Quiteño soy


Apostillas de la cobertura periodística de la III Cumbre Mundial de Hábitat, en Quito, Ecuador. El paso por una de las ciudades más antiguas del continente que conserva su patrimonio histórico. Y el quiteño, reconocido por su cultura y su educación.

Textos y fotos. Nicolás Loyarte (nloyarte@ellitoral.com) – Enviado especial a Quito.

-Disculpe, señora, ¿usted es de la delegación de Santa Fe?; mi compañero hizo el arqueo de caja y le sobraron 20 dólares. Aquí tiene su dinero, él me pidió que le ofrezca sus disculpas.

Así fue la respuesta brindada a una concejal santafesina tras un malentendido ocurrido al momento de pagar los pasajes para realizar el city tour por la maravillosa ciudad de Quito, Ecuador. La anécdota sirve para retratar el respeto que tienen los quiteños, quienes gozan de tener uno de los más altos niveles educativos de Latinoamérica.

Este estatus se evidencia en la gran mayoría de los ciudadanos, sin distinción de nivel sociocultural, quienes poco a poco van reemplazando los resabios de sumisión heredado de pueblos originarios, que subyace en la respuesta “sí, mi señor”, para dar lugar al respeto hacia el otro. “Demuestre su cultura, no arroje basura en los inodoros”, decía un cartel -palabras más, palabras menos- en un baño público ubicado en una plaza de la ciudad. Y estaba limpio, al igual que las calles, sin papelitos ni basura.

Habitat3
Del 16 al 20 de octubre pasado viví en Quito. La excusa fue una cobertura periodística de la III Cumbre Mundial de Hábitat (Habitat3), que congregó a unas 45 mil personas de todo el mundo en el predio El Ejido, un espacio similar al Parque Independencia de Rosario, donde funciona la Casa de la Cultura, lugar en el que se desarrolló la cumbre. Además, hubo en Quito numerosos eventos paralelos y una contra-cumbre, organizada por movimientos sociales, ONGs y académicos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Con motivo de estos eventos, la ciudad se pobló de gente de distintas etnias que pululó por las antiguas callejuelas de una de las ciudades más antiguas del continente, con más de 2 millones de habitantes, construida en un valle montañoso a unos 2.800 metros de altura sobre el nivel del mar.

Esta inyección de gente evidenció uno de los mayores problemas que sufren las ciudades del mundo, el que fue uno de los ejes de la cumbre: la movilidad urbana. Pese al moderno y eficiente servicio de metrobúses quiteño, con relucientes garitas y coches nuevos, el tránsito colapsó en los horarios pico, sobre todo en el casco histórico, que es inmenso y está plagado de pintorescos edificios antiguos -que son Patrimonio de la Humanidad- sobre calles angostas.

Para recibir a los visitantes, además de un gigantesco operativo de seguridad y servicios, se montaron espectáculos gratuitos con juegos de luces en todas las plazas y proyecciones de mapping (animaciones musicalizadas sobre superficies reales con un efecto artístico) en las imponentes iglesias de la ciudad.

Conectados al wifi público “quitoteconecta”, las fotografías y videos se disparaban a los cuatro vientos y así se viralizaron por el globo miles de retratos urbanos en tiempo real sobre lo que ocurría en Quito.

Millonario fue el movimiento económico que dejaron los asistentes a la cumbre, que invadieron cada noche los bares del paseo La Ronda y restaurantes del Quito moderno, para disfrutar las delicias ecuatorianas, en su mayoría a base de variedades de arroz y jugos de frutas para nosotros exóticas, como la horchata lojana, preparada con flores y hierbas aromáticas, o el canelazo (canela con aguardiente).

Fue notable escuchar a inspectores municipales, vendedores ambulantes y otros trabajadores en un diálogo fluido en inglés con los visitantes de todo el planeta. Pese a la austeridad de vida de muchos lugareños, es difícil encontrar indigentes en las calles. Tal como ocurre en nuestro país con el kirchnerismo, la sociedad se divide entre los correistas y sus detractores. Y muy a pesar de los primeros, casi todos coinciden en el advenimiento de un fin de ciclo.

La herencia será un país con altos niveles de acceso a derechos, cierta postergación en los márgenes de las ciudades, y una economía que sigue inmersa en la encrucijada de la dolarización de su moneda.

Balance
Pasó la “Cumbre de Quito”, el vértigo de una agenda con 150 conferencias diarias, que dejó al mundo una declaración que servirá como vector para las políticas a implementar por cada ciudad del globo en los próximos 20 años, en pos de hacer sustentable la vida: la Nueva Agenda Urbana.

Su aplicación será tan distinta como cada ciudad del mundo. Las grandes capitales, con la necesidad de mejorar sus servicios, y las zonas castigadas como Haití, o en menor escala Santa Fe y su propósito de resiliencia, con los programas de reconstrucción, y el derecho a la ciudad, entre otros tópicos.

La delegación encabezada por el intendente Corral y los concejales de distinto color político santafesino trajo una misión para el desarrollo de nuestra ciudad. Ahora el desafío será adecuar y llevar adelante las políticas de la Nueva Agenda Urbana en hábitat, planificación, infraestructura y servicios, salud, educación, cultura y movilidad, entre otros.

Queda en la retina de este cronista un paisaje maravilloso, el haber asistido a un evento crucial para la humanidad, el aprendizaje de la amabilidad del quiteño, la invalorable experiencia profesional y, en buena hora, dejar atrás los desayunos con huevo revuelto y naranjilla para recuperar el mate amargo.

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