“La docencia es mi pasión”, asegura María Isabel Iglesia de Aletti. Y lo confirman ex alumnos y alumnas de las escuelas Drago y Colón que la tuvieron de guía durante toda la primaria y varias décadas después le siguen demostrando su afecto.

 

TEXTO. NANCY BALZA. FOTOS. PABLO AGUIRRE Y GUILLERMO DI SALVATORE.

 

María Isabel Iglesia de Aletti va a cumplir 87 años en octubre y ni se le nota. Una sonrisa luminosa y permanente disipa el paso de las décadas e invita a dialogar sobre una historia que parece apenas transcurrida, no por empecinada nostalgia sino porque está viva y presente a cada paso. Y ya se verá hasta qué punto.

 

María Isabel es maestra y está jubilada. Es imposible hablar en pasado de la profesión que eligió sin dudar cuando era muy chica: tiene intacta la pasión por la enseñanza y despunta el “vicio” en cada ocasión que se presenta, incluso con ese nieto que aún cursa la primaria.

 

Ella es, también, Marisa, la señorita Marisa, la Seño. Así la recuerdan y la siguen llamando alumnos y alumnas de las escuelas Drago y Cristóbal Colón a quienes acompañó hace más de 40 ó 50 años en los primeros pasos por la vida escolar y durante todo el ciclo de primaria, y a quienes sigue encontrando todos los años en las reuniones que se organizan, desde hace 18 con el primer grupo y hace cinco con el segundo. Y por esa voluntad de reunir y fomentar nuevos lazos, en octubre pasado coincidieron todos en el patio de su casa, a una puerta de distancia del cálido comedor donde recibe a Nosotros para desandar con afecto la vida recorrida.

 

Pocos días antes de esta charla, la maestra participó del agasajo que le ofrecieron alumnos de la escuela N° 8 Cristóbal Colón, con quienes también se reúne de manera periódica. Para ellos es la señorita Marisa; así la llamaron cuando los recibió y a lo largo de todo el ciclo, desde primero inicial hasta 5° año; “luego pasaríamos a lo que se denominó escuela intermedia con 6° y 7° grado hasta finalizar la primaria en 1971”, recuerdan.

En un encuentro con ex alumnos de la escuela Cristóbal Colón. Parados: Daniel Guiter, José Ferlini, Rubén Gionblanco, María Ester Arce, Marta Diez, Néstor Marzocchi, Jorge Luis y Raúl Paredes. Sentadas: Diana Naymark, Cecilia Roitbarg, María Isabel Iglesia de Aletti, Olga Ferlini y Beatríz Rachele.

 

BUSCAR EL ENCUENTRO

 

Mario Manibardo y Olga Ambrosioni son vecinos históricos del barrio donde funciona la escuela Drago -General Paz al 5300-, la misma donde la maestra los recibió en primer grado y los despidió al culminar el ciclo. Aunque, como se verá, nunca se alejaron del todo. Olga lo cuenta así: “Yo trabajaba en el Jardín de Infantes del Poder Judicial y encontré que ella era abuela de alumnos de esa institución; ahí comenzamos a ver que sería lindo reencontrarnos, empezamos a armar el grupo y a conectarnos porque hacía mucho que no nos veíamos”.

 

María Isabel comprende bien las dificultades de coincidir en un horario: “Trabajo en la asociación de ex Alumnos de la Escuela Normal y nos cuesta organizar con los grupos que cumplen los 25 años, pero no tanto con los que van por los 50. Porque los primeros tienen su ritmo, hay hijos chicos, están en plena formación de su familia o reorganizando el trabajo. En cambio, cuando se llega a la otra etapa ya están más relajados y organizados. Es el trayecto en que llega el orden, la tranquilidad y se busca el reencuentro: cuando más mayores somos, más buscamos la ocasión para reunirnos”.

 

Esa práctica de reunir y unir es una capacidad que la docente mantiene intacta desde su trabajo frente a las aulas y también en el presente, con su casa generosamente abierta a los reencuentros. Olga recuerda que cuando la maestra les dijo que los ex alumnos de la escuela Colón querían conocer a los de la Drago se organizó la reunión. “No sabés lo que fue, la hicimos acá en el patio de la maestra. Éramos 35 ‘chicos’. Los de la Colón hicieron el asado y nosotros nos ocupamos del resto”. “Fue como si nos conociéramos de toda la vida; y la que convocaba era la maestra”, agrega.

 

LA BUENA COSECHA

 

Como se ve, la figura de María Isabel sigue convocando varias décadas después de haberse separado de sus alumnos y alumnas. “Soy abuelo y bisabuelo, y a ella la considero la tatarabuela de mi bisnieto”, asegura Mario. “Porque hace 60 años que salimos de la escuela y nosotros, que éramos chicos del barrio Sargento Cabral y Villa Dora, nos juntábamos en ese lugar. Para nosotros es un privilegio tener a la primera señorita de la primaria”.

 

La maestra acepta los elogios y se emociona. Pero aclara que no se trata sólo de sembrar porque muchos docentes lo hacen. “En este caso la semilla cayó en tierra fértil porque compartir los afectos con ellos como lo comparto con mis nietos es un regalo de Dios. Mucha gente siembra pero a veces no hay tierra fértil, no fructifica la cosecha, y en mi caso, tanto en la escuela Colón como en la Drago me encontré con personas maravillosas”.

 

“Si, señorita -apunta Mario, como si estuviera debatiendo en el aula- pero tenga en cuenta que pasó bastante agua debajo del puente. ¿Cómo puede ser que después de 60 años sigamos con nuestra maestra, que hacía una ‘asociación ilícita’ con nuestra madre para tenernos en vereda? Era la época en que la madre iba a la escuela porque la llamaba la señorita… y agarrate”.

 

“La maestra tenía la palabra justa”, acota Olga. Y para esa palabra nunca necesitó levantar la voz, por un tema de salud -como se verá-, pero también por propia decisión. “Nunca en mi vida supe lo que es poner una amonestación. Siempre hablé con mis alumnos y cuando tenían problemas entre ellos les decía: ‘a la salida vamos a conversar’”, aporta María Isabel.

 

La tarea docente no se limitaba al turno mañana en la primaria. De tarde y de noche daba clases en técnicas como la Alem y la Echeverría. “Ahí también formé grupos humanos, y eso que los chicos que llegan a las técnicas no son tan chicos, y sin embargo se adaptaron”. La maestra se jubiló en el año 1979 y siguió ejerciendo como maestra particular. “Fueron muchos años en los que formé nuevas amistades porque venía un alumno, luego el hermano, el hijo y los chicos de los alrededores”.

 

PURO EMPEÑO

 

La maestra eligió su profesión desde chica y en ese camino no hubo dudas ni arrepentimientos. “Mi única angustia fue cuando llegué a 4° año porque en aquella época se hacía un estudio general de quienes estudiábamos para docentes y cuando llegó la parte de la voz. el médico me dijo: ‘Usted no va a aguantar’. Y yo le decía que iba a hacer estudios”. “Entonces, fui a una profesora de educación vocal porque tengo poca capacidad torácica, me cuesta mucho sostener mi espirometría, y tengo que mantener la voz a un volumen bajo. Hice cursos para modular la voz y hasta el día de hoy, cuando hablo mucho, me pongo un poco ronca”.

 

Los actos patrios, los desfiles en plena avenida General Paz, la fisonomía del barrio que concentraba en pocos metros todo aquello que interesaba a los niños y niñas de entonces: la escuela y su patio enorme que era “el sueño para cualquier recreo”, la librería, el cine y hasta una fábrica de caramelos, y la respuesta de los padres a los docentes -puestos casi en un pedestal-, atraviesan las anécdotas contadas en el comedor de la maestra.

 

María Isabel escucha los comentarios mientras bate el café, bienvenido para matizar la charla en la fría mañana. Y se ríe cuando Mario pide que revele el secreto para mantenerse así, alegre y vital. Ella insiste en que tuvo una gran suerte con los grupos humanos con los que comparte la vida y asegura que su agenda está llena de actividades que solo puede dejar de cumplir si alguno de sus nietos la reclama.

María Isabel Iglesia de Aletti (centro) junto con Mario Manibardo y Olga Ambrosioni, de la escuela Drago.

 

TRAYECTORIA

 

María Isabel Iglesia de Aletti comenzó su tarea docente en la Escuela N° 31 de Laguna Paiva donde ejerció entre 1951 y 1953. Ese año pasó a la Escuela Drago donde ejerció hasta 1962, y entre 1963 y 1979 dictó clases en la escuela N° 8 Cristóbal Colón, hasta su jubilación. Al mismo tiempo fue docente en la escuela Leandro Alem y en la técnica Echeverría, donde dictaba Matemáticas y Lengua.
Continúa activa como tesorera para la comisión de ex alumnos de la Escuela Normal Gral. San Martín.