Priorizar calidad no cantidad


Por Nadia Novillo

Cuántas veces escuchamos y cuántas otras repetimos y afirmamos “es preferible elegir calidad y no cantidad”. Sin embargo, en la práctica, no es lo que sucede. Al realizar organizaciones en el proceso donde hay que decidir qué se conserva y qué se va, descubro que gana la intención y el deseo de retener prendas y objetos en cantidad y por otro lado, al acompañar a un cliente en una asesoría de personal shopper al momento de definir una compra observo lo mismo: prevalece la tentación de elegir cantidad sin evaluar la conveniencia y calidad.
La conducta errónea se repite en ambos casos tanto para lo que ya se tiene como para lo nuevo que se va a adquirir.


El gran problema del desorden no radica en la falta de lugar como todos creen y argumentan para justificar el desborde en el que viven, sino que es provocado por la cantidad exagerada y desmedida de cosas, y la imposibilidad de hacer una selección consciente y descartar.


Es curioso, pero a muchísimas personas tener cosas en cantidad le da cierta tranquilidad y seguridad, como si se tratara de una garantía, un respaldo.


Lo cierto es que la mayoría de esas cosas que se tienen en cantidad son cosas que ya no usamos y les aseguro que tampoco volveremos a usar. Me pregunto entonces cuál es el temor que se esconde, por qué lo material genera tanto apego y por qué es tan difícil descartar.


En el afán de retener y seguir guardando comienzan a enumerar excusas, que tienen que ver con que fue el regalo de un ser querido, o perteneció a alguien que ya no está, que en su momento fue costoso, “por las dudas”, “me da pena”, “está sin uso”, “está como nuevo”…


¿Qué sentido tiene aferrase a cosas materiales, que ya no necesitamos, o prendas que están pasadas de moda, muy gastadas, que no son talles actuales o que no representan nuestro estilo hoy?


El típico ejemplo es cuando se rompe un electrodoméstico y compramos uno nuevo para reemplazarlo, pero el viejo que no anda se esconde en el lavadero o cuartito del fondo, es absurdo, cuando lo lógico sería llevarlo a reparar, si es que tiene arreglo y si no, desecharlo.


O cuando manifestamos que tenemos que renovar los stilettos negros porque ya no dan más, adquirimos un nuevo par pero resulta que no podemos desprendernos del que tenemos, y para seguir conservándolos inventamos excusas varias… para usar un día de lluvia, por si me surge una fiesta de disfraces…y eso justifica continuar guardándolos.


Una expresión que se repite con frecuencia por parte de mis clientas durante el proceso de descarte es “me quedé sin nada” y mi respuesta es siempre la misma: ¡No! No te quedaste sin nada, todo lo contrario, ahora tenés una selección perfecta y exclusiva de lo que usás y necesitás, te sienta cómodo y favorece, te encanta ver y tener. Hoy tu hogar habla de vos y te representa.


Las lista de cosas que se guardan por las dudas son infinitas.
No se trata de tirar, sino que el objetivo es revisar y controlar, buscar una segunda vida y oportunidad a los objetos/prendas en el caso de ser posible, donar, regalar, vender, reciclar. Todo aquello que yo ya no uso puede ser de gran utilidad para otro.


Cuando se internaliza el orden como filosofía y estilo de vida se reduce el consumo, se quiere menos, se regala más, se toma conciencia sobre la importancia de hacer circular las cosas.


Soltar es totalmente liberador, terapéutico y renovador.


Hay que perder el miedo a vivir con menos y deshacerse de lo que es innecesario.


Afirmar que menos es más es entender la supremacía de la calidad sobre la cantidad.


Que gane el “poco pero bueno” la guerra del “quiero tener más”.

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