca bien y la clave es comprar prendas atemporales que duren más tiempo y que les permita a los pequeños moverse con libertad, acorde a su edad. Este, es un buen punto de partida para inculcarles a apreciar lo que tienen, sin discriminar.


Resulta vital para la psiquis del niño no fomentar la vanidad excesiva. Cada concepto debe inculcarse desde la primera infancia en su justa medida ya que, cuando los niños sobrepasan el límite del autocuidado, y se enfocan en el éxito y la belleza, el tema puede llegar a convertirse en una obsesión.


Finalmente, y aunque parezca excesivo, esto puede conllevar en la creencia por parte del niño o niña de que es una necesidad lucir atractivo y bien físicamente. Lo que, a largo plazo, podría desencadenar en patologías como anorexia, bulimia y obsesión con las cirugías estéticas para alcanzar una perfección irreal.

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