Positividad tóxica


Intentar mantener una actitud positiva al 100% frente a toda circunstancia nos puede llevar a la toxicidad emocional, dañar y producir el sufrimiento que se pretende evitar.

Textos. Mariana Borga (Lic. en Ciencias para la Familia)

«Todo va a estar bien». «¡Qué mala onda!». «La felicidad es una elección». «Si crees en ti, todo lo lograrás». «Sueña en grande». «La adversidad es una oportunidad». «Trabaja en vos misma y todo mejorará». «Estás en un momento de tu vida en donde la negatividad no puede existir…».

Estas frases, que seguramente alguna vez escuchamos o dijimos, nos invitan a mirar el lado positivo de la vida, de lo que nos pasa, en definitiva, a ser felices.

Sabemos que la positividad es necesaria para poder enfrentar con mayor disposición las circunstancias que nos tocan atravesar. Sin embargo, intentar mantener una actitud positiva al 100% frente a toda circunstancia nos puede llevar a la toxicidad emocional, dañar y producir el sufrimiento que se pretende evitar.

El Dr. Lukin define a la positividad tóxica cómo solo enfocarse en cosas positivas y rechazar cualquier otra que pueda desencadenar emociones negativas. Las terapeutas norteamericanas Quintero y Long agregan que la positividad tóxica resulta de la negación, minimización e invalidación de la auténtica experiencia emocional humana.

¿Por qué nos intoxica estar siempre positivos? Porque estamos negando lo que nos pasa, lo que sentimos. Todas las emociones son necesarias, nos provocan mirar el contexto para actuar. Si sólo tenemos en cuenta las supuestamente positivas, y dejamos de lado las negativas, explica la investigadora Karla McLaren, reducimos considerablemente nuestras habilidades emocionales y sociales.

Cuando nos relacionamos con personas peluches, llenas de miel y azúcar, ¿te sentís en confianza para mostrar tu lado vulnerable? Aunque esa persona quiera lo mejor para nosotros, nos pone un límite y un molde explícito o implícito: de eso no se habla. Solo se habilitan pensamientos felices. No puedo ser yo misma y esa persona tampoco lo es. Me pasó con una amiga que siempre respondía con frases del tipo «no es para tanto, hay otros que lo pasan peor», «no te preocupes, son cosas que pasan», «mantenete positiva». La relación continuó, pero a nivel formal.

Si solemos ser azucarados, las relaciones que vivamos nos saben a poco, producen una intimidad falsificada y amistades superficiales. Cuando somos personaje y dejamos de lado ser persona, atraemos sólo apariencias y relaciones aparentes.

Para descubrir la positividad tóxica en nuestras vidas, Quintero y Long nos brindan algunas pistas:

– Esconder los verdaderos sentimientos.

– Tratar de seguir adelante descartando emociones supuestamente negativas.

– Minimizar las experiencias de otras personas con declaraciones cómo «¡sentite bien!», «elegí ser feliz», etc.

– Intentar darle a alguien una mirada superadora -por ejemplo: «podría ser peor»- en lugar de validar su experiencia emocional.

-Avergonzar a otros por expresar frustración o cualquier otra cosa que no sea positividad

– Eludir lo que te molesta con un «las cosas son así».

McLaren explica que todas las emociones son positivas y oportunas cuando las necesitamos, y todas las emociones son negativas y problemáticas si surgen en el momento equivocado. Por ejemplo, si estás en un funeral, la felicidad es completamente inapropiada: necesitás tu dolor para ayudarte a llorar tus pérdidas. O en una situación de peligro físico inmediato, donde se requiere sentir miedo para salvar tu vida, la alegría es una emoción negativa e inapropiada.

Las mamás y los papás muchas veces intentamos evitar las emociones que consideramos negativas a nuestros hijos, tarea totalmente imposible. Mientras más y más buscamos asegurarnos de que no las sientan, surgen con más fuerza.

Ejemplos… Los celos o la envidia que pueden sentir hacia sus hermanos o amigos. El miedo, la vergüenza por lo que hacen o lo que no se animan a hacer; entre otras emociones «oscuras» que procuramos descartar. En cambio, acompañarlos sin reprimir ni exacerbar, les permite aprender a gestionarlas.

Podemos empezar por nosotros mismos. Cuando nos sentimos tristes, preocupados por las distintas situaciones que vivimos, por ejemplo la situación laboral económica, comuniquemos con palabras adecuadas a la edad de nuestros hijos «eso que nos pasa», sin necesidad de entrar en detalles. Alcanza con decirles: «mamá esta triste/preocupada/enojada/ por algo que pasó en el trabajo».

Mirar el vaso medio lleno o medio vacío no es lo fundamental. Si lo es saber reconocer de qué está lleno o de qué está vacío para poder afrontar nuestro día a día. Aprender a escuchar en serio, simplemente estando y, cuando sea necesario, hablando.

«Todo lo que vale la pena en la vida se gana superando la experiencia negativa asociada. Cualquier intento de escapar de lo negativo, evitarlo o anularlo o silenciarlo, solo fracasa. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. Evitar la lucha es una lucha. La negación del fracaso es un fracaso. Ocultar lo que es vergonzoso es en sí mismo una forma de vergüenza.

El dolor es un hilo inextricable en el tejido de la vida, y arrancarlo no solo es imposible, sino también destructivo: intentar arrancarlo desenreda todo lo demás.» Mark Manson

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