Qué hace #LocaPorElOrden (I)


“El orden” es el tema del momento, un boom, una tendencia, un fenómeno que ha llegado para instalarse y contagiarse a todos los espacios, ámbitos, muebles y rincones. A pesar de eso, aún hay muchísimas personas que se siguen preguntando en qué consiste el trabajo de una organizadora.
Textos. Nadia Novillo.

El público se renueva, como dice una famosa conductora de TV, por eso me vuelvo a presentar. Soy Nadia Novillo, organizadora de espacios, amante de los detalles y enemiga íntima del “así nomás”.


Nada me da lo mismo cuando veo la posibilidad de mejorar un ambiente, de lograr que se vea más prolijo, armonioso, estético y funcional.


Estoy convencida de que absolutamente todos podemos vivir en un hogar organizado, limpio, ordenado, independientemente de los metros cuadrados o de si la vivienda es propia o alquilada; más allá del tiempo largo o corto en el que la vayamos a habitar, si es una casa transitoria o permanente.


A través de la organización buscamos la optimización de los espacios, propiciando un orden que de ninguna manera pretende ser obsesivo, perfecto o estático. El objetivo es que el orden se incorpore como un nuevo modo, filosofía y estilo de vida.


Un orden que nos facilite y simplifique el día a día, que nos permita ser más eficientes y productivos. Un orden posible de mantener en el tiempo con el simple hecho de devolver cada cosa a su lugar luego de ser usada, acorde a las necesidades de cada persona y grupo familiar.


Un orden que siga el sentido común… donde se asigne un lugar a cada cosa, atendiendo a la lógica de ubicar los objetos donde se usan y necesitan, priorizando comodidad, practicidad y funcionalidad. Se intenta así lograr una ubicación visible, a mano, de fácil alcance y acceso, de acuerdo a su frecuencia de uso.


El estreno de la Serie de Marie Kondo, la gurú del orden, hizo visible al mundo y legitimó de alguna manera el trabajo de los organizadores de espacios, aunque en los distintos capítulos la vemos haciendo un trabajo que solo se limita a la consultoría y asesoría.


Mi trabajo en cambio consiste en ofrecer un servicio donde organizo y ordeno, asesoro, guió y acompaño al cliente en el proceso de descarte. No impongo ni decido qué es lo que se va, solo hago preguntas, propongo probar las prendas que generan dudas, mirarse en un espejo, tomarse una foto. Ayudo a pensar y decidir, cada persona determina libremente qué conserva y qué descarta e incluso qué destino le dará: si lo va a regalar, donar o vender.


Enseño nuevos criterios de organización y guardado, distintas técnicas de doblado y almacenamiento de acuerdo al volumen y cantidad de cosas y según el espacio disponible. Sugiero distintas alternativas buscando la que mejor se adapte a las preferencias y gustos del cliente.


Hay una amplia variedad de productos, organizadores y aliados para aprovechar el espacio, pero estos no son imprescindibles. Siempre podemos reutilizar lo que el cliente ya tiene en su hogar o buscar opciones más económicas que se ajusten a lo que cada persona está dispuesta a invertir.


Aún noto cierto prejuicio con respecto a la contratación de un organizador, vergüenza de abrir las puertas del mundo más íntimo y privado, pudor y timidez de que alguien ajeno ingrese y vea el caos en el que uno se encuentra viviendo.


Les aclaro que no hay ningún desorden que pueda asustarme, aunque cada uno crea que el propio es el peor de todos.


Cada organización, cada hogar, cada familia y sus circunstancias, son un mundo y para mí un nuevo desafío. No estoy para juzgar ni evaluar, si para ayudar, resolver y dar soluciones.


La discreción, reserva y confidencialidad son rasgos fundamentales en lo que respecta a mi trabajo. Puedo tomar fotos y hacer videos de los espacios organizados, puedo mostrar imágenes comparando con el famoso recurso del “antes y después” siempre y cuando tenga el expreso consentimiento del dueño, pero su identidad y demás datos se mantienen en el anonimato.


Me consta también que existe la errónea creencia de que un servicio de organización es caro. Lejos de entrar en discusiones y debates sobre qué es costoso y qué es económico, frente a estos comentarios mi respuesta es que el valor de mis honorarios por un servicio de organización tiene probablemente el mismo o menor costo que el último par de zapatos adquiridos por quien consulta interesado en la contratación del servicio.

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